Bartleby

“Preferiría no hacerlo“

Así resume el hastío humano el gran Herman Melville.

Bartleby es un amanuense, un copista judicial, una máquina pagada para reproducir documentos sin borrones ni equívocos.

La historia del copista que se rehusa a seguir copiando. Un escribiente, un escribidor, un escribano que se niega a escribir.

Rulfo, Melville y en cierta medida Onetti. Los que no están dispuestos a hacer lo que les dicen.

A fines de siglo XIX, Wall Street ya es una vorágine desquiciante. Los primeros dueños del mundo abonan la deshumanización bajo la lógica de trabajo de una moral protestante. La respuesta de Bartleby a esa acción repetitiva de diez horas diarias es apenas coherente: ‘Preferiría no hacerlo‘.

Pero en aquella oscura oficina con vista a una cisterna, no existe nadie preparado para escuchar la verdad. Están asustados porque una persona se rehusa a no tener opción.

Save me

Esta rolita de The Jesus and Mary Chain me hizo bailar. Pararme a bailar, pues.

SAVE ME

Unholy

I feel sick and unholy

My soul don’t want to know me

I’ve been living like dirt

Hey lover

I’ve been touched by another

I guess I’m blowing my cover

I guess I’m blowing my life

Oh save me

Nothing right for me lately

I was wrong but don’t hate me

I’ve been doing it for myself

(del álbum Stoned And Dethroned)

La letra no es especialmente festiva, pero es una cándida confesión del tiempo perdido a un ser amado, una disculpa por no perder el tiempo juntos, la carta de Ulises.

***

Mar abierto (Chris Kentis, 2003) me recordó la angustia que sentí de niña cuando Pinocho se deja embaucar por el director del circo. Ese tipo de terror es el único que me provoca malestar físico. Aprieto los dientes, me pego a mi acompañante y suplico in crescendo “no por favor“.

Todos lo demás (los muertos hambrientos de sesos, los niños macabros, los locos asesinos, los payasos de colmillos sangrantes, los autos poseídos e incluso los monstruos de ácido por saliva) son bienvenidos, incluso en una sala oscura.

La película esboza una crítica ligera a la sociedad gringa que en medio del mar y a punto de ser atacado por los tiburones tiene el nervio de pensar en una revancha económica.

“Let‘s see them trying to charge us for that“.



Sobra decir que la encontré recomendable.

***

El homenaje a Gabriel Zaid es justo y necesario. 70 años de vida, carajo. Todo un ñor. Y yo sin conocerte Gabriel. No se te ocurra desaparecer pronto, deja que yo te lea enterito en vida. Y por lo menos deja que yo vaya a tu homenaje con un libro y te vea y se me llenen los ojitos de respeto y te diga ‘para Ira, así con I‘ y me vaya a mi casa abrazándote.

*Me gusta pensar en la poesía no como en un suceso…

*Me gusta pensar en la poesía no como en un suceso que ocurre dentro del hombre y es inherente a él, a su naturaleza humana, sino más bien como en algo que tuviese una existencia propia en el mundo exterior.

De este modo la contemplo a mis anchas fuera de mí, como se mira mejor el cielo desde la falsa pero admirable hipótesis de que la tierra está suspendida en él, en medio de la alta noche. La verdad, para los ojos, está en el universo que gira en derredor. Para el poeta, la poesía existe por su sola virtud y está ahí, en todas partes, al alcance de todas las miradas que la quieran ver*

José Gorostiza

Historias de zapatos.

Nunca me siento a gusto calzando zapatos y eso que no tengo el pie plano ni el arco pronunciado ni las patas chuecas ni el pie de tamal.

En cambio, con tenis me siento sobrada. Mis piernas recuerdan libertad y se ponen a correr. Hay que detenerme, amarrarme a la pausa del caminar con un propósito. Tenemos tiempo, cuál es la prisa. La prisa no es mía, es que hoy me puse tenis.

Sin ellos soy un bastión de la prudencia, un ser humano digno de sentarse frente a un comedor de caoba. Pero ¿quién quiere dejar media vida frente a un pedazo de madera?

Confieso que cuando subo las escaleras los hago rechinar. No hay nada más molesto que un caminar chillón, pero no me importa. Yo estoy corriendo porque traigo tenis, aunque la gente solo me vea caminar.

Viciosos, rejoice

Servimos a una mejor obra, nosotros. Ubicados entre las tribus parasitarias y aquél dios mineral de Cuesta, los viciosos pertenecemos a esa raza dadora de forma.

Sin nuestros excesos no se conocerían los límites de la capacidad humana para la humillación. Somos el pretexto del suelo para existir. Le damos empleo a los recintos de purga. Puteros, cantinas, manicomios, almacenes de autoservicio, baños públicos.

Estamos

enamorados

de nuestro

abismo.

+ historias de zapatos

Un día me puse tacones de aguja y me ligué a un tipo muy rico, con el que fui a remar a Chapultepec. Era un rico con gustos peculiares, pero rico al fin y al cabo, y yo sabía que estaba enamorado de mis pies.

Traes un arma allí, me dijo cuando me vió por primera vez. Jamás se habría fijado en mí sin esas agujas y para fomentar su fetichismo posé delicadamente mis tacones sobre la espalda de un escarabajo gordo que reventó como un barro infectado.

Me molestan los bichos, se te suben, le dije. No me dejó de ver los pies hasta que nos fuimos a un hotel y lo monté con todo y zapatos.

Después tuvo la desdicha de verme en tenis.

Lo extraño.