
A ver, un ejercicio
July 14, 2006Ya hombe, este blog anda muy bajoneado, mejor nos quitamos la depresión post electoral, porque deprimidos no le servimos a nadie. A trabajar, que el mundo se va acabar.
***
Estoy escribiendo una obra de teatro y quiero compartir con ustedes una escena (se supone que es la segunda pero quién sabe cuando la termine en qué lugar quedará).
Si alguien sabe de tiatro o aunque no sepa nada de tiatro (como su servilleta), porfa comenten si le creyeron a mis personajes o no.
Ándenle, no sean malos coméntenle.
Bueno, aquí va.
—
Olga está en la banca de un parque. Se acerca un niño de 10 años con un Gameboy en las manos.
Niño.- ¿Estás llorando?
Olga.- ¡Qué te importa, escuincle metiche!
Niño.- ¡Ash, que infantil!
Olga.- No estoy llorando.
Niño.- ¿Por qué lloras?
Olga.- ¡Qué parte de no estoy llorando no entiendes, chingado!
Olga hace una pausa y empieza a sollozar.
Olga.- ¡No sé!
Niño.- Ya, ya, no estés triste.
El niño saca un kleenex de la bolsa de su pantalón y se lo ofrece. Olga lo toma y se seca las lágrimas.
Olga.- (sollozando) Mira… primero eres… niño… y luego eres… niño, no me vas a entender.
Niño.- Voy perdiendo, ¿quieres ver?
El niño se sienta junto a ella, sigue jugando, le muestra el videojuego. Olga se interesa.
Olga.- (todavía un poco triste) Está padre tu cosa ésta.
Niño.- ¿Verdá?
Olga se seca las lágrimas y ríe un poco al verlo jugar.
Olga.- Ay chaparro, ¡qué malo eres!
Niño.- ¿Sí, verdá? Yo no quería un Gameboy, pero mi mamá me lo compró a fuerzas.
Olga.- (suspira) Así son.
Niño.- Me cae bien mi mamá, pero luego es medio no sé cómo.
Olga.- ¿Medio cabrona?
Niño.- Si, medio así.
Olga.- ¿Dónde vives?
Niño.- No te puedo decir. Hay mucha inseguridad en esta ciudad.
Olga.- Ok, no me digas.
Niño.- Vivo aquí enfrente.
Olga.- Yo también.
Niño.- Si, ya te había visto. Tú eres la del carro rojo con un ‘choquesazo’ en la puerta ¿no?
Olga.- Cabrón chamaco.
Niño.- ¿Y tú eres señora o chava?
Olga.- Señorachava.
Niño.- Ahh, pues no te ves como señora. Más bien pareces como niña, pero grande.
Olga.- ¿En serio?
Niño.- Si, mi mamá diría que eres bien infantil.
Olga.- Tu mamá es bien perceptiva. La mía también diría eso.
Niño.- ¿Y de qué se murió?
Olga.- Yo no dije que se había muerto.
Niño.- Bueno pero ¿de qué se murió?
Olga.- Le dio Ébola y se murió…
Niño.- ¿A poco, sí?
Olga.- No se murió de nada, nomás se murió. Como todos los que se mueren.
Niño.- Ahh.
Olga.- ¿Cuántos años tienes?
Niño.- Diez… ¿La que vive contigo es tu mamá o qué?
Olga.- ¿No quedamos que mi mamá se murió?
Niño.- Pero tú dijiste que no se había muerto.
Olga.- Niño me estás cayendo muy mal.
Niño.- ¿Es tu mamá?
Olga.- No.
Niño.- ¿Entonces es tu novia?
Olga.- ¡No seas tarado, escuincle, qué preguntas!
Niño.- Ah, es tu hermana.
Olga.- Siii, es mi hermana.
Niño.- ¿Es buena onda?
Olga.- Algo así. Era buena onda antes… y luego ya no.
Niño.- A lo mejor tú eres la mala onda.
Olga.- Yo no soy mala onda.
Niño.- Si eres.
Olga.- No soy.
Niño.- ¡Qué sí!
Olga.- Sigue perdiendo en tu Gameboy niño, no estés jodiendo.
Niño.- Eres mala onda, como las niñas.
Olga.- ¡Largo de aquí!
Niño.- Ya me voy.
Olga.- ¡Pues ya!
El niño se levanta de la banca pero se queda de pie frente a Olga.
Niño.- Pero ya no llores ¿ok?
Olga.- Si hombre, ya no lloro… Yaaaa, pues, ya no lloro ¿ok?, ya.
Niño.- ¿De veras?
Olga.- ¡Chécame los ojos, ándale! Están secos.
El niño le toca la cara a Olga. Una pausa.
Niño.- Si ya no lloras. Bueno, adiós.
El niño se levanta y se echa a caminar mirando su Gameboy.
Olga.- Gracias.
Niño.- De nada.
