Hermanos

Qué raro escribir a cuatro manos y más aún si se trata del bodoque que te quitaba tus juguetes o te acusaba con tu mamá.
Ahí están los Hermanos Grimm (de quienes Terry Gilliam acaba de hacer una película), los Wachowski, Joel e Ethan Cohen, Javier y Toño Malpica, Bef y Gerardo Sifuentes y una larga e interesante lista. (¿por cierto, alguien recuerda otros?)
De acuerdo a mi experiencia, cualquier oficio creativo es por naturaleza solitario. Incluso el menos individual de los oficios, el del cineasta, requiere un chef y sólo uno que sepa exactamente a dónde se dirige el barco.
A la hora de escribir, me parece que hacen falta temperamentos en extremo sutiles para aportar sin imponer. Dos voluntades que moldean un tercer elemento sin aplastarse.

Aventuro una opinión: la fuerza de obras escritas por hermanos radica en el tejido mismo de su creación, realizada a base de esconder la mano cuando se tira la piedra.

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Yo, por ejemplo, tengo una hermana extrañísima.
Es una especie de inteligente a fuerza. Le molesta saber cosas, pero se las sabe igual. Me da tres vueltas en geografía e historia, y otras tres en física, química y matemáticas. También está perrísima en historia del arte y de México. Es de las que se saben los años y todo. Creo que se acuerda mucho porque me ayudaba a estudiar en la secu.
Cuando la gente me pregunta a qué se dedica mi hermana siempre espero una retahila de elogios de regreso. Es restauradora y trabaja en el museo de San Ildefonso, es encargada de obra.
-¡Qué interesante! Imagínate, se ha de topar con todos los artistas, ha de tener todas las piezas en sus manos.
-Mmh…ps sé.
Después llego a la casa y le platico y nos reímos juntas. A ella le caga su trabajo.

El otro día escribí una obra de teatro corta, un ejercicio para la escuela.
Eran dos personajes basados en nosotras, en nuestros juegos de palabras. Cuando lo leí en el taller de teatro, todo mundo me dijo que estaban muy bien, pero que a una mujer de casi cuarenta, restauradora, que trabajaba en un museo no le podían creer que rapeara.
Lo mejor, para la credibilidad de mi historia, era que no le adjudicara ningún gusto musical.

Qué raro, pensé. A mi hermana le encantan los Beastie Boys. Tiene cuarenta y es restauradora.

Pero ¿quién es ella para decirle lo que es creíble?