
Conmemorativas
May 13, 2005Es decir, tú, el de enfrente, el de atrás de la pantalla, estás leyendo algo viejo. Si el pasado no te interesa y te piensas moderno como Rimbaud, deja de leer. Shu, shu.
Si sigues aquí seguro eres de los que te tardas en salir del baño porque te gusta oír el eco del agua dando vueltas con tu propia basura.
-Justo hace un año tomé la decisión de meterme a Sogem y no estás pa’ saberlo, pero me tuve que tragar dos o tres palabras.
Glup.
-En mayo de 2004 todavía no teníamos idea de cuándo saldría el chicharo Sifuentes de la cárcel. Te debes acordar, hacía un calor insoportable. Los pantalones de mezclilla se pegaban a las nalgas y los sillones de vinyl horneaban al paciente en las salas de espera. Acuérdate, acuérdate.
Esa noche soñé que iba a visitarlo al bote y nos reíamos como dementes en su celda. En mi sueño el reclusorio era una especie de mercado de Jamaica con vacas vivas amarradas de las patas, colgando del techo. El viento las movía apenas y me veían pasar, recuerdo, con sus ojitos negros. Pero yo me reía, porque Gerardo me hacía (y me hace) reír fácilmente.
Nunca voy a olvidarme de esa mañana que desperté con dolor de estómago, pero no de angustia, no señor: DE RISA.
La idea de que los humanos somos capaces de reír de noche me dejó atónita. Y precisamente para indagar sobre esa idea abrí una página electrónica. ¿No es raro? Puta, las razones que se busca uno para hacer las cosas.
Y bueno, también hace casi un año que ví por última vez (en esos términos, digo) al tipo de las cuchillas en las piernas.
No leasss. Ya.