
Sebácea guadalupana
December 13, 2004Los perros son los que más sufren en diciembre. Luces artificiales tronadoras, ambulancias, tráfico y olvido. Las familias se concentran en este frenesí mafaldesco: estamos tomando vacaciones para descansar de los preparativos de nuestras últimas vacaciones. El perro no entiende por qué lo dejan solo, por qué los horarios de comida se tornan inestables. El perro quiere poner el arbolito, quiere participar, ayudar en la cocina, ir de compras a Liverpool por la noche. Los dueños consideran que su cola peluda estorba y tira vajillas, por eso no lo llevan. Los dueños tienen una igualita, pero la esconden.
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No puedo esperar para ver The Incredibles. Todo este año gocé de una tarjetita (chayo) con la que un acompañante y yo entrábamos al Cinépolis de nuestra preferencia. Ví todos los churros que nunca podría pagar. Me sentí mal por los alemanes, que, ahora me entero, tienen que vestir de gala y juntar ahorros para ir al cine. Este diciembre se acaba el regalito.
La última película que quiero ver antes de que acabe este ciclo errático se llama Les Incredibles.
Si quieren venir conmigo están invitados.
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Ayer me pelée con uno de mis mejores amigos. Ya se me había olvidado lo que es regresar a tu casa con un leve sollozo y el corazón medio roto. Esta vez no estaba el sentimiento de pertenecia, ni el sexo, ni otra mujer, ni otro hombre, ni el dinero, ni el alcohol. Pelearse con un amigo es rarísimo.
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Tengo una tesis, una obra de teatro, un cortometraje , una protonovela, una depresión crónica y unos cincuenta libros que acechan mis sábanas cada noche… por eso he visitado al Taza menos seguido, pero cada vez me siento más dueña de este espacio, me ocupo menos de lo que pudieran pensar los demás y me dejo caer en él.
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Fuentes les pasó la estafeta. Yo me habría achicado o agrandado, según el caso, como para decir, no thank you. Pero la Relación Pública es la Relación Pública.
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“Quédate ahí, detrás de tu biombo; ya no te acosaré más; eres tan inofensivo y silencioso como cualquiera de estas viejas sillas; en pocas palabras nunca he sentido mayor intimidad que cuando sé que estás aquí”
Bartleby, Herman Melville.