SEPTIEMBRE 2009
“El imaginario del Dr. Gilliam”
No me alcanzarán las líneas en la columna, pero intentaré apuntar algunas peculiaridades del brillante director que va por ahí volteando cuando alguien grita “Eh tú, te pareces a Terry Gilliam, el que no termina nada”. Hay algo tragicómico y heroico en sus fracasos, Gilliam se levanta todas las décadas de la ignominia, como si fuera un artista de barro que pretende entregar al menos un filme indispensable en historia de la cinematografía mundial: ensaya con la políticamente correcta The Fisher King (1991) para volarnos la cabeza desobediente con Twelve Monkeys (1995); luego saca un productito mediocre como The Brothers Grimm (2005) para tener con qué vivir en las ruinas psicológicas de Tideland (2005). Cada año que no podemos ver terminado su proyecto The man who killed Don Quixote se suma a la fermentación de su propia leyenda: el creador que lucha contra molinos, a veces no tan imaginarios. La gran máquina de dinero hollywoodense lo odia y con cierta razón: casi todo lo que cae en sus manos boquea como animal enfermo de grandilocuencia, obsesión por el detalle y mala estrella. Que si intenta filmar el guión de sus sueños, se le inunda el set de agua y demandas legales; que si J.K. Rowling lo quiere para dirigir una de sus Harry Potters, los productores le hacen el feo; que si alguien dice que es la mejor opción para llevar al cine la mega novela gráfica Watchmen, él mismo se aparta por motivos de ética. Gilliam mismo no es viable; tan solo un rey Midas al revés que se une a proyectos tan hermosos como difíciles de terminar. Bueno, hasta el pobre de Damon Albarn quiso hacer con él la película de Gorillaz, un proyecto que acabó en el usual pozo sin fondo. Pronto veremos en cartelera la última-última actuación de Heath Ledger en The Imaginarium of Dr. Parnassus, el colmo de la mala suerte de Gilliam que debió esperar a que Johnny Depp, Colin Farrell y Jude Law entraran al quite cuando el ahora legendario Joker se le suicidó a media producción. A juzgar por los avances de esta cinta, tal parece que no hemos esperado en vano; seguiremos queriendo tanto a Gilliam que vamos a poner veladoras para que el destino le perdone un poco el karma y lo deje terminar algo más seguido.
Ira Franco confiesa ser la única persona que no se salió de Tideland y que aún la defiende como ‘película incomprendida’ ante sus amigos cinéfilos.
AGOSTO 2009
Pelis virales o la eficacia del runrún
(A propósito ¿ya saben lo de District 9?)
Por Ira Franco
Como quien saca un pollo junto a un árbol, ahora se estila sacar la realidad alterna cuando viene la película. Al principio la idea era sorprender. ¡Uh-ah! ¿Es documental? ¿Ficción? ¡Dios mío, se los chupó la bruja de a de veras!, dijeron algunos inocentotes en 1999, cuando los productores de Blair Witch Proyect apelaron a la gratuidad de la red para lanzar el runrún. Luego vino ese lamentable desperdicio de dinero y tiempo llamado Snakes on a Plane con una bola de fans en MySpace y Cloverfield, un poquito menos lamentable, pero cuya gran cosa era omitir el título de la película en el tráiler y cambiarlo por la fecha de estreno. Jesús, qué creatividad. Desbordante, de verdad. Por fortuna, parece que algunos ya empiezan a aprender la valía de esta estrategia comercial y los productos finales empiezan a decepcionar un poco menos. La española (REC) lo hizo bastante bien: se mantuvo en su postura de falso noticiero en todas sus apariciones en la red, asumiendo un público inteligente que les seguiría el juego sin tragarse la mentira. Quizás por eso los de REC llevaron más lejos su estrategia publicitaria y tomaron dos muy buenas decisiones: escondieron al monstruo para darle chance al publico de saltar a gusto en la escena final; y tomaron responsabilidad de su discurso, dejando entrever que aparte de una entretenida película de horrorcito postadolescente insinuaban que todos los noticieros son falsos. Palomita para los españoles. Este mes vamos a experimentar en la misma tesitura viral la película District 9, producida en Sudáfrica por el nuevo flaco Peter Jackson y dirigida por Neill Blomkamp, quien al principio iba a hacer la adaptación a cine del videojuego Halo, pero el proyecto no prosperó. Fue entonces cuando Jackson hurgó en las obsesiones de Blomkamp y encontró una interesante historia de ciencia ficción con inmigrantes aliens forzados a formar un guetto en el mismo país donde la realidad (la de a devis-devis) testificó durante décadas la segregación racial del Apartheid. No puedo esperar para verla, sobre todo ahora que alguien entendió que el marketing viral sirve mejor si rebota en un producto relevante.
Ira Franco quisiera despertar en una mejor realidad alterna, pero por falta de estrategia de marketing tendrá que tragarse otro rato ésta en la que vive: sebosita, lenta y anticlimática.
JULIO 2009
Catarsis mutante o el whodunit filosofal
Por Ira Franco
Han pasado casi quince años desde que Álex de la Iglesia me cumplió una malsana fantasía aplastando a un cura católico con una gigantesca cruz de madera en la escena inicial de El día de la Bestia. Pocos momentos en una sala cinematográfica tan memorables: la risa casi se me atraganta con la culpa. Estaba por recomponerme cuando otro padrecito, el fantástico actor Álex Angulo, se internaba en un hoyo punketo para buscar mensajes del diablo en discos de Def Con Dos y AC/DC (acédecé, memorablemente castellanizado). Desde ese día en que compró mi alma cinematográfica, es difícil juzgar de chafa a De la Iglesia, aunque lleve casi una década sin realizar algo que se acerque ni de lejos a aquella forma de hacer cuentos para desadaptados —antes de El Día de la Bestia todos tendrían que ver la estupenda fábula ciberpunk Acción Mutante (1993)—. Luego vinieron cosas extrañísimas como Perdita Durango (1997), en uno de los papeles más estrambóticos y oscuros que se le haya visto a Javier Bardem; y El Crimen Ferpecto (2004), sinceramente olvidable a pesar de dos o tres momentos álgidos. Hoy Álex de la Iglesia ya no es ese realizador independiente que busca el humor negro para sacudir conciencias: hemos tenido que esperar más de una década para verlo madurar con la película próxima a estrenarse en México: Los Crímenes de Oxford (2008). Producida en Londres y el protagonizada por Elijah (Frodo Baggins) Wood y John Hurt (también conocido como Kane en Alien y John Merrick en El Hombre Elefante), el argumento está basado en la novela matemática-filosófica del argentino Guillermo Martínez. Además de estar construido como un clásico whodunit de misterio policíaco, esta película es quizás un forma del gran Álex de decirnos: “estudié filosofía en la universidad y todas estas películas anteriores, con mutantes del espacio y sacrificios fetales eran también una forma de llegar a la verdad”. No es cuestión de comprarle sus defectos como realizador o entrar en la medianía del nuevo Álex de la Iglesia (que ahora, quién lo diría, preside la Academia de Cine española), sino de darle una oportunidad a este creador sincero que precisamente por fallido y desigual podemos asegurar que sigue en plena búsqueda.
(Ira Franco cree que ni en sueños guajiros dejarían a un tipo tan irreverente y crítico de la iglesia católica presidir la Academia de Cine Mexicano: ni que fuéramos modernos, pus qué).
JUNIO 2009
Geeks de clóset
Por Ira Franco
Ahora que ya hay algunos famosos, ahora sí ya todo mundo acepta que fue geek. Ahora sí ya es muy cool decir que te gustó esa peli de serie B, Army of Darkness (Raimi, 1992); o que debajo de esos librotes muy serios de Vargas Llosa o de Eduardo Galeano en los 90 había un cómic escondido. Ese tufo geek del que te bañas hoy para dártelas de incomprendido, es una pequeña victoria mediática del director Sam Raimi —y de Guillermo del Toro, de Peter Jackson y otros gordos adorables que de pura chiripa no se quedaron detrás del mostrador de una tienda de cómics—. Sinceramente, las carreras de los geeks en el poder suelen ser irregulares, pero siempre queda algo extraordinariamente humano en ellos: la certeza de que siempre habrá un sector que los rechace por feos, por raros, por clavados, por sus gustos tontos o por su sentido del humor infantiloide, indulgente, de tripas salpicadas. Raimi ha dirigido las tres sagas de Spiderman con gran éxito comercial y está a punto de cobrar las verdaderas regalías de la fama: dedicarse a lo que realmente le gusta (y a lo que a nosotros, , nos gustó en primera instancia de él). El año que viene estrenará Drag me to Hell, coescrita con su amigo de la infancia Bruce Campbell (un actor que si no eres geek patito, tendrías que reconocer perfectamente) y yet-another entrega de The Evil Dead, ambas de regreso a lo que tanto extrañamos de Raimi, ese horror chistosón de manguerazo sangriento, hecho de pintura vegetal y mermelada de fresa. Un subgénero del que mamó muy tardía y estilizadamente Tarantino; al que Robert Rodríguez vive haciéndole guiños, pero que en Raimi parece un asunto de supervivencia. De herencia hungaro-ruso-judía-hiper-ortodoxa, Sam se allega de la teatralidad y la sierra eléctrica para hablar de la muerte en vida. Ash, el héroe creado por Raimi, busca un libro (el Necronomicon, encuadernado en piel humana y escrito con sangre), que borre la maldad del mundo. Con Raimi a cargo, también puede leerse como una alegórica búsqueda del último dios geek, una retorcida deidad con estupendo sentido del humor.
What?
By: Alberto Tovar on June 12, 2009
at 10:41 pm
Hola, Ira. Soy director de la revista La Mosca en la Pared, a punto de reencarnar en La Mosca en la Red, y me gustaría comentarte algo. Mi mail es hgmichel55@yahoo.com.mx y si me escribes ahí, podría reescribirte. ¿Vale?
Un abrazo.
By: Hugo García Michel on July 18, 2009
at 10:11 pm
Ya vi los Crímenes… y la neta no me gustó. Sin ritmo, con vueltas de tuerca forzadísimas, lo único que vale la pena, realmente, es Leonor Watling, y ni siquiera por su actuación. Pero sí, uno confía en su búsqueda continua. En el mood de El día…, pero con intenciones distintas, se encuentra Muertos de risa, que a mí se me sigue haciendo divertida.
Beso.
By: Édgar A. Mora on August 7, 2009
at 3:05 pm
Cómo será que voy al cine tres veces a la semana y no he visto ninguna de las que citas
By: Miriam Jerade on November 7, 2009
at 8:06 pm