+ historias de zapatos

Un día me puse tacones de aguja y me ligué a un tipo muy rico, con el que fui a remar a Chapultepec. Era un rico con gustos peculiares, pero rico al fin y al cabo, y yo sabía que estaba enamorado de mis pies.

Traes un arma allí, me dijo cuando me vió por primera vez. Jamás se habría fijado en mí sin esas agujas y para fomentar su fetichismo posé delicadamente mis tacones sobre la espalda de un escarabajo gordo que reventó como un barro infectado.

Me molestan los bichos, se te suben, le dije. No me dejó de ver los pies hasta que nos fuimos a un hotel y lo monté con todo y zapatos.

Después tuvo la desdicha de verme en tenis.

Lo extraño.

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