Mi reino, como el de Primo Levi

Supongo que a veces me domina el miedo. ¿Quién me entiende? ¿No que muy punk? Pues si, pero esos pelos parados llenos de gel y anilina roja pueden ser un síntoma clarísimo del terror.
Me gusta pensar, sin embargo, que tengo el mismo miedo Jean Genet, que no podía vivir en el mundo pero que hizo de este ‘defectito’ un vicio digno.

***

Hoy todo está medio desajustado. Mis ojos no ven bien, como que les falta sintonía con la verdad.

***

Ouch, que putazo, en la mera cara y por alguien que amaba. Me desperté con un moretonzote y sin hambre. Tuve que prender el boiler porque en mi casa hacía más frío que de costumbre. Más y más y más frío. Saqué a todos mis animales a la calle, desalojé a mi hermana, desperté a los peces dorados. Empecé una fogata para apagar ese alarmante frío. Luego me di cuenta de que el frío lo traigo puesto y ya nunca nunca se me va a quitar.

***
Cuando la música es insoportable, lo que hay que hacer es recurrir a la poesía. Buena o mala, pero siempre está allí para ti.
Por ejemplo, el señor Primo Levi, jefe de las hordas de la abyección:

El dromedario

¿Por qué tantas querellas,
peleas y guerras?
Sólo tienen que imitarme.
¿No hay agua? Me aguanto
la sed
Y sólo cuido de no gastar
el aliento.
¿No hay alimento? Lo tomo
de la joroba:
En tiempos propicios
Deberían fabricarse una.
Y si la joroba está sin fuerza,
Sólo tomo algunas zarzas
y paja;
La hierba verde es lasciva
y banal.
¿Es fea mi voz? Casi
siempre callo,
Y si bramo nadie me escucha.
¿Soy feo? Con que le guste
a mi hembra…
Las nuestras van a lo seguro
Y dan la mejor leche
que existe;
Sí, soy un servidor, pero
el desierto es mío:
No hay servidor que no
tenga su reino.
Mi reino es la desolación;
No tiene límites.

24 de noviembre de 1986
Tomado de Reforma que lo tomó del libro “A una hora incierta”.

***

Deberíamos ser como periódicos: cambiar nuestro formato de vez en cuando.

Godot como la calma

Aquí una deliciosa reflexión de Beckett. (Aventuro la hipótesis de que el muy cabrón está hablando de nosotros).

Estragón.- Entretanto, hagamos lo posible por conversar sin exaltarnos, ya que somos incapaces de callar.
Vladimiro.- Es verdad somos inagotables.
Estragón.- Es para no pensar
Vladimiro.- Tenemos excusas.
Estragón.- Es para no escuchar.
Vladimiro.- Tenemos nuestras razones.
Estragón.-Todas las voces muertas.
Vladimiro.- Hacen un ruido de alas.
Estragón.- De hojas.
Vladimiro.- De arena.
Estragón.- De hojas.
Vladimiro.- Hablan todas al mismo tiempo.
Estragón.- Cada una habla para sí.
Vladimiro.- Más bien cuchichean.
Estragón.- Murmuran.
Vladimiro.- Susurran.
Estragón.- Murmuran.

Vladimiro.- ¿Qué dicen?
Estragón.- Hablan de su vida.
Vladimiro.- No les basta haber vivido.
Estragón.- Es necesario que hablen de ella.
Vladimiro.- No les basta estar muertas.
Estragón.- No es bastante.

Vladimiro.- Hacen un ruido como de plumas.
Estragón.- De hojas.
Vladimiro.- De cenizas.
Estragón.- De hojas.

Mujers

Un cuate me espetaba hace unos meses: ¿a poco todavía sientes que hay desigualdades de entre hombres y mujeres? ¿Tú, la mujer que eres? (sic)

Me molesta jugarle a la feminista pero cuando alguien hace una pregunta directa hay que contestarle la verdad: por supuesto que hay desniveles ultra jodidos en esta burguesita sociedad sureña de la Ciudad de México y por supuesto que mucho de esos desniveles tienen que ver con el género.

Dirán que yo tengo la misma oportunidad de trabajar que ustedes, que tengo chance de hacer cine y escribir y publicar, que me puedo follar a quien me de la gana y ver las películas que me plazcan. Pero por favor no se la crean. Eso no es enteramente cierto.

Ahí hablamos el día que alguien llegue con un habano porque “hoy es día del hombre y quise tener un detalle contigo”.

Ahí hablamos el día que una publicación tan “seria” como la revista Proceso se atreva a nombrar “aquelarre” o “argüende” a una reunión informal de hombres de poder.

Ahí hablamos el día en que los quieran abordar con propuestas sexuales francamente pachiches cuando van solos al cine.

Ahí hablamos cuando una mujer pelona panzona y entrada en los cuarenta les parezca sexy.

(Allá afuera, en los límites del occidente de la ciudad, del otro lado de Tlalpan, tendrán otros problemas. Después de todo, para muchos de esos “defeños” yo represento el futuro, tanto como un oficinista japonés lo representa para mí).

Todo viene a cuento porque ayer me topé con Jimena Padilla, a quien no tenía el gusto de conocer y me dejó pensando.

Además de punk y simpática, Jimena es una mujer bonita. No conozco lo suficiente su trabajo de monera, pero por lo que me dicen ¡oh revés del destino! también tiene talento.

Jimena contaba los dos años que tuvo que hacer fila en una revista de moneros anquilosados para publicar allí. “Como Tom Sawyer: pinta la barda hasta que hagas méritos y te dejemos entrar al club”. ¿Tendría que ver con su condición de principiante o con su condición de mujer?

Ah pero qué tal, cuando te subas a mi coche esperando un poco de dignidad en el aventón, ahí si tengo derecho a meterte mano.

Y esto ¿tendría que ver con su condición de principiante o con su condición de mujer?

Aquí tenemos una de las pocas mujeres que se atreven a ser moneras, dijo el moderador de la mesa ayer en la Feria del Libro Infantil y Juvenil, cúentanos cómo ha sido para ti (mujer) estar en ésto (de hombres).

Es decir, buena o mala haciendo monos, Jimena es una suerte de highlight nomás porque tiene tetas y carece de pene.

Al otro miembro de la mesa le preguntaban cosas sobre la historia del cómic en México, los quehaceres de la vocación etecé etecé… Nunca le hablaron de “ser hombre” y monear. ¿Es difícil ser hombre y al mismo tiempo ser ________?

Después de su charla en la FILIJ, le pregunté a Jimena si no le molestaba que el moderador de la mesa hubiera puesto su trabajo bajo la exasperante lupa del género.
“Creo que no hay moneras porque no hay dinero en esto. Y las mujeres no son tan pendejas para estar trabajando sin que les paguen”.

Somos distintos hombres y mujeres. Ni quien quiera ser iguales.

Me marea el asunto

La verdad que no sé si contar la propia historia valga la pena.

No me refiero a escribir la autobiografía. El asunto es que yo daría el brazo izquierdo por salirme de mi piel e inventar cosas felices, astutas, pero resulta que aquel alien que inventé para los cuentos de ciencia ficción, ese perro protagonista de la obra de teatro, la alcohólica del monólogo, los gemelos del guión de radio, el vendedor de seguros del guión de cine, todos todos todos soy yo.

Entonces está feo porque de pronto, cuando la gente da opiniones de tu chamba también da opiniones de tu vida y ni modo, trágueselas, usté lo pidió, ora se lo acaba.

Está uno encuerado, enseñando el culo y los calzones riveteados y los olancitos y da coraje porque hay escritores que apenas se ponen una minifalda y ya están chillando.

Alguien debería contarme cómo se las arregla para hacer de todo esto un trabajo digno.

Pa’ su mecha

Qué oloricito tan cabrón el de la muerte. Ahí va la dueña de mi perro caminando por un paraje solitario sin fijarse en el camino porque viene leyendo a José Luis Zárate. Zárate viene platicando de Jack el destripador porque así es ese escritor, escoge los mejores temas. Y la que va caminando recibe oleadas dulzonas de animal muerto. Ni un alma. El sonido de la electricidad en los cables de alta tensión: peculiar música de la ciudad. Por ahí, sueltos los gritos de los niños o de los viejos, ya no sé. El perro levanta las orejas de vez en cuando. La grava suelta resbala. Leo:

“Un instante del cual nadie está a salvo. El encuentro con una muerte sin sentido ni piedad, una noche cualquiera que puede transformarse en la última. El encuentro incomprensiblemente íntimo con el asesino, es una pesadilla recurrente en nuestra sociedad. Después de todo, el gran atractivo de las ciudades son las posibilidades que encuerra. Siempre puede uno conocer a gente interesante.”

Sirenas que se apagan. Dos patrullas y cuatro polis uniformados me ven con recelo. Están fuera de su elemento, en un gran parque sin casas alrededor, un paraje olvidado del sur sur de la Ciudad de México. Qué chistosos se ven los polis en el pasto. Bajan apurados, como si estuvieran buscando algo.
Mi perro se pone nervioso.

“¿Cuánto tiempo se tarda en morir? ¿Qué frases, qué oración puede susurrar el asesino en esos instantes?”

¿Y si el olor dulzón no proviene de un animal?

David Mamet



Le pusieron “Búsqueda Desesperada” aunque se llama Spartan. Es película de dramaturgo y se nota. ¿Es bueno o malo? Es.
Las películas de Mamet hay que verlas con ganas de entender al escritor. No hay “dulces” para el espectador, pura carnita. Ni un sólo paraje de solaz, nada de transiciones visuales: todos los elementos (objetos, diálogos, colores, lugares) al servicio del personaje. Uno complejo, eso sí.
Val Kilmer, un poco abotagado, es el perfecto “nadie” americano acostumbrado a seguir órdenes, el perfecto milico traicionado por su intelecto.
Cartesiano en el más amplio sentido de la palabra. “Nadie” se convierte en “alguien” cuando toma una decisión. Tomo partido, luego existo.
Lo bueno es que Mamet, a diferencia de muchos cineastas preciosistas, también toma partido. En los Estados Unidos se miente, se realizan transacciones con personas, el presidente es capaz de permitir que vendan a su hija como una putita de poca monta en Oriente. (Eso sí, Oriente sigue siendo un gran putero-lleno-de-fanáticos).
La esposa del presidente es alcohólica, el jefe de la CIA un gran actor frente a las cámaras de televisión. Los medios, las mosquitas que rondan el cadáver.
Creo que vale la pena verla, aunque adolezca de texturas y otros menesteres.
Una de mis películas más queridas”El Angel Azul”, también adolece, pero ¿quién después de verla no ha pensado que el humo del cigarro es de ese color y se apellida Dietrich?

Bills hay muchos, Watterson nomás uno


Con motivo de la super edición de “Todo Calvin” de 10 kilos de peso, aparece en Slate un lindo reportaje electrónico –un género que ya debieran enseñar en todas las escuelas de periodismo, according to me– sobre el papá de Calvin & Hobbes, el gran gran Bill Watterson.
Hay que picarle hasta abajo donde dice “click here to see a slide-show essay about C&H”.

Atasquémonos todos.

El Censo

-¿Cuántos focos tiene su casa?

-Dieciocho mil doscientos cincuenta.

-¿Está bromeando?

-Anote: dieciocho mil doscientos cincuenta.

-¿Cuántos miembros de familia viven en esta casa?

-¿Contando al perro?

-No, sin contarlo.

-Entonces ninguno.

-¿Pero es que está deshabitada?

-No es para tanto, a veces vengo a visitarla.

-¿Se mantiene usted mismo?

-Y a usted qué le importa.

-Bueno, entonces contésteme algo más bonito, ¿qué ve a través de su ventana?

-Vivo en una habitación de cuatro paredes, sin orificios añadidos.

-¿Sabía usted que la gripe aviar puede acabar con la quinta parte de la población mundial?

-Sí sabía, y me da mucho gusto.

-¿No le da miedo que le toque a usted, a sus hijos, a su familia?

-No.

-¿No le da miedo?

-No.

-¿Por qué?

-Porque no pienso en eso. Además no tengo pollos.

-Pero…

-Ya sé lo que me va a decir, pero no abunde. Es completamente inútil.

-Está bien, cambiemos de tema… usted podría sugerir uno.

-Si acaso me gustaría hablar de cómo terminar una entrevista, como acabar con las encuestas.

-¿Y cómo lo haría usted?

-A sabiendas de que el entrevistador no desea terminar, debe poner un pie adelante del otro y ver cómo se le enrojece la cara de rabia.

-¿Eso es lo que pretende, hacerme enojar?

-En realidad no pretendo nada.

-¡Pero es muy claro! Pretende solazarse en su cinismo.

-Eso es una apreciación muy dura. A decir verdad es usted quien empieza a encabronarme.

-¿Cómo puede enojarse por algo que usted mismo comenzó?

-Para mí es suficiente, usted debe comprender, yo soy lo más importante en mi vida.

-No está funcionando, posiblemente deba acudir a otra casa sin tomar en cuenta la suya.

-Eso es, no me cuente, no deseo ser parte de su estadística.

-Que conste que usted no quiso. Así lo expresará ante los inspectores del Instituto.

-Señor encuestador, temo informarle que el instituto no existe. Tampoco los encuestadores existen.

-¿Podría abrirme la puerta? Necesito seguir trabajando.

-Como guste.

Lo que nos detiene

Entre otras cosas:

-el timbre del teléfono
-compararnos
-alimentar esperanzas
-racionalizar la pérdida
-pensar que no hemos leído lo suficiente
-la llegada del camión de gas
-el gusto por las tetas de las hormigas
-la sinfonía de ropa que lavar
-una silla que se pega a nuestras nalgas (se pega con cola)
-saber que Juan te llamas
-la dispersión de las horas in such a fine morning
el otro: perro, pez, gato, humano, todos interrumpen igual.