Tiempo de alacranes, 1a. parte

Sábado.

Que si puedo dejar mi agua allí, en el mostrador. Me pregunto si no le tomará ese poli de mi botella mientras me inclino sobre la mesa de novedades. Diez, quince por ciento de descuento perenne. La palabra pierde sentido cuando se pone dentro de una mica, tanto como si se labrara en piedra, pienso.
Un gordito me atiende. Me habla de “tú”. Menos mal, hoy no me vestí de ñora.
“Tiempos, verdá”. No, tiempos no, Tiempo. Ah, ha de ser nueva ¿ajá?. Si, Joaquín Mortiz, ganó un premio. ¿Ganó un premio? Y a éste gordito qué chingados le importa, chingá, te sale lo nerda. Bueno, igual las tienen en pilas de las que sacaron premios, las que no entraron a ningún concurso, las de los cuates de los editores, las recicladas, las que nadie quiere, de las que ya nadie se acuerda, etc.
“Mmh, no, todavía no sale” Ahí va mi necia. Si ya salió, oiga, no manche, si todo mundo la ha reseñado, todos mis cuates la tienen, yo soy la única indigente que no la había comprado, no se pase, que onda con esta tienda, ¿pus dónde estoy? Claro, el Parnaso, ok, ya entendí, si si, me voy.
“No, péreme, (¿no que de tú?) déjeme le llamo a nuestra sucursal hermana”. Ah chis, sucursal her… bueno. Ok.
En la caja hay unos separadores re feos. El único que me gusta tiene un gato y eso me caga de mí. Si ya tengo gatos vivos, cuál es la pinche necesidá de que me gusten las figuras de gatos. Peor. Mi colección de cerditos. He bajoneado a más de uno. Ya en mi cuarto, no importa si las sábanas son de algodón satinado verde olivo, preciosas, suavecitas y mi ropita interior chiquitita, que cosa…
“No. No tampoco lo tienen allá ¿eh? Quién sabe, yo creo que no ha salido. Igual se va a tardar, si gusta venir la próxima semana.”
Cállate necia. Cállate.

Miércoles 4 p.m.

Pero ¿dónde nos vemos? Pus en Gandhi. Nombre, estás loca. Está lejísimos de donde yo estoy. Si pero a mí me urge un libro. Te urge, ¿pa la escuela? Naaa. Nomás me urge. Chale Ira, eres bien rarita. Oooo. Pues en Gandhi a las 7. Ah qué mal me cae este tipo.

Miércoles 6 p.m.


Llego temprano. Primero las revistas.
Efectivamente, ya me ganaron el tema de música en DF por Travesías. O sea que Chilango se la peló. Claro que no es lo mismo, si estos escriben para los güeyes que me dicen rarita.
La Tempestad y sus especiales de foto. Todas se ven “artísticas”, todas en blanco y negro, todas igualitas.
Ok, a lo que te truje, un libro que acaba de salir, si si, ganó un premio, y me urge, me urge leerlo. Aquí enfrentito, mírelo nomás: Tiempo de alacranes tenía su propio mostrador de acrílico y estaba tan a la vista que “me hubiera picado”, como decía mi mamá cuando me mandaba a buscar las cosas y yo nunca encontraba nada.

Miércole 7:15 p.m.


¿Qué, encontraste tu libro? Si, y de puro gusto me compré otros dos. Ahí luego me los prestas.
Si ajá, bueno, toma esta madre que querías. Cuídate. Adiós. (O no te cuides, tampoco hace falta).

Miércoles 8:45 pm

Hoy cae lluvia negra. Te espero dentro del auto, en el estacionamiento. Ojalá no hubiera quedado de ir al cine contigo. Tengo tres libros nuevecitos y uno me urge. Ya le quité el celofán. Pinche Bef, todo lo que he leído de él, El Llanto de los Niños Muertos, Pulpo Cómics, hasta el libro que me regaló aquel día, todos se sienten lisitos. Me gusta tocar ese tipo de libros hasta que me da algo así como vértigo en las manos. Maldito, que buena portada. Bachan, sin duda. Bef debería hacer cine. Más que cualquier otra persona que yo conozca. Si Bef hiciera una película, lo más seguro es que inventara boletos especiales, con una ilustración poca madre y agradables al tacto.
Me late que no llegas para la función de las 9. No va a quedar de otra que ir a un cine comercial y tendré que negar mis dos veces de Batman y lo odiosa que me pareció La Guerra de los Mundos. Y todo por ir al cine. Pinches vicios.

Miércoles 9:00 pm.

Muevo mi carro para ver si estás agazapado en uno de los techitos cercanos. Nada. Ya no entramos a la de las 9. Joder, porqué nunca llegas temprano. El agua está arreciando. Parece que golpeara mi cabeza, en lugar del toldo. Salgo a buscarte, entre tanta agua ya no sé si eres tú el que está sentado junto a la maceta. Me quedo a medio camino. No, no eres tú. Ay ay, que madriza me pusieron las gotas. Lluvia negra y madreadora.
“Ay Milonga de amor”, canta Gotan Proyect.
A través de mi ventana se refleja la luz de un espectacular, ni tan espectacular, pienso siempre que los veo. El tono ambarino del foco es suficiente para reconocer las letras.

Necia, espérate. Dicen que si lees con esta luz te quedas ciega.
Nomás el principio, unos parrafitos y ya.
Mira ahí está el Bef en la foto con su sudadera blanca de Venezia. ¿Con z? Lo de atrás debe ser un estudio, está recargado en una silla de oficina. Debe ser reciente o el Bernardo tiene pacto como Dorian Grey.
Mi libro está goteando. Las pintitas que se le hacen a mi ventana se reflejan en la página que dice “A la memoria de Gabriel Tort Fernández”, fecha de nacimiento y defunción. ¿Quién será?
Otra página. Frenen, frenen todo. Paren las prensas. Abre con una cita. Yo dije que vería con recelo eso de abrir con citas. Y luego de Maïakovsky, por favor, por favor, que la cita no me eche a perder la imaginación.
Siguiente página. Primera caída. Quiero revisar, seguro son tres caídas. Esto de la lucha, bueno, no hay como escapar.
Todo está en cómo se use. Todo está en cómo se use.

Miércoles 9:04 pm
“Al frente la carretera serpenteaba…” Ay, la verdad mejor si no llegas. Esto de empezar un libro es como echar a andar un tren. Ya quiero llegar a mi casa.
“para recuperar de inmediato su forma de reptil perezoso. Comenzaba a amanecer…”
Perezoso sosoamanecer serpenteaba. Ssss. Este libro va sonar a eeesses. Hasta cosquillas me hizo en los dientes.
Va a tener efectos especiales. Primero las gotas de lluvia proyectadas en la página, como dulcecitos pegostéandose en mis dedos y la seguridad de que estoy siendo observada. Soy la protagonista de una película y los espectadores se compadecen. “Mira, pobre, espera al tipo a que llegue, pero él no va a llegar, y ella espera en la lluvia, haciendo como que lee”.
El Gotan, con su ritmo de tango como soundtrack y una voz off, el timbre muy parecido al de Bef, que sentencia:

“Me estaba haciendo viejo; en este trabajo no hay lugar para los rucos”.

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