Sabotage

I Can’t Stand It I Know You Planned It

But I’m Gonna Set It Straight, This Watergate

I Can’t Stand Rocking When I’m In Here

Because Your Crystal Ball Ain’t So Crystal Clear…

Leí que un sacerdote católico argentino está vendiendo su autobiografía como pan caliente por incluir en ella detalles de sus romances con dos mujeres y una frustrada experiencia homosexual.

En la foto de Milenio Diario estaba el viejillo este, de más de 70 años, con sus manitas arrugadas y el júbilo en la mirada.

De inmediato pensé: a esa edad, ¿qué puede importarle si lo excomulgan, le dan una nalgada o simplemente no lo pelan?

Como el morbo humano no tiene límite, no me sorprende que el señorcito se hinche de lana por sus tardías confesiones, pero lo que al menos a mi me dió mucha risa, fue aquello que le dijo al periodista:

“El celibato obligatorio es contra natura”.

Me dio risa porque estaba pensando en mi propio celibato, autoimpuesto. De repente me salió un sombrerote como de obispo y una panza como de Vaticano.

Soy una dictadora sin bigote y lo peor, anti ecológica.

El “cura click”, como le dicen sus parroquianos en Córdoba, más viejo que todos mis diablos y en pleno ejercicio de autojustificada verdad, se aventó una frase que me djó aún más intrigada:

“El único pecado que Dios no perdona es el de la hipocresía”.

¿Eso está en la Biblia? ¿Dios se lo dejó saber en corto? ¿O se dió cuenta cuando un rayo le cayó a un hipócrita y comparte su experiencia porque en 70 y tantos años se ven muchas cosas?

No se crean, mi duda ontológica va más allá. Me pregunto si la hipocresía será para tanto. Recuerdo las veces que me han mentido, las ganas de matar o más bien de morir cuando oyes la cara de imbécil que no te has visto, pero bien que traes.

Hipócritas BURN IN HELL. Y yo voy con ustedes. ¿O ustedes conmigo?

Mis alcohólicos

Ayer visité a una amiga todavía esposa de un ex amigo alcohólico que se está muriendo. Ex amigo porque luego de chuparse dos albercas se le olvidó quién era y de paso hizo que se nos olvidara a todos sus amigos. La culpa me llaga al decirlo, pero no se puede ser cuate de quien te acusa, del que miente, del que te manipula, del que no puede y/o no quiere vivir. Yo lo sigo queriendo mucho, pero dejé de ser su amiga hace mucho tiempo.

La cosa está así: él sigue bebiendo y me sigue enseñando, todos los días, que hay cosas mucho peores que la muerte.

En la vida de casi todos hay alguien así. Estuve enamorada mucho tiempo de otro alcohólico. Suena a cliché, y es un cliché porque es más viejo que el agua tibia, pero esta perra enfermedad es una puta bomba de tiempo. Nunca he conocido un alcohólico, ni un drogadicto, ni un buen escritor que no sea soberbio. Este era todo junto.

Es un síntoma que también me ataca. Ahora me pregunto si no estaba yo enamorada de mi propia soberbia. Yo también soy una rata de vez en cuando.

Los que dejé ir

Híjole no pude evitarlo. Cuando llegué a mi casa tuve uno de esos viajes reincidentes como de heroína. Como cuando te pega por fin un hot cake de mota, que ni en cuenta y de repente ah jijo, ya estás en el quinto piso. Me acordé de mis ex novios. De dos, sobre todo. Es normal, creo. Uno de ellos está a punto de tener un hijo. Anduvimos los nada despreciables cinco años, así que, por lo menos una buena parte de su personalidad, sé de qué está hecha. No me cabe la menor duda de que será el padre más amoroso y juguetón. Como el que me tocó a mi. El “hubiera” me rondó toda la noche, que pertenece a los dioses de las oportunidades pasadas. Todo esto del celibato y del nuevo comienzo y de los comienzos que ya terminaron para volverse polvito para volverse borlitas del ombligo. Y uno juega y juega con sus memorias como si se tratara de interminables solitarios o de quadriláteros portátiles de plástico con luchadores de piernitas pegadas por la rebaba.

Tuve que soñar, por supuesto, con un par de huevos (de gallina) que me encontraba en mi buró. Ah, pensaba, ya tengo qué desayunar mañana. ¡Alguien explíqueme por favor por qué tengo que ser tan esquemática!

All I’m saying,

pretty baby,

La la love you…

Los Pumas

Cómo no te voy a querer…

Ayer me invitaron al partido. Un super carnal que, por esos azares del pan con miel, también me invitó a un concierto de Pearl Jam. A mi me pasan esas cosas, de pronto tengo tanta pinche suerte que hasta mal me caigo.

Estaba como por la séptima fila, disfrutando de mis chelas, en el interesante debate de si el juego estaba arreglado o no, de si los intereses económicos de los Vergaras, Slims, Televisas habían corrompido el “juego del hombre”, cuando me interrumpió el “rebeld” que todos llevamos dentro.

Goya, Goya…

Pinches Chivas, aburren…

Y el abrazo lacrimógeno que me dedicó la chava que estaba al lado mío cuando Medina falló el último penal, por poco y termina con mi fama de incorruptible sentimental.

Se agolpó en mi pecho, ni modo, esa tonta sensación de júbilo prestada y prepagada. Qué pena chingá, canté con muchísimo gusto (tengo un rival más débil que le va al Guadalajara) la vengativa canción de “¿dónde están, dónde están, las pinches chivas que nos iban a ganar?”

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