Género epistolar

Ricardo Piglia ensaya sobre el género epistolar de forma tan profunda en su novela Respiración Artificial que habla sin querer, desde su 1980, del blog. (¿O son figuraciones mías?)
“Escribir una carta es enviar un mensaje al futuro; hablar desde el presente con un destinatario que no está ahí, del que no se sabe cómo ha de estar (en qué animo, con quién) mientras le escribimos y, sobre todo, después: al leernos. La correspondencia es la forma utópica de la conversación porque anula el presente y hace del futuro el único lugar posible del diálogo.”

***

Misma novela, otras maravillas:

“Yo era un tipo disponible, en eso consistía la sensación fascinante de vivir en medio de la aventura. Podía levantarme en mitad de la noche o salir al atardecer, subir a un tren y bajarme en cualquier lado, entrar en un publo desconocido, pasar la noche en un hotel, cenar entre extraños, viajantes de comercio, asesinos, caminar por calles vacías, sin historia, un tipo anónimo, un extranjero que observa o se imagina las aventuras que desencadenan a su alrededor. Ésa era para mí, en aquel tiempo, la posibilidad fascinante de la aventura.
Ahora me doy cuenta de que, no bien los hijos de mamá se van de casa, la realidad se les convierte instantáneamente en una especie de representación figurada de lo que fue por ejemplo para Herman Melville dedicarse a cazar ballenas en el mar blanco. Los bares son nuestros barcos balleneros, lo que no deja de ser a la vez cómico y patético.”
…más adelante (y aquí el cabrón de Piglia se roba mis pensamientos):
lo que es ser un heredero, conozco lo que es ser un heredero. Las genealogías y las filiaciones se declinan sobre el cuerpo de la tierra”, dijo el senador, “y para un hijo la herencia es el futuro, es una lengua muerta cuyos verbos es necesario aprender a conjugar. Sobre esas conjugaciones territoriales”, dijo, “leguas y leguas de campo abierto que permanecen y duran más allá de los antepasados, sobre esa extensión mortal está erigida la memoria familiar. Esa otra memoria que me invade y me corroe en las noches blancas del insomnio. Porque yo”, dijo el senador, “debo una muerte. Yo debo una muerte: la mía. Soy un deudor, soy el deudor, soy el que está en deuda con la muerte. Conmigo, que envejezco sin fin, que envejezco aún, que soy viejo, que siempre he sido viejo…”

2 thoughts on “Género epistolar

  1. “…los bares son nuestros barcos balleneros, lo que no deja de ser a la vez cómico y patético.”
    De acuerdo, Ira, una maravilla que al menos en mi caso, me dibuja.

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