Vamos a jugar libro

Frente a un inmenso librero ajeno, es grande la tentación.

La alternativa para comunicarse con esos volúmenes es jugar “libro”.

Haces una pregunta, que bien podría ser… ésa, escoges tres números al azar, que designarán el estante, el libro a sacar y la página, respectivamente.

Digamos dos, diez y doce…

(tamborileo preparatorio)

Y ahí tenemos al buen André Breton que en su prólogo a La femme 100 tetes de Max Ernst escribió:

“Este camino al conocimiento, que tiende a sustituir el más imponente de los desiertos sin espejismos por el más sorprendente de los bosques vírgenes, no es -desgraciadamente- de esos caminos que permitan volver atrás”

Y ahí está la temida respuesta. Y ahí está el diálogo, el único tipo de diálogo que mi corazón aguanta hoy.

Gracias André pero, joder, ¿de dónde me conoces tanto?

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