
La inefable
July 2, 2007Cada dos o tres años conozco a un compañero de juegos. Una partida de ajedrez telefónica o un frontón de palabras hacen nuestras tardes deliciosas durante un tiempo y luego, irremediablemente aparece una mujer, eventualmente su novia, que se cansa de esperarnos fuera de la cancha y de plano detiene el partido imaginario porque ‘oh dios’, no vaya a ser que yo le quite los calzones o no sé qué pitos a su viejo (como si de haber querido no lo hubiera hecho hace tanto).
Nunca se le ocurre tomar una raqueta y meterse a jugar. Nooooo. Tampoco se le ocurre proponer otro juego donde quepamos los tres o de plano entender que el otro jugará con ella toooodas las noches y que esta es una onda ocasional y necesaria para ellos no se aburran.
*Sigh*. Esta es la tercera vez que me pasa.
Por supuesto, uno no puede enojarse con la escuincla, porque generalmente es eso, una escuincla, cuyo único interés en la vida es ser ‘la mujer de’, pertenecer a (o más bien ser dueña de) un vínculo (el romántico) que supone, se compone de un perro y un dueño.
Uff.
¿Con quién entonces?
Con el amigo. Con él hay que encabronarse.
Porque aunque uno no preste nalga también tiene su corazoncito, su dignidadcita y su ganitas de no ser blanco de peladeces inmerecidas.
Como aquí es el único lugar donde no miento (ah, y en la terapia, pero este es gratis) tengo que decir que yo he hecho muchas estupideces presa de los celos. Por fortuna, mi idiotez es temporal y acabo pidiendo perdón casi de rodillas por tener tan poca imaginación. Y es que hay que tener poca imaginación y estar muy desocupada para ponerle tanta atención a una amiga de tu viejo. Total, el día que quiera se irá con cualquiera (o sin cualquiera) y no hay NADA que puedas hacer.
Una vez me leyeron la carta astral. La mujer me dijo clarito: “por tu vida pasarán personas muy importantes por periodos limitados que después de un rato se irán sin remedio. Aprende de ellas y déjalas ir”.
Sé lo que están pensando: “¿Tuviste que pagar para que te dijeran eso?” Bueno, yo no pagué, me la regalaron, pero carta astral o no astral, eso ocurre en todas las vidas. Eventualmente, todos tendremos que aprender a dejar ir. Más vale que se haga sin amargue de por medio.
There you go. All yours.