Herencias

En otra era, mi casa estaba llena de jóvenes de voluntad punzante, con ganas de cambiar su pequeño mundito, que para ellos significaba estar pendientes de la sublevación de “el campesinado”, subsanar “el sufragio efectivo”, y ponerles en la madre a “los malditos pequeño burgueses”.
A las primeras de cambio, mis hermanos olvidaron a Engels en la casa materna y tuvieron excelsas bodas ritualísticas judeocristianas. Todos han firmado papelitos para validarse y todos tienen un auto, cocina integral y seguro de vida.
Lo bueno es toparse con sus joyitas literarias:
La resistencia indígena, Breve historia del movimiento obrero mexicano, Dos tácticas de las socialdemocracia.
Me intriga qué estarían pensando cuando leían estos libros. Imagino el sentimiento enardecido y la urgencia de “hacer algo” por una realidad que los rebasaba. Imagino también el instante en que todo dejó de ser urgente y abrió paso al cinismo que nos embota hoy.

“Ei, está cabrón pero está más cabrón hacer algo”.

To do or not to do.

De esas joyitas rescato El pequeño libro rojo de la escuela, un manual para púberes anárquicos, en dónde se les explica que los adultos son (somos… chale) tigres de papel:

“Inspiran miedo, pero no pueden devorar a nadie”.
En sus páginas desgastadas, olorosas a humedad –donde encontré un par de viejos boletos del Sistema de Transporte Colectivo Metro, ¿alguien se acuerda de cuando todavía eran ROSAS?– se pueden leer subtítulos de este calibre:
También los maestros son perros con correa”
“¿Qué significa “estar en onda?”
“Hacer trampa o cooperar”
“Resulta difícil influir sobre alguien que tiene miedo”
“Sé tú mismo”
“¿Qué es la cruda?”
Y otro más ( my personal favourite):

“Otras actividades durante las horas de recreo“, donde se sugiere que la escuela secundaria cuente con un vestíbulo con “música rock” para bailar, jugar náipes o besuquearse.

3 thoughts on “Herencias

  1. Q buenos joyones esos bolets rositas del trome, neta q si me acuerdo que alguna vex los garabatie… hace muuuuuchos años…

  2. La descripción de tu anonadamiento no es más que el caer en la confirmación de que todos vamos para la desilusión y el conformismo. TODOS. Es más, alejados ahora de los repetidores de lírica silviorodrigueziana, ahora los punks resultaron más fashion y pukekes que sus ancestros hippies. ¿Qué nos tocará a nosotros? La juventud termina cuando nos damos cuenta de que el mundo no se puede cambiar según nuestros sueños de púberes y, además, cuando el mundo se nos ha vuelto lo suficientemente cómodo para querer cambiarlo.
    Un beso…

    fábrica de polvo

  3. Yo también heredé los mismos títulos, y otros tantos.
    Por eso el onanismo, Ira; de ahí el desfogue tipográfico, de ahí la ficción, la negación y los textos en minúscula.

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