La burra no era, aprendió

ESTE POST ESTÁ DEDICADO A LOS DIBUJANTES, PINTORES, DISEÑADORES Y MONEROS.

El domingo le enseñé un juego de azar a una niña de 4 años. Sus manillas regordetas eran vírgenes de cartas y dados, pero sobre todo del júbilo de aventajar. Su primera intención, una vez aprendido el objetivo del juego, fue acomodar los dados para que resultaran a su conveniencia. Apenas podía sostenerlos en su mano, pero antes de lanzarlos intentaba darles vuelta. Si de lo que se trataba era de ganar, estaba claro lo que había que hacer. ¿O no? Me sentí responsable de explicarle que si no seguía “las reglas del juego”, éste se tornaba aburrido.

“Pero yo quiero ganar”, me dijo. “Lo padre es jugar. Hay que dejarlos caer, a ver cómo salen, ese es el chiste”, contesté. Ajá. ¿Ese es el chiste? Puta madre. Hice gala de mi rebuscado choro para justificarme. Ella tiene que entender el sentido de justicia, aprender a perder, saludar al azar como parte de cualquier cosa que haga, etc.

Pero luego empezó mi suplicio: la nena empezó a explicarle el mismo choro TAL CUAL a su hermanito de 3 años. La oí hablar y casi me escupo.

“¿Verdad el que no sigue las reglas no puede jugar?”

Trágame, por favor, trágame tierra y no permitas que yo le enseñe mentiras a un niño.

Opté por ponerme a dibujar. “Aquí no importan las reglas”, suspiré.

Desde mis ojos insomnes mi muerte me está acechan…

Desde mis ojos insomnes

mi muerte me está acechando,

me acecha, si, me enamora

con su ojo lánguido.

¡Anda, putilla del rubor helado,

anda, vámonos al diablo!

de Muerte sin Fin, José Gorostiza

Conviene, creo, hacer una pausa para admirar el paisaje del apocalipsis. Cuando todo termina (un plato de espaguetti, un amor, un curso), me detengo en una carretera y dejo pasar las nubes y los autos. El motor sigue prendido, los pies listos para acelerar, pero los ojos piden tiempo para acostumbrarse a esa nueva luz que ha perdido un matiz, una sombra.

Veo la muerte en todas sus formas y la abrazo. Se acaban las ganas, se acaba el aburrimiento, se descomponen los aparatos electrónicos, se vacía el refrigerador. Una botella no tiene más líquido, un amigo termina sin palabras. Los pasos de baile también terminan y las letras de una carta se precipitan a un abismo como el coyote de las caricaturas buscando su significado inicial.

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Punks de clóset, el blog de Gerardo, ya no es de clóset ni punk.

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Hay días que extraño escribir para El Taza. Tengo poco que añadir, sólo lo extraño.

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Sin dinero, navidad se escribe con minúsculas.

Hay un tipo que me encuentro con regularidad desde…

Hay un tipo que me encuentro con regularidad desde hace una década. Ayer, por ejemplo, nos vimos en la Cineteca y la semana pasada nos avistamos en la fugacidad del metro General Anaya.

Es un tipo de cabeza redonda y recuerdo bien que cuando nos conocimos llevaba el cabello hasta la cintura. He visto (no siempre con agrado) cómo cambia de estilo: rastas, a rape, de oficinista y otra vez largo. Cuando nos topamos, nuestras miradas incrédulas se confunden con el hastío y cada uno sigue su rumbo, pensando, yo al menos, cuándo y en qué condiciones ocurrirá nuestro siguiente choque. Ninguno de los dos sonríe francamente ni se atreve a saludar al otro.

Hace como cinco años fuimos a una fiesta. Cuando lo ví entrar por la puerta tuve el impulso de correr a saludarlo y de paso soltarme a llorar. Iba sola y transitaba por una ruptura sentimental. En ese momento me pareció un aviso sobrenatural encontrarle allí, una coincidencia que no podía ser ignorada por más tiempo.

Mientras esquivaba danzantes para ir a su encuentro, preparé un discurso en mi mente de lo más casual, segura poseedora de su complicidad.

Tuve que dar la media vuelta. Una chava regordeta que estaba junto a él le acercó la botella de cerveza al estómago, levantándole la camiseta negra de Metallica. Su reacción fue violenta y con el aspaviento de sus manos tiró la cerveza de la gordita. Todos a su alrededor aplaudieron.

Creo que fue con esa mujer con la que se cortó el pelo y dejó de frecuentar los mismos lugares porque durante algunos años nuestros encuentros se espaciaron considerablemente.

Ahora lo veo más seguido. Se volvió a dejar el pelo largo y esas canas que antes se veían graciosas por prematuras, han cambiado su referente. También engordó un poco y su cara se ve aún más redonda.

Todavía no le pregunto su nombre.

Siempre si

Dije que no tenía nada que decir pero luego la tarde me regresó las ganas. Seguro le pasó a Rulfo, pero él era mucho más disciplinado y mantuvo el silencio. También debe ocurrirle a Salinger. Eso de golpear hijas y maltratar secretarias supone una manifestación mucho más aburrida de la neurosis que la escritura. Por eso uno siempre regresa. La computadora como prostituta aburrida, recibiendo nuestros golpecitos inermes, apenas perversos.

El silencio supone un sacrificio. Gregarios como somos, locuaces, sabihondos, marrulleros, apantallabobos, todos tenemos algo de profetas y pensamos que sin nuestra sentencia, algo se pierde.

Hay que ver cuántos desos se necesitan para quedarse callado, sobre todo cuando Juan te llamas. Entre tantas formas de resistencia, no encuentro todavía la que me borre por completo la angustia de pertenecer. Como decía Pascal, la mayor tragedia del ser humano es no poder estar a solas.

Chale, ¿si fue Pascal? Suena Pascaloso.

Citas

Tengo muchas ganas de hablar pero muy poco que decir. Hoy voy a hacer que los muertos hablen por mí.

Mystery has its own mysteries, and there are gods above gods. We have ours, they have theirs. That is what’s known as infinity.

Jean Cocteau

Exclusively of the abstract sciences, the largest and worthiest portion of our knowledge consists of aphorisms: and the greatest and best of men is but an aphorism.

Samuel Taylor Coleridge

Youth, large, lusty, loving—Youth, full of grace, force, fascination.

Do you know that Old Age may come after you with equal grace, force,

fascination?

Walt Whitman

Reality is that which, when you stop believing in it, doesn’t go away.

Philip K. Dick

When we say that pleasure is the end, we do not mean the pleasure of the profligate or that which depends on physical enjoyment—as some think who do not understand our teachings, disagree with them, or give them an evil interpretation—but by pleasure we mean the state wherein the body is free from pain and the mind from anxiety.

Epicurus

We do NOT know the past in chronological sequence. It may be convenient to lay it out anesthetized on the table with dates pasted on here and there, but what we know we know by ripples and spirals eddying out from us and from our own time.

(el simpático) Ezra Pound

… the truth is hidden from us. Even if a mere piece of luck brings us straight to it, we shall have no grounded conviction of our success; there are so many similar objects, all claiming to be the real thing.

Lucian

And thus they sang their mysterious duo, sang of their nameless hope, their death-in-love, their union unending, lost forever in the embrace of night’s magic kingdom. O sweet night, everlasting night of love! Land of blessedness whose frontiers are infinite!

Thomas Mann

Do not the most moving moments of our lives find us all without words?

(para los que vieron a) Marcel Marceau

Y ésta, de un poeta por el que siento una devoción insana:

—tomorrow is our permanent address

edward estlin cummings (aka as el buen e.e.)

Asma

Heriberto Yepez habla de mi dolencia:

Las enfermedades equidistan entre la repugnancia y la fruición. Las enfermedades son estados pertinaces que siempre han levantado mi sospecha. Estoy convencido que las enfermedades no son solamente disfuncionamientos del cuerpo sino también diferentes tipos de performance, transformación y ocios. Las enfermedades son ideologías del cuerpo.

Vamos a jugar libro

Frente a un inmenso librero ajeno, es grande la tentación.

La alternativa para comunicarse con esos volúmenes es jugar “libro”.

Haces una pregunta, que bien podría ser… ésa, escoges tres números al azar, que designarán el estante, el libro a sacar y la página, respectivamente.

Digamos dos, diez y doce…

(tamborileo preparatorio)

Y ahí tenemos al buen André Breton que en su prólogo a La femme 100 tetes de Max Ernst escribió:

“Este camino al conocimiento, que tiende a sustituir el más imponente de los desiertos sin espejismos por el más sorprendente de los bosques vírgenes, no es -desgraciadamente- de esos caminos que permitan volver atrás”

Y ahí está la temida respuesta. Y ahí está el diálogo, el único tipo de diálogo que mi corazón aguanta hoy.

Gracias André pero, joder, ¿de dónde me conoces tanto?

Cometas

Guirnaldas y moscas apilan el cielo de un verde retrato, chasquido solar.

¡Ahí vamos volando cometas sin saber que eres tú el que por los aires se esfuma!

Aquél día me venció la risa de niña, mi lumbre voraz.

Fingimos desdén, volvimos a casa, guardé mi paloma de plástico, te ví morir.