Elena Garro

Casada con un pusilánime. Destinada al olvido y la perdición en aquel mundo de acomodarse los güevos y dejarse el bigote.
Octavio Paz, toda una nena, chingá. ¿Cómo te atreves, hijo plenipotenciario de un burócrata de la Revolución a reprender a tu estupenda güera-esposa-menor-de-edad porque tiene gustos burgueses?
¿Cómo te atreves a guardar prudencia frente a las brigadas internacionales arrasadas como mosquitos, la lucha fratricida, la esquizofrenia fascista, el avance stalinista, el robo del oro (robado a su vez de América) perpetrado por alemanes que probaban sus esbeltos aviones junkers sin los que Franco no habría podido ganar la guerra?
¿Sabías que ibas a ganar un Nobel? ¿Te imaginabas tu destino de vaca, qué digo vaca, tótem sagrado, dador de leche y luz para los que bautizaste con tan barata lucidez “hijos de la chingada”? ¿Era tan difícil ser de una pieza, cabrón?
Garro tuvo mucha razón cuando prefirió a sus gatos. Ninguno de ellos la hizo vivir un exilio cagado de frío en Paris. Ninguno hubiera dejado que la escritora inaugural del ahora tan sobado y menospreciado “realismo mágico” se fuera de este mundo en la miseria, agarrada de un triste tanque verde de oxígeno, caridad de Conaculta.
Lo chistoso es que murieron casi al mismo tiempo. Algo tendrían que arreglar en el afterlife.
Y no es feminismo, nomás me encabroné.

One thought on “Elena Garro

  1. Nomás pa’ hacerte encabronar más, la definición de mujer en El diccionario del diablo de Bierce:

    Mujer, s. Animal que suele vivir en la vecindad del Hombre y que tiene una rudimentaria aptitud para la domesticación. Algunos de los zoólogos más viejos le atribuyen cierta docilidad vestigial adquirida en una antigua época de reclusión, pero los naturalistas del postfeminismo, que no saben nada de esa reclusión, niegan semejante virtud y declaran que la mujer no ha cambiado desde el principio de los tiempos. La especie es la más ampliamente distribuida de todas las bestias de presa; infesta todas las partes habitables del globo, desde las dulces montañas de Groenlandia hasta las virtuosas playas de la India. El nombre que se le da popularmente (mujer-lobo) es incorrecto, porque pertenece a la especie de los gatos. La mujer es flexible y grácil en sus movimientos, especialmente la variedad norteamericana (Felis pugnans), es omnívora, y puede enseñársele a callar.

    Y una joyita de Ibargüengoitia:

    “A las mujeres no hay que entenderlas, hay que prohibirlas”.

    Besitos misóginos…

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