Double decker bus

Tengo un camión bloqueando el fluido seminal de mi cerebro. Un pinche camión.
No puedo escribir nada.
Me muero de ganas de hablar de poesía, pero parece que cada vez que llego al tema, se me tapa el tráfico de ideas.
Poesía es fugaz.
Poesía es lo que le pasa a las palabras cuando explotan, cuando ríen, aún cuando subyacen.
Poesía es memorable.
La poesía se desmorona de las luces tintas de una ciudad justo antes del amanecer.
Poesía son las diez ciudades de Ernesto Priego, el cuento completito “Semos Malos” de Salarrué, las especies extintas (especialmente el pájaro dodó y el perro dingo), casi todas estas chelas del gran Buk, algunas canciones de los Smiths (sobre todo esa que habla de mi mamá y mi papá).
Poesía es el Bradbury Building, esa metarealidad donde hoy se aloja el departamento de Asuntos Internos de la Policía de Los Ángeles y donde alguna vez pelearon Roy Batty y Deckard.
Poesía es el Million Dollar Hotel, justo enfrente del Bradbury Building, un cascarón triste a la mitad de un barrio perdido que se asemeja peligrosamente a San Juan de Letrán.
Poesía es nombrar lo que sólo existe en el aire o en el fuego. Aprehender. Si me piden explicarlo, hoy que estoy de oferta podría decir que la poesía es aprehender.

***

Dos ideas de este argentino que ah cómo tiene ideas:

“Suelo decir en broma, un poco en el tono Renzi, que sólo existen dos grandes historias básicas: o contamos un viaje o contamos una investigación. Así, el escritor es Ulises o es Edipo. O uno se va y luego cuenta lo que vio en su viaje, o hay un misterio, un enigma que trata de descifrar…”

“Por fin, encuentro un rasgo que estaría ligado a este libro mío recientemente publicado, y es la noción de que existe una lectura ficcional. Es decir, que uno podría hacer una historia secreta de la literatura según el modo en que las cuestiones literarias aparecen en algunas novelas o relatos. Hay una serie de textos —por ejemplo, Las nieves del Kilimanjaro, de Hemingway, El Aleph, de Borges, y empezando por el Quijote, naturalmente— en los que las cuestiones de escritores, críticos, lectores, aparecen narradas, ficcionalizadas, así como aparecen otras figuras: el mecenas, aquél que le proporciona dinero al escritor para que pueda ejercer la literatura; el escritor que no puede escribir, etcétera. ¿Cómo decirlo? Hay un especie de representación imaginaria de la literatura que encarna un género de imaginación que hace a cuestiones de crítica. Como hace Borges en El Aleph: en ese cuento él está diciendo también que el universo puede hallarse en un irrelevante barrio de Buenos Aires, y que uno puede descubrirlo mientras pasea por sus calles. Lo que Borges formula explícitamente en alguno de sus ensayos —”Nosotros también tenemos acceso a lo universal desde el margen”—, en El Aleph lo está narrando: “Nosotros también podemos mirar el universo, no tenemos que estar atados a narrar el color local”, vendría a decir. Este registro me parece muy atractivo, porque ofrece la posibilidad de trazar diversas historias ficcionales de la literatura, por ejemplo una historia de los escritores imaginarios que aparecen en las novelas a lo largo de los años. He hecho algo de eso con los lectores en mi último libro”.

Ricardo Piglia, fragmento de entrevista en La Jornada Semanal, Domingo 25 de septiembre 2005. (A ver si Christopher Domínguez lo leyó).

3 thoughts on “Double decker bus

  1. Válgame, qué honor. Yo no sé si son poesía, sólo sé que tenía que escribirlas. No las posteo en mi blog como si fueran poesía, pero si alguien, como tú, Ira querida, quiere llamarles así, chingá, que más podría desear, como diría un poeta en su canción.

    Y sí, Piglia es un condenado chingón. Me da gusto ver que gente que escribe como me gusta también piense como me gusta😉

    beso desde acá,
    e

  2. Aparte del Piglia, hay otro sureño que ¡Ah, dios! como piensa y como escribe (o pensaba y escribía, si temporales nos ponemos), el ese Bolaño, chileno españolizado de bocaza abierta e ideas luminosas. No sé con que tanta “fidelidad” lo retrate Javier Cercas en Soldados de Salamina, pero es el personaje que se lleva la noveleta esa. Por otro lado, pa’ que hasta el criticón (que no crítico) ese del CDM sepa como se hace un diagnóstico de la literatura de escritores viviendo en un mismo tiempo, tendría que leerse el maravilloso ensayo póstumo del autor de los Detectives Salvajes publicado en la simpática antología de discursillos “Palabra de América” de Seix Barral.
    Salud

    Fábrica de polvo

  3. Ernesto: And I mean it! Encuentro en las ciudades una invitación permanente al verso fácil, pero lo tuyo es un ejercicio de diálogo con el recuerdo, con el viaje, con los monstruos in situ. Es el pasado pero también el futuro, tus recuerdos futuros.
    Loved them all, specially the tenth city.
    Mucho amor.

    Edgar: Y usté, ¡qué desaparecido! Efectivamente, el Bolaño también podía hacer eso que llaman escribir, aunque tendrás que prestarme ese ensayo póstumo porque no lo conozco. Confieso que me faltan unas 50 páginas para terminar Detectives Salvajes y de pronto me asalta la idea de si la novela no será más grande que el escritor. Una conjunción entre tiempo, pertinencia del tema y saludable prosa. Es enorme, Detectives, pero no quisiera decepcionarme.
    Abrazos.

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