Un km. pa’abajo

Hay días en que el mundo se parece a mis sueños. Ayer sacaron la primera fotografía de un calamar gigante vivo, a 900 metros de profundidad en mares asiáticos.
Estas bellezas invertebradas miden de 16 a 20 metros. Simplemente no puedo imaginarme la gracilidad con la que volarán en el agua.
El hecho histórico estuvo acompañado de un detalle tan extraño como divertido. Cuando el pequeñín que atisbamos en la foto de la derecha se enredó en sedal que llevaba la carnada, se amputó uno de sus propios tentáculos, una”patita” digamos, de 6 metros de longitud.

“Colocado sobre la cubierta de su barco de investigaciones, el científico Tsunemi Kubodera supo que su expedición había descubierto algo importante. Luego el tentáculo comenzó a chuparle las manos.”

Agencia AP, Tokio, Miércoles 28 de septiembre de 2005.


Wooow.

Inteligencia

Un día casi me corren de una cena por insolente. Una mujer periodista bastante pasguata le mandaba cebollazos a otro periodista –que yo acababa de conocer esa noche, pero cuya actitud “comatosa” ante las chavas encueradas de la revista que dirige me resultaba espeluznante–. “Es que tú eres una de las personas más inteligentes que conozco”, le dijo la mujer al hombre y él no tuvo más remedio que contestar “Pero si yo pienso lo mismo de tí, chaparrita”.
El silencio se hizo en la mesa y a mí se me ocurrió abrir mi hocicote: “Y bueno, eso depende de cuál es su definición de inteligencia”.
Fúuua. La atención completa de la concurrencia se ubicó en mi entrecejo y fui a parar al banquillo de los acusados.
Estuvimos discutiendo como una hora sobre la subjetividad del asunto y temo decir que no pude expresar una sentencia contundente para callarles la boca.
Me fui de allí pensando que tal vez yo tampoco era tan lista después de todo, si no había podido llegar a un argumento irrefutable.
De cualquier forma, me divertí haciéndolos enojar.

***

Ayer releí a un tipo que reúne muchas características de lo que yo considero inteligente. Se llamaba Thomas Mann y en 1933 publicó un ensayo sobre “El Film” donde entre otras cosas sugiere que “el cine no es arte, es vida”. (Esta reflexión temprana me parece un ejemplo de preclaridad y agudeza casi predictiva. Qué se le va a hacer, así era este alemán):

“Tomemos una pareja de amantes en la pantalla, dos jóvenes tan hermosos como un cuadro, expresándose mutuamente un eterno adiós en un jardín real, la hierba mecida por el viento, y todo ello al son de la música más blandengue; ¿cómo resistirse, cómo no dar rienda suelta a las lágrimas que asoman a los ojos? Pues se trata de materia bruta, no ha sido transmutada, es vida de primera mano; cálida y cordial, te afecta como si de cebollas o cebadillas se tratara. Siento una lágrima escurrirse en la oscuridad y, en silencio, con dignidad, me limpio la mejilla con la yema del dedo.
Y el cine, precisamente, nada tiene que ver con el drama. Es la narrativa en imágenes. El hecho de que esos rostros aparezcan ante tus ojos no impide que su máxima eficacia resida en su naturaleza épica; y si en algún plano el cine se aproxima al arte literario es en éste. Es demasiado genuino como para ser teatro. Los decorados del teatro se basan en la ilusión, pero la puesta en escena del film es toda naturaleza, como la que crea para el lector la imaginación estimulada por la historia. Tampoco los protagonistas de una película poseen la presencia y realidad corporales de los personajes dramáticos. Son sombras vivientes. No hablan, no están, simplemente eran –y eran precisamente cuando tú lo ves– y esto es narrativa. El cine posee una técnica de reminiscencia, de sugestión psicológica, un dominio del detalle en personas y cosas, de los que un novelista, y en menor medida el dramaturgo, podrían aprender mucho…”

Double decker bus

Tengo un camión bloqueando el fluido seminal de mi cerebro. Un pinche camión.
No puedo escribir nada.
Me muero de ganas de hablar de poesía, pero parece que cada vez que llego al tema, se me tapa el tráfico de ideas.
Poesía es fugaz.
Poesía es lo que le pasa a las palabras cuando explotan, cuando ríen, aún cuando subyacen.
Poesía es memorable.
La poesía se desmorona de las luces tintas de una ciudad justo antes del amanecer.
Poesía son las diez ciudades de Ernesto Priego, el cuento completito “Semos Malos” de Salarrué, las especies extintas (especialmente el pájaro dodó y el perro dingo), casi todas estas chelas del gran Buk, algunas canciones de los Smiths (sobre todo esa que habla de mi mamá y mi papá).
Poesía es el Bradbury Building, esa metarealidad donde hoy se aloja el departamento de Asuntos Internos de la Policía de Los Ángeles y donde alguna vez pelearon Roy Batty y Deckard.
Poesía es el Million Dollar Hotel, justo enfrente del Bradbury Building, un cascarón triste a la mitad de un barrio perdido que se asemeja peligrosamente a San Juan de Letrán.
Poesía es nombrar lo que sólo existe en el aire o en el fuego. Aprehender. Si me piden explicarlo, hoy que estoy de oferta podría decir que la poesía es aprehender.

***

Dos ideas de este argentino que ah cómo tiene ideas:

“Suelo decir en broma, un poco en el tono Renzi, que sólo existen dos grandes historias básicas: o contamos un viaje o contamos una investigación. Así, el escritor es Ulises o es Edipo. O uno se va y luego cuenta lo que vio en su viaje, o hay un misterio, un enigma que trata de descifrar…”

“Por fin, encuentro un rasgo que estaría ligado a este libro mío recientemente publicado, y es la noción de que existe una lectura ficcional. Es decir, que uno podría hacer una historia secreta de la literatura según el modo en que las cuestiones literarias aparecen en algunas novelas o relatos. Hay una serie de textos —por ejemplo, Las nieves del Kilimanjaro, de Hemingway, El Aleph, de Borges, y empezando por el Quijote, naturalmente— en los que las cuestiones de escritores, críticos, lectores, aparecen narradas, ficcionalizadas, así como aparecen otras figuras: el mecenas, aquél que le proporciona dinero al escritor para que pueda ejercer la literatura; el escritor que no puede escribir, etcétera. ¿Cómo decirlo? Hay un especie de representación imaginaria de la literatura que encarna un género de imaginación que hace a cuestiones de crítica. Como hace Borges en El Aleph: en ese cuento él está diciendo también que el universo puede hallarse en un irrelevante barrio de Buenos Aires, y que uno puede descubrirlo mientras pasea por sus calles. Lo que Borges formula explícitamente en alguno de sus ensayos —”Nosotros también tenemos acceso a lo universal desde el margen”—, en El Aleph lo está narrando: “Nosotros también podemos mirar el universo, no tenemos que estar atados a narrar el color local”, vendría a decir. Este registro me parece muy atractivo, porque ofrece la posibilidad de trazar diversas historias ficcionales de la literatura, por ejemplo una historia de los escritores imaginarios que aparecen en las novelas a lo largo de los años. He hecho algo de eso con los lectores en mi último libro”.

Ricardo Piglia, fragmento de entrevista en La Jornada Semanal, Domingo 25 de septiembre 2005. (A ver si Christopher Domínguez lo leyó).

Terremotito

Siempre he querido escribir una película con el tema del terremoto. Sé que parece cursi y choteado, pero a mí, como a la mayoría de la gente de mi edad, el 85 nos tatuó una sensación, un turning point, un landmark, una agrura en la memoria.

Una vez hasta me puse a hacerlo. Ya tiene unos años. Líneas y líneas de diálogo y de pronto los personajes empezaron a caer en el melodrama fácil. Me di cuenta de que todavía no era capaz de hacer esa historia, de contar lo que en verdad importaba. (Algún día, todavía no se salvan, no se crean).
En cambio escribí este pequeño texto, a manera de reflexión personal, que nunca pensé compartir:


El terremoto del 85 es esa guerra que le dio a la muerte olor a coladera y psicosis colectiva. Es la muerte aplastada en mi dentista que no se apareció más por aquel consultorio.

Parte de guerra, que encendió la conciencia defeña. Existimos juntos y ni uno menos. SOLIDARIDAD se pintó en las calles; parques en lugar de 25 mil almas que se fueron a la chingada en 1. 2 minutos.

Los zapatos con los que llegaron mis hermanos. Los zapatos de la señora que sufrió un colapso en una combi, cuando todavía cabíamos en combis. Le pasa uno en la que sigue por favor. Al día siguiente todos eramos voluntarios, agradecidos de no haber escogido Pino Suárez para transitar el 19 de Septiembre de 1985.

El olor a rata, a perro, a gato, a hamster sin dueño. Centro Médico lleno de enfermos sin médicos, de médicos con muertos, de médicos muertos. La sala de las parturientas, que tuvieron que bajar de sus camas con media placenta en la mano. Y los bebés que se salvaron para ver la tragedia en la que se convertiría esta ciudad después de ése día.

Niños que hoy han triplicado el consumo de cocaína. Que asaltan las mismas calles por donde antes se metieron los bomberos a rescatarlos.

Niños que ya no duermen, con el corazón roto desde antes de estornudar, de miar por primera vez.

Plácido Domingo y los que cantaron como ayudando a morir. Los perros entrenados, que nunca habían visto algo así, los bomberos, los refugios que se levantaron en dos días y vieron correr casi dos años. Que alguien haga algo, a quién le echamos la culpa, los arquitectos sabían que esto iba a pasar. Dicen que los meterólogos también, pero qué no miden el clima esos?, no, todos son de lo peor, sabían que estábamos bañándonos, cagando, desayunando. Eran las 7 chingao, nos agarró dormidos. Salimos por la ventana, Jacobo lloró, Super Leche se cayó. Batas, piyamas y pantuflas dejó de trasmitir.

Las colas en los teléfonos públicos; antes costaban 20 centavos, luego se hicieron gratuitos: Telmex nos regaló unos años antes de caernos encima como buitres. Porque comunicarse en este país sale muy caro. Por cualquier vía.

¿Estás bien? El terremoto se sinitió hasta acá. Yo ni lo sentí, pero las noticias. La ciudad de México ha quedado desierta.

El silencio, los llantos, mi madre pegada a la tele. Todos dormimos con tenis por dos semanas. Todos aprendimos a pegarnos a una columna, a meternos debajo de un escritorio, a alejarnos de la instalación eléctrica. Ya nadie regresó al colegio. Y a tí, ¿dónde te tocó? Porque al que le toca, le tocó.

Ni tanto, resulta

My score in the test:

Modern, Cool Nerd
86 % Nerd, 65% Geek, 43% Dork

For The Record:

A Nerd is someone who is passionate about learning/being smart/academia.
A Geek is someone who is passionate about some particular area or subject, often an obscure or difficult one.
A Dork is someone who has difficulty with common social expectations/interactions.

You scored better than half in Nerd and Geek, earning you the title of: Modern, Cool Nerd.

Hasta Marilyn sabía que el amor no es más que una excusa

Un extracto de las grabaciones hechas por la actriz con su psiquiatra Ralph Greenson:

“Pienso que lo que pasó con Bobby (Kennedy) fue que dejó de tener buen sexo con su esposa por un tiempo… Bueno, cuando empieza a tener sexo con el cuerpo que todos los hombres quieren, su moral católica tiene que encontrar una manera de justificar el engaño a su mujer. Entonces el amor se convierte en su excusa. Y si amas lo suficiente no lo puedes evitar y no puedes ser culpable de nada. Muy bien doctor, ese es el análisis de Marilyn Monroe sobre el amor de Bobby por mí.”

Los Angeles 2019

Soy la mas nerd.
Pero la mas.
Mi agenda en este desierto lleno de flores del Amazonas incluye una visita al edificio donde filmaron Blade Runner (que tendre que conformarme con ver de dia), un viaje al MOCA a ver un documental de Basquiat y tomar un camion a East LA, nomas para que no me cuenten (no se si podre hacerlo, dicen que las violaciones estan de a dollar).
Mis companieritos periodistas quieren todos ir a The Grove, al mall, de shopping. Y no los culpo. Yo tambien lo haria si tuviera lana. Tampoco nos vamos a dar golpes de pecho. Quiero pantalones, blusas, accesorios, un dia en un spa, una bata “espumosamente” blanca para salir del banio y todas esas exquisitas cosas para olvidarme de que no soy una estrella y nunca tendre una mansion en The Hills, como les llaman aca. O tal vez quiera olvidarme de lo dificil que es escribir y de la falta de talento que a veces me noto o de lo dificil que es amar y la falta de talento que tengo para eso por aniadidura.

Pero no, ahi va esta persona que bloguea y se sube a los camiones y se aleja de las atracciones turisticas. En suma, le busca tres chingados pies al gato cuando sabe que tiene seis.

Acabo de subirme a un elevador y alli estabamos todos, con nuestras pobres humanidades junto a Sigorney Weaver y Tori Amos. “I’ll be in touch”, le dijo la pelirroja cuando bajo a la caza aliens.
Dios. Que pinche manera de matar monstruos con sangre acida, pense decirle. Y antes de que te bajes, Tori, say hi to Neil for me please, ask him if he would like to marry a mexican journalist.

Mmmh. Nop, no soy tan nerda, parece ser.

Los Angeles

Esta tierra es inhospita (sobre todo en lo que toca a teclados de computadora), pero tremendamente dulce.
Sin acentos:

Las mujeres se juntan en los Bus Stops para quejarse del clima y del “infantil” servicio de transporte colectivo.
El metro tiene apenas tres o cuatro lineas y a nadie le importa por que todos traen coche. And I mean coche.
Ayer recibi mas carinio y cuidado de un bus driver que el derramado por todos mis hermanos durante toda mi vida. La gente te saluda, te deja pasar. Bueno, hasta parecen amables.
Luego te vas a dormir y te das cuenta de que una persona “amabilizada” consume mas. Compra mas, vive con mas deudas y se convierte en una especie de ruido blanco ciclico hasta que se muere o se encierra en su white picket fence.
En el estado vacuno que traia ayer, lo menos que pudieron fue enjaretarme un room service y un soothie de fresa.
Hoy, dios mio, mi vida es horrible, vendra por mi una limusina, me llevara al Four Seasons y me sentara a ver una pelicula.
Antes caminare al mall, le comprare una blusilla a mi hermana y unos comics for myself.
Con razon Bukowski se ponia esas pedas. La realidad “de melon” es insoportable. Llega a ser peor que la de la Cd. de Mexico, nuestra pequenita realidad “color gris rata”.
Alguien quiere cambiar puestos?

Noticias: cumplir treinta o más no es ninguna trag…

Noticias: cumplir treinta o más no es ninguna tragedia. Es, de hecho, uno de los secretos mejor guardados. (Como cuando nadie te dijo que hacer el amor era –además de placentero– un acto revolucionario).

Del blog de Evelio, una cita de Stuart Murdoch, líder de la banda escocesa Belle and Sebastian, que resume bien el amenazador asunto de cumplir años:

fistful of love

Since maybe being thirty-one/thirty-two, I honestly feel that my personality is more in line with what I felt when I was twelve, which was a golden age for me. I feel the same person I was when I was twelve. I don’t know what Freud or my folks would have to say about that, but it’s great. It’s funny, when you reach the grand old age of thirty-two, you realize that you really want to play football, you really want to listen to AC/DC, and you really want to chase girls around, and that’s what I did when I was twelve. It’s kinda worrying, maybe . But I’m not worried about it.

Aquí va mi versión en español, pa’ los que no le mascan:

Tal vez desde que tengo treinta y uno/treinta y dos, honestamente siento que mi personalidad está mucho más alineada con lo que sentía cuando tenía doce, una edad dorada para mí. Siento que soy la misma persona que cuando tenía doce años. No sé lo que Freud o mis padres dirían al respecto pero es estupendo. Es gracioso, cuando alcanzas la gran edad de treinta y dos, te das cuenta de que realmente tienes ganas de jugar futbol, de que realmente tienes ganas de escuchar AC/DC, y de que en verdad quieres perseguir mujeres, y eso es lo que yo hacía cuando tenía doce años. Es un poco preocupante, tal vez. Pero no estoy preocupado por ello.

Stuart Murdoch from Belle and Sebastian: Just a Modern Rock Story

Los detectives salvajes

Boquiabierta me dejó la descripción de un encuentro sexual en este magnífico libro. No quiero dejarlo pasar, por eso lo transcribo:

Por el aliento supe que estaba a pocos milímetros del rostro de María. Sus dedos recorrieron mi cara, desde la barbilla hasta los ojos, cerrándolos, como invitándome a dormir, su mano, una mano huesuda, me bajó la cremallera de los pantalones y buscó mi verga; no sé por qué, tal vez debido a lo nervioso que estaba, afirmé que no tenía sueño. Ya lo sé, dijo María, yo tampoco. Luego todo se convirtió en una sucesión de hechos concretos o de nombres propios o de verbos, o de capítulos de un manual de anatomía deshojado como una flor, interrelacionados caóticamente entre sí. Exploré el cuerpo desnudo de María, el glorioso cuerpo desnudo de María en un silencio contenido, aunque de buena gana hubiera gritado, celebrando cada rincón, cada espacio terso e interminable que encontraba.

Y sigue, claro, pero yo quiero seguir leyendo, aunque me cueste los ojos y la operación tan cara a láser y la noche y las mañanas, el trabajo y los amigos.
Seguiré hasta terminar esas 609 páginas en las que Roberto Bolaño manda de nalgas la novela iniciática.

(Por otra parte, que un chileno nos haya venido a dar lecciones de como hablarle a esta ciudad con una gran novela me parece de exquisito gusto y sobrado humor). Bolaño ha muerto, ¡qué raro era Bolaño!