
Santoy
March 9, 2006Es más fácil creerle a un asesino en el cine que en una nota de periódico. Siempre que los entrevistan me parece que hay algo burdo en sus motivos. No se ven particularmente infelices: sus neurosis son iguales a las mías. Lloran con Bambi, se masturban de vez en cuando, se caen del pesero, se fletan las colas del banco. Las cajeras del Wal-mart los tratan igual de mal, quieren un auto del año y sacarse la lotería.
La pregunta no es qué los convierte en asesinos, sino qué los hace diferentes a mí.
Allí está el tipo que hizo de su taxi una bola de boliche contra varios pequeños afuera de un kinder.
Allí está la mataviejitas que acabará por vender su historia a un guionista fracasado y regenteando los cigarros en prisión.
Allí esta el niño Santoy, que inaugura el asesino que privará en esta década: un chavillo clasemediero estudioso, blanco, guapetón y con futuro. El asesino del absurdo, el asesino aburrido, el cínico, una bestia solapada por la familia.
En cambio en una peli todo tiene sentido. Tus maestros de guión chingan hasta cansarse para que no se te ocurra escribir un personaje sin motivos: es un acomplejado, es feo (o gordo je), lo violaba su mamá, whatever. Tu personaje es un monstruo, pero tú escritor sabes por qué.
El cine no es realidad. El arte ordena el pinche caos que es la vida.
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Casi quiero agradecerle al anónimo por desatar todas sus respuestas. Les agradezco profundamente, ok, lo digo otra vez para que no suene hueco, profundamente, todas sus palabras.
Siempre es interesante saber qué nos indigna (de qué calaña somos, pues) y cómo respondemos a esa indignación. Ninguna de sus opiniones sobra. Los vuelvo a abrazar a todos.
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Otro agradecimiento, Mr. Anonimé: Tengo más de cinco años de no saber de una persona que sabe, ¿porque lo sabes verdad?, que la traigo en el alma a donde quiera que voy. Entra conmigo a las tiendas de libros, hojea los cómics que compro y cambia todas las palabras que digo por otras más graciosas.
A veces quisiera hablar con él, pero no puedo.
Tu comentario Mr. Anónimo lo trajo de regreso. De lejos, de lejos, pero de regreso.
Beso grande a esa persona.