La fé

Tuve tres presentimientos ese día. Sin ellos no hubiera salido por la cornisa y no habría matado a un gato por ganar el espacio. Tenía que encontrar una flor en la azotea de mi casa porque si no lo hacía mi casa se quemaría. Como todos mis amigos, yo también levanto mis plegarias a un Dios en el que no creo. Lo nuestro no es fé, es desconfianza. Esa mesita que se tiene en donde una vez hubo un gran trinchador. El cajón está lleno de papeles por cobrar. Algo queda del gran elefante de madera, algo que no sirve más que para recordarnos lo que hubo.

Prendo velas de vez en cuando. Una persona me dijo que la flama lanzaba recordatorios por ti. Como una grabadora incendiaria que prendes mientras no estás para que la casa o tus hijos no se den cuenta de que te has ido. Las velas que prendo, todas piden que se termine el sueño latente, que venga la realidad.

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