
Tengo un amigo que me da esperancita. Van dos veces que me hace creer que tal vez, sólo tal vez, arropados en este legajo de cobardes, hay tres o cuatro personas de 20 años que no se tragan todo el aceite de bacalao que les embuten en la tele.
Él habla de una generación alienada y a mí ya no me parece tan raro que “alienada” y “alineada” sean palabras tan similares.
Mi amigo es extraño, no se acuerda bien de Don Gato: él se crió con Bolek y Lolek.
Don Gato es el gandalla que todos quisimos ser, Lolek quería divertirse con su hermano.
