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Entrevista con Nacho Vidal

June 9, 2005

Este hombre calcula que ha follado con 5 mil mujeres. Ha trabajado en 3 mil producciones porno en los últimos 10 años, pero ahora se retira porque está enamorado. Ya era hora, digo yo.

No voy a olvidar esta entrevista. A la segunda pregunta me acarició la mejilla y me preguntó mi signo zodiacal. “Uuuuuyyyy, ustedes si que saben hacer el sexo oral”. El muy igualado. Y yo no tuve más remedio que desearlo. 26 centímetros no tan escondidos en esos jeans, simpático, franco y con unos ojos de lobo, uno azul y otro verde.
La nota saldrá completa en el especial de sexo de Quo, aquí un adelantillo:

P: Con 26 centímetros, ¿crees que el tamaño importe?
R: Lo más importante es tener química, no importa el tamaño que tengas, si no hay química te puedes hacer el kamasutra entero y no hay nada. También para un actor porno es lo mismo. Hace años que tengo la oportunidad de escoger con quien trabajo, si no tengo química con la persona no trabajo porque no consigo tener una erección. No tomo pastillas o estimulantes.

P: ¿Te ha pasado que tienes que parar la producción porque no hay química?
R: Sí, claro. Con unas quince mujeres tal vez. (Ríe) Oye, ¿de 5 mil?

P: ¿Qué es lo que más te gusta del cuerpo de una mujer? Aquí fue donde me acarició muy lentamente la mejilla, el cabrón.
R: Lo que más disfrutas de una mujer es la cara. Siempre miro a la cara, los ojos, no miro el culo, no miro el pecho. El olor también es muy importante. Muchas veces me toca una mujer muy linda que huele muy raro y piensas “qué lástima”.

P: ¿Que le recomiendas a un chavo para que se le quite la pena con una mujer?
R: No hay nada que hacer, yo también me asusto con las mujeres. Cuando te gusta una mujer siempre tienes miedo a no gustarle. Pero ya cuando estás con ella, si sabes encontrar el punto G, búscalo e interésate por él. Lee libros, eso funciona…También puedes practicar un poquito el tantra, eso les flipa.

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Les comparto un reciente ejercicio literario. Saludos Aguilar-Zinseros.

June 9, 2005
Nos vamos juntos
To die by your side,
Well the pleasure, the privilege is mine.

“There’s a light that never goes out”, The Smiths

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Fue, por supuesto, un milagro. Hubiera sido tan fácil continuar tu caminata hasta llegar a las revistas y perderme de vista, pero algo, quizás el color de mi cabello, llamó tu atención.
Yo sumaba los vouchers del día, las notas eran amarillas y los números impresos dejaban manchas azules en mis manos. Trescientos, cuatrocientos papelitos diarios que en un descuido podían hacer una incisión de bisturí, una herida pequeña pero precisa.
Te acercaste al mostrador y me sonreíste. Yo ganaba por comisión. Te devolví la sonrisa en automático. Preguntaste por todos los perfumes y lociones de la vitrina. Precios, tamaños, presentaciones. “Chaparrita”, me llamaste, pero no me molestó. Y es que en verdad yo era pequeña.
Al salir, me di cuenta que estabas esperándome. No puedo decir que me sorprendió. Sabía, como sé ahora, que nunca íbamos dejarnos. Nunca.
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La vista de mi casa desde el asiento del copiloto. La primera noche en el hotel. Los días de espera en el mostrador. Los tequilas en el Tenampa, las cenas con mi hermana Crucita, el nuevo trabajo, la prueba de embarazo. Una, dos veces más.
3
Cuando llegamos al departamento de alquiler supe que no era necesario desempacar del todo. Tú eras un hombre exitoso. Dos años, pensaba, y nos mudaremos a una casa, a una verdadera casa, con patio y baños por todos lados. Los niños crecían poco, como esperándonos para crecer en un lugar más grande. Pienso pintar de blanco las paredes. Nada de papel tapiz que empobrece las estancias. Me imagino las camas gordas con un escaloncito para subir. Mosquitero en las ventanas, lavadora y secadora. Yo te acompañaré a tus viajes. Mi hombre, tan guapo.
4
Tuvimos suerte. Fue una ganga. Hacen falta arreglos, pero tenemos toda la vida, quien nos apura. Mientras llega mudanza conmino a Pedro a que se bañe. Cómo ha crecido, ya huele a hombrecito. Citlalli se aprendió las rutas de camión y acompaña a su hermana hasta la secundaria. Es un sol. No sé qué haría sin ella. En la empresa te han dado demasiadas responsabilidades. Ojalá pueda irme contigo a Veracruz. Me muero de ganas. Me gusta estar junto a ti porque siempre me dices que cosas lindas. ¿En serio crees que tengo las mejores tetas del mundo? Quiero que sea cierto, quiero que tú lo pienses. Pedro está saliendo con una niña flaca flaca. Me hace gracia que tenga gustos tan distintos a los de su padre. Recibí el dinero del giro y tu telegrama. Ya quiero que estés aquí para enseñarte los aguacates que cosechamos del árbol que plantaste. Son enormes aunque un poco duros. Los hicimos en guacamole.
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¿Por qué siempre hay que salir temprano a carretera? Desde que estoy contigo asocio los viajes con la madrugada. Voy atontada, escucho el motor del coche que, podría jurar, sufre de frío y sueño.
Dejé comida preparada para varios días, aunque sospecho que nadie va a comérsela. Entre semana, Citlalli se queda por las tarde en en casa de su novio, se van allá después de clases. Pedro come tacos en la calle y Nina, bueno, tal vez Nina coma mis calabazas.
No quiero ir a la casa de tu prima. Siempre me ha tratado mal. Sé que no es tu culpa, por eso me aguanto los embates de la Lola empecinada en saber si tenemos un papelito que nos avale el matrimonio. Veinte años juntos y todavía nos molestan por eso. Me parece ridículo.
Ojalá podamos zafarnos pronto y regresar a la casa. Si los niños están fuera podríamos hacer el amor.
6
Soñé que chocábamos contra un muro de contención. Era un camión de redilas amarillo que nos atajó por la derecha. Lo recuerdo porque sentí que sus llantas descomunales rozaban mis piernas. El volante casi dentro de tus costillas, el piso mojado y el silencio. Minutos, segundos, silencio. Silencio. Borbotones engendrados en el radiador. Humo. Silencio. Tu aliento vaga junto al mío, quieres irte. Silencio.
Cómplices de la calle, las sirenas aúllan.
7
Pongo atención a lo que dicen los médicos. Creen que pueden salvarme. Tengo un respirador que casi no me deja oír lo que dicen los niños. Vienen a todas horas, pero no puedo contestarles. Hoy me enteré que has muerto. Quiero decir adiós, pero algo me lo impide.
8
Estoy en un lugar húmedo y oscuro. Ya no tengo el respirador y puedo mover mi cuerpo libremente. Esto no es una cama pero la sensación de confort persiste. No hay nadie a mi lado, estoy sola. De vez en cuando escucho voces que vienen con el rozar del viento. Trato de recordar la tuya. Hoy he intentado pronunciar tu nombre, pero creo que olvidé cómo. ¿Sigo soñando?

9
Eso me temía yo también. No es tan malo, después de todo. De mi tumba a la tuya hay pocos metros de distancia. ¿Ves cómo te dije que debíamos comprar un mausoleo familiar? Pero no me hiciste caso. Ahora tendremos que pasarnos la eternidad separados. Lo que hicimos ayer me pareció muy romántico. Cantar es una manera de hablar, sólo que menos aleatoria.
Esta noche quisiera ir a verte. Voy a intentar levantarme y bajaré hasta ti. Yo tampoco sé si podré. Mi cuerpo descompuesto ya no me asusta como antes, pero sigo prefiriendo que no recen junto a mi. Sus voces me hacen cosquillas. Nunca me gustaron las cosquillas.

10
¿Qué alcanzas a ver desde allá? Por aquí da el sol todo el día. El pasto se calienta que es un infierno. Junto a mí hay muchas personas enterradas. No siempre distingo quién está hablando. Dicen que debajo de nuestras tumbas hay otros cuerpos, de cementerios olvidados hace muchos siglos. Tampoco ellos se pueden levantar.
Hemos estado aquí lo suficiente para saber que este periodo —contrario a lo que creíamos— no es infinito. Todo parece indicar que de aquí vamos a otro lado. No sé cuando dejarás de contestarme, cuándo se apagará la luz que veo danzar desde mi aposento y que me señala la dirección del tuyo. Nunca sentí tanto miedo.