Can’t decide

Muy emocionada punto Muy emocionada coma mucho coma mucho coma muchísimo punto Si no veo estas películas pronto voy a morir de antojo punto

Mirror Mask (escrita por mi Neil Gaiman dirigida por Dave Mckean)

o

Sin City (de Frank Miller y Robert Rodríguez)

Dios coma ya déjame verlas punto

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Pensando en Marcel Schwob

Con admiración y respeto a los tamaños, este es mi texto para ti, Marcel:

Empezó, como empieza la mayoría de las cosas importantes, con una canción.

Luego vino el verbo, que Dios pronunció de manera suave, como añadiendo letra a esta canción.

Se dividió entonces la luz de los cielos y la oscuridad de las aguas, todo a un ritmo vertiginoso, ya que en esos momentos sonaba una polka.

Renunciaron los anfibios acaminar resbalosos por la orilla de los lagos, hicieron su mejor esfuerzo las estrellas para brillar a un compás adecuado.

Las grandes bestias reinaron sobre la tierra y el jazz junto con ellas. El caos se hizo un flujo de vida salvaje; estruendo de trompetas y colmillos se clavaron sobre sus congéneres. Los ríos se tiñeron de rojo, pues llegaba a oídos de los peces un vals interminable de repetición esquizofrénica. La era se congeló. Los continentes se separaron al verter silencio en la piel de los hombres.

Los estrechos, únicos puentes entre las vastas aguas saladas, cerraron su paso, ahogando algunos gritos, precursores del canto de los negros.

Y Dios vio que esto era bueno, y dejó que la banda siguiera tocando.

Entonces el hombre trepó al caballo; desgranó el maíz; sumó sus pertenencias.

De nuevo los ríos se tornaron de color. Esta vez los peces huían de las sinfonías de Wagner mientras los cuerpos inertes caían al agua, como una peste de otro mundo.

Y Dios vio que esto era bueno, e hizo que sonaran los cañones deguerra, inmensas percusiones del espíritu humano.

Y llegó el día en que la tempestad se hizo polvo y el polvo trajo consigo una ocurrencia: la juventud. Entonces el mundo se dedicó a empezar de nuevo cada vez que un niño nacía. Todo a ritmo de rock. Y Dios se asustó y mató a John Lennon. Pero dejó nacer a Sid Vicious ya Jonnhy Rotten y dejó que ellos solitos se mataran.

Y Dios supo que esto era bueno.

Salió mi foto en Chilango de abril. Que vergüenza. Dice un amigo que es mejor que salir en la tele, pero esa relativa permanencia en las manos de cualquiera me asusta un poco. De cualquier forma quería compartirlo con los apreciados escuchas de El Taza y añadir un dato: en la foto no se alcanza a distinguir, pero estoy delante de un poster callejero de la malograda visita de los Beastie Boys.

Felicidades a Bef (aka Bernardo Fernández) por su premio en el concurso nacional de novela policíaca “Otra vuelta de tuerca”, convocado por Grupo Editorial Planeta y el gobierno del estado de Querétaro.

Trabajo, trabajo, trabajo. Merecido premio para el incansable Bef.

Señores, en cuanto llegue a las librerías, ésta hay que comprarla.

El martes 12 de abril se llevará a cabo la presentación del libro de Ernesto Murguía, uno de los cuentistas más interesantes que tengo la fortuna de conocer.

Es en la Casa Refugio Citlaltépetl (Citlaltépetl 25, Col. Hipódromo Condesa) a las 19:00 hrs.

Presentan Emmanuel Carballo, Javier García-Galiano y el autor.

Habrá vino de honor, cortesía de Osborne (aquella empresa que pone toros gigantes en los páramos a la orilla de las carreteras)

Ojalá puedan ir.

Algunos insólitos de la red:

“Peligros de viajar para someterse a una cirugía plástica barata”

“Controversia por la nueva línea sueca de bikinis para infantes”

“Luego de años de desórdenes alimenticios, Terri Schiavo muere de inanición”

Discusión

¿Las drogas son sinónimo de trasgresión? Es decir, ¿experimentar con sustancias químicas es un síntoma del dominio del individuo sobre la imposición de convenciones sociales amigas de la represión? ¿Necesariamente?

La estrategia del atascado para convencerme o “ponerme en evidencia” consiste generalmente en levantar una máxima: “el alcohol, el cigarro y el café también son estimulantes, también te hacen daño”.
Me parecería una estrategia medianamente razonable si al mismo tiempo pudiera enumerar todas las sustancias o todos los factores externos que me producen placer o me estimulan (y sólo hablo del estímulo físico comprobable): los cómics, los libros, las películas, los mangos, las tortillas, las salsas picantes, los perfumes, los hombres, la velocidad, los juegos de azar, los diccionarios, los conciertos, el olor a nuevo.

Pregunto si pasarme los semáforos en rojo también es un síntoma de mi actividad transgresora y apolítica, decididamente crítica del orden establecido y si esto me convierte en jalacables del creador. “En efecto, dice el atascadillo, si lo haces por sistema”.

¿Ehh? ¿Por sistema? Por sistema como, respiro, voy al baño, sonrío, sueño, duermo, me alegro.
Por sistema no me paso un puto semáforo ni me meto una raya de coca.
Si por sistema se refieren a esa manía de hacer las cosas pensando que hay una razón ulterior y asumen un adversario tipo muro contra el que se deben aventar muchas latas de mierda, entonces, no. No lo hago por sistema. Ni soy capaz de transgredir por sistema porque entonces se va al caño todo lo que tenía de trasgresión.

Y más que de las tripas que de ninguna otra parte, la cosa se pone aún más simple: me caga meterme drogas, me caga que los que se las meten tengan que justificarse con ese rollo barato de sentirse transgresores o peor, creativos. Me cagan.

Pero ese fue un paréntesis de pasión. Seguimos con la cabeza, que es la que siempre nos lleva a algún lado.

Veámoslo de una forma más práctica. Seamos por unos momentos parientes de Slim.

Si el departamento, el antro, el bar, la banqueta, el coche, la carretera, todos los lugares donde te metes drogas cuestan, ¿no es fútil usar tu tiempo para NO estar en dónde pagas para estar?

Ok, tampoco es mi idea usar la medida victoriana o cualquier otra para calibrar el alma de nadie. Cada quien usa su culo y su torrente sanguíneo para lo que le da la gana.

Lo que en serio no entiendo es porqué los que no usamos drogas tenemos que soplarnos su desprecio culterano, su descalificación, su inversa temeridad.

¿Porqué nadie ve el cinismo como lo que es, un síntoma de la impotencia?

Sin tráfico

¿Qué hacen en las playas? Filas enteras y olas llenas de envolturas para luego entablar conversación con puro chilango. Pobres aquellos que tienen niños y no tienen otro remedio. Pobres los aburridos porque no hay escapatoria de sí mismos. No importa qué tan lejos lleguen sus bonos vacacionales.

***

Fui a ver “El Maquinista”, una producción española estadounidense que pasó por las salas sin pena ni gloria. Me encantó. Quería ver Robots, pero emprendí la no tan graciosa huída cuando ví tanto chamaco desocupado. Ellos no tienen la culpa, son sus papás que no les tapan el hociquito ni les enseñan el respeto al disfrute del otro. Seguramente porque ellos, los padres, tampoco lo conocen.
Lo bueno de “El Maquinista” es que no te da chance de hablar. Es una de esas peliculas angustiantes y mala onda. La de junto a mí hasta dejó de comer palomitas. “Ay, que fea película”, decía, pero nunca se le ocurrió salirse. Algo hizo esta semana santa esa mujer. Aunque cuando le pregunten en el trabajo ella lo niegue.

Yo hice 15 minutos del Lumiere Reforma a las Águilas. Guau. Hasta ganas me dieron de dar vueltas por la ciudad. Me dio tiempo de pensar en lo flaco que se veía el protagonista, lo importante que es comer bien, la gran maquinaria que es el cuerpo pero sobre todo su indivisibilidad con la mente o con el alma o con las dos.
Pura pendejada, pues.

Pensé en este blog y en lo mucho que disfruto escribir en él. Pensé en los blogs que leo y la sobre entendida calma chicha que prevalecerá en ellos durante estos días de asueto. Pensé que si había algun momento para escribir cualquier cosa que se me viniera a la mente, era la semana santa. Así sin pensar esto resulta un ejercicio divertido y francamentes diarréico de escritura.

Me acordé de una amiga asidua lectora del Taza que asumió que la persona a la que extrañar extraño los recientes posts es un hombre al que ya olvidé.
Con mucho cariño le informé que no, que ése ya no pifa.
Me pregunto si el hombre al que verdaderamente extraño leerá este post y se imaginará que no es él, sino otro al que le dedico algunos pensamientos.
Como no pongo nombre, seguro lo lee, pero ni en cuenta.

La situación tendrá que permanecer de esta forma. Ni modo, my love. Si quieres enterarte tendrás que preguntarme directamente.

Más de una razón para encuerarse a medias:
-porque si Bono, el cantante de U2, le dedica una mediocre canción a su padre muerto y todos nos tenemos que enterar que era un hombre con “actitud”(como la mayoría pensamos que es nuestro padre o la figura masculina que nos haya tocado), yo tengo que pensar dos veces antes de cometer un acto de impudicia sentimental inservible y ridícula. Con Bono es más que suficiente.
-porque las rodillas de Miroslava eran para Buñuel mucho más eróticas que su cuerpo desnudo y yo creo que Buñuel tenía dos tres idea.

-porque conforme los días se tornan más calurosos, te extraño menos.

Remodelación

Me corté unos 15 cm. de cabello, saqué mis libros viejos, regalé algo de ropa, tiré algunas fotografías.
Estoy empezando a desistir de algunas necedades como esperar que me llames, intentar un “helicóptero” de break dance en el piso y tratar de no cumplir años.
Lo más lógico era darle su pintadita al Taza.

A petición del respetable

Pregunta Ernesto (cuyo acrónimo, EPR, podría ser el de un grupo guerrillero o un álbum de música new wave) cuáles son aquellos libros que han roto la delgada capa de hielo que cubre la desidia y la indolencia.
Demonios, quisiera ser más leída, quisiera ser más culta, pero nel. Soy bien baratita, mis libros se encuentran fácilmente en los estanquillos. Todo mundo los ha leído y todo mundo los entiende.
En fin, en un acto de strip tease literario, estos son algunos de los que, como digo yo, me “ponen”:

Bartleby, de Herman Melville
The Watchmen, de Alan Moore
Pedro Páramo, Juan Rulfo.
Las Batallas en el Desierto, de José Emilio Pacheco
Poesía completa, de Constantino Kavafis
Lolita, de Vladimir Nabokov
Cuando ya no importe, de Juan Carlos Onetti
Santuario, de William Faulkner
The invention of solitude, de Paul Auster
The catcher in the rye, de J.D. Salinger
Tales of Mystery and Imagination, de Edgar Allan Poe.
La Divina Comedia, de Dante Alighieri
El Gesticulador, de Rodolfo Usigli
Casa de Muñecas, de Henrik Ibsen
Tom Sawyer, de Mark Twain
Sandman (la serie completa, especialmente The Brief Lives), de Neil Gaiman
La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud
Hamlet, de Shakespeare
La máquina de follar, de Charles Bukowski
Mujeres, de Charles Bukowski
La poesía en práctica, de Gabriel Zaid
El aleph, de J.L. Borges
Soy Leyenda, de Richard Matheson
Cuentos completos, de Philip K. Dick
Rayuela, de Julio Cortázar
Ghost World, de Daniel Clowes
The Killing Joke, de Alan Moore y Brian Bolland
Al faro, de Virginia Woolf

Pu…tantos. Me faltan muchos, de esos me pude acordar por ahora.

Me encantan los clásicos, Esquilo, Aristófanes, Homero, Platón, Aristóteles, me gusta el nombre de Kierkegaard (Sôren, que chulada), me cae “de variedad” Nietzche pero me cagan sus fans, el joven Descartes es un deleite y tambien Pascal. Pero esos nunca se acaban de leer, así que no podría dar una opinión concreta.

Mmmh, qué raro, tengo leer más mujeres. Sólo quedó una en mi lista.

On ta Miller

Ayer recorrí unas seis librerías de viejo en busca de “La muerte de un viajante”, del recién fallecido Arthur Miller. Miler, miler, ¿en qué está?, me decían los libreros, en teatro decía yo, pero pensaba, y me sentía ridícula pensando: en el cielo, Miller está en el cielo. Me sentía boba porque nunca he leído a Miller y porque no creo en el cielo, pero sobre todo porque no estoy tan segura de que dios te acoja en su seno una vez que te has follado sin pudor a la Marilyn.
De cualquier forma, la obra se me escondió y en cambio se me reveló “Cómo leer en bicicleta” de Gabriel Zaid.¡Primera edición! Carajo, cómo había buscado ese libro. Lo quería suelto, no en antología, lo quería como se quiere un objeto de colección. ¿Cuánto cuesta? DIEZ pesos. No, por favor, este libro no cuesta diez pesos. Es decir, qué bueno porque no traigo más, pero, ¿en serio? Diez pesos, válgame.
Gabriel Zaid, uno de los escritores más brillantes nacidos en esta oh tierra del sooool, diez pinches pesos. Ni diez. Cuando llegué a la caja me cobraron nueve, víctima de un descuento sin anuncio.
Allí junto a Cómo leer en bicicleta estaba el segundo tomo de Moby Dick, dos o tres títulos de Sommerset Maughan, novelas de Stendhal Héctor Manjarrez y Carlos Montemayor. Estaban Galdós, Valera y Flaubert. Todos costaban diez menos uno.
“Cañitas” seguía vendiéndose como pan caliente en los puestos de la calle. Treinta pesotes.

Hoy escribo rodeada de libros viejos que me preguntan si los voy a vender.

¡Y me preguntas de dónde viene!

Son muchos años para estar enamorada de una sola persona.

Será la reciente lectura de Santuario de Faulkner, la desnudez de la maldad humana en esa novela.

Cómo se parece el amor a la maldad.

En sus formas puras son indecentes. No hay razones que valgan.

Con pasmosa serenidad, una banda de músicos con uniforme azul puede, como dice Faulkner “interpretar a Massenet, Scriabine y Berlioz, convirtiéndolos en una delgada capa de Tchaikovski torturado sobre una rebanada de pan correoso…”, mientras yo sueño contigo una y otra vez.

Sería capaz de quemar vivo a un violador y burlarme al mismo tiempo de su eyaculación precoz. Sería capaz de juzgar a una persona mientras caen las cenizas de lo que alguna vez fue una nariz, como he sido capaz de amarte por tanto tiempo, como lo haría, si no me detengo ahora, por tantos años más.

Algo en su manera de moverse, me atrae como ningún otro amante…

Y me preguntas de dónde crece mi amor, no lo sé, no lo sé
… dice George Harrison.