Archive for November 6th, 2004

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Tengo que dar las gracias a quien me atendió en la…

November 6, 2004

Tengo que dar las gracias a quien me atendió en la fonda ayer. Mi corazón se hubiera roto por completo si no me hubiera guardado ese último plato de albóndigas.

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Yo también quisiera ser a prueba de balas.

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Mis pechos como botellas vacías.

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Apaguen la Navidad un rato más, todavía no supero esas lunas de octubre.

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Historias de zapatos.

November 6, 2004

Nunca me siento a gusto calzando zapatos y eso que no tengo el pie plano ni el arco pronunciado ni las patas chuecas ni el pie de tamal.

En cambio, con tenis me siento sobrada. Mis piernas recuerdan libertad y se ponen a correr. Hay que detenerme, amarrarme a la pausa del caminar con un propósito. Tenemos tiempo, cuál es la prisa. La prisa no es mía, es que hoy me puse tenis.

Sin ellos soy un bastión de la prudencia, un ser humano digno de sentarse frente a un comedor de caoba. Pero ¿quién quiere dejar media vida frente a un pedazo de madera?

Confieso que cuando subo las escaleras los hago rechinar. No hay nada más molesto que un caminar chillón, pero no me importa. Yo estoy corriendo porque traigo tenis, aunque la gente solo me vea caminar.

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Viciosos, rejoice

November 6, 2004

Servimos a una mejor obra, nosotros. Ubicados entre las tribus parasitarias y aquél dios mineral de Cuesta, los viciosos pertenecemos a esa raza dadora de forma.

Sin nuestros excesos no se conocerían los límites de la capacidad humana para la humillación. Somos el pretexto del suelo para existir. Le damos empleo a los recintos de purga. Puteros, cantinas, manicomios, almacenes de autoservicio, baños públicos.

Estamos

enamorados

de nuestro

abismo.

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+ historias de zapatos

November 6, 2004

Un día me puse tacones de aguja y me ligué a un tipo muy rico, con el que fui a remar a Chapultepec. Era un rico con gustos peculiares, pero rico al fin y al cabo, y yo sabía que estaba enamorado de mis pies.

Traes un arma allí, me dijo cuando me vió por primera vez. Jamás se habría fijado en mí sin esas agujas y para fomentar su fetichismo posé delicadamente mis tacones sobre la espalda de un escarabajo gordo que reventó como un barro infectado.

Me molestan los bichos, se te suben, le dije. No me dejó de ver los pies hasta que nos fuimos a un hotel y lo monté con todo y zapatos.

Después tuvo la desdicha de verme en tenis.

Lo extraño.

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Cuernos

November 6, 2004

Me acabo de enterar que el último tipo con el que anduve varios años me puso el cuerno un buen rato con una chava argentina. ¿Alguien conoce un buen método para evitar la sensación de perro cojo?