
Tlacotalpan
February 6, 2008Nunca había ido. Es bien bonito el pueblo, pues’n.
La bamba callejera de 15 minutos con jaraneros de 15 a 80 años estuvo bien. Todo es espontáneo, nadie en Tlacotalpan está jodiendo con que ‘deberíamos respetar nuestras tradiciones’. Más bien las viven y ya.
Les da orgullo zapatear, les da orgullo lanzar décimas.
(José Emilio Pacheco debe estar muy contento por el fenómeno de poesía viva en esa parte de Veracruz. En su ensayo Ovidio en el iPod, demuestra por qué a él se le admira de forma cotidiana, sin grandes altares. Se le admira como se admira a un tío fantástico, no al padre omnipresente y amenazador. Se le admira porque nunca se ha declarado muerto en vida).
En fin. Aquí algunas fotos de mi reciente estancia en Tlaco, un pueblo excepcional (y excepcionalmente borracho, como yo) a orillas del Papaloapan.
Los perros callejeros, mi nueva obsesión:
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La barra del “Lobo Hombo, bar ambulante”.
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El joven hippie, un día después de su lobohombada.
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La muchacha de la jarana mágica zapateando.
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no mames esa foto de la chica con la jarana me tiene babeando.
literally.
gracias.
Sí que está bonito.
Yo pasé en julio por esas tierras, a mediodía y con un puto calor que ni los pescaditos del río aguantaban. El dueño de una nevería del centro me enseñó una fotocopia del acta de nacimiento de Agustín Lara, porque yo estaba neceando de que el flaco realmente había nacido en mi pueblo (mi abuela tiene hartos testimonios de esa familia, el auditorio municipal se llama Joaquín M. Lara, que era el nombre del apá del tlacotalpense ilustre). En fin. Que a mí me encantó el pueblo, pero los 38 grados a la sombra me hicieron huir a Catemaco.