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Mi regalo



Como me porté muy bien este año, trabajé como judío abarrotero y sólo tengo que gatos que mantener, me acabo de comprar un regalo ultra nice.
Lo que resta del año iré pegando algunas imágenes para compartirlas con los visitantes de El Taza (conocidos freaks y/o normales de ocasión). Disfrútenlo porque me tardé como una hora en escanear y recortar todas las fotitos.
El libro se llama “Batman: the complete history”, las notas son de Les Daniels y está editado por Chronicle Books.
Una joyita, mi regalo.

Invierno más invierno por favor

“Lo propio de nuestra cultura es la distracción, la insensibilización”, dijo David Greenfield, psicólogo especializado en problemas derivados de la alta tecnología. “No hay un momento para la autorreflexión, para quedarse quieto. Es absolutamente agotador”.

Yo no tengo chance ni hoy ni mañana porque tengo (¿lo pueden creer?) un mucho de chamba, pero deep down desearía estar leyendo como lo hacía en la preparatoria: de 9 a 2 y de 4 a 7.

Sugiero emular el ritmo del año e irnos quedando quietos como las hojas en invierno hasta que salga el sol.

José José

Una vez platiqué con él. Era navidad pero del 93 y yo trabajaba en un organismo cultural del finado Departamento del Distrito Federal (como trabajar en Conaculta pero región cuatro, mucho menos nice). Mi jefe era un alcoholicazo al que constantemente tenía que estar esquivando. Güerita, ¿cuándo me las vas a prestar?, me decía, así, como si dijera pásame la sal. El licenciado (sic) llegaba a las 12 del día, se iba a comer a las 2 (a una cantina del rumbo, of course), regresaba a las 6:30 y se volvía a ir a las 8 pm.

Es decir, su chamba la hacía yo.

Cuando hubo que organizar el concierto de fin de año en el Zócalo, mi consigna fue conectar al príncipe de la canción y asegurarme de que nada le faltara en el camerino. No recuerdo cuántas, pero le conseguimos una gran cantidad de botellas de alcohol de importación con puritito presupuesto federal. Oh si señor y qué. Algunas botellas se las agenciaron mi jefe y el jefe de mi jefe. Tal como se agenciaban partidas enteras para financiar sus coches, sus pedas, sus “secretarias” aviadoras que no se presentaban a trabajar pero que cumplían con prestar nalguita de vez en cuando.

Igual nadie se enteraba. La minuta del presupuesto decía “verbena popular navideña: abarrotes”. Eran tiempos de Oscar Espinoza Villarreal, uno de los regentes más corruptos que ocuparon ese puesto jamás. Tiempos de altos funcionarios, nada de instituto de transparencia, tiempos del régimen priísta, el mismo que inventó el año de Hidalgo: chingue-su-madre-el-que-deje-algo.

(A veces me pregunto en qué hemos cambiado. En nada, creo. Como nuestro preciso no es pedote sino mandilón, en lugar de botellas compra toallas, pero al final es la misma gata).

Decía que el mero día, José José tuvo que estacionar su auto blindado en Bellas Artes y como cualquier hijo de vecino llegar caminando por la calle Madero. Se hacía paso contra la mar de gente al resguardo de unos 10 guardaespaldas bien gordos y medio chaparros que repartían codazos a diestra y siniestra, mientras lanzaba besos y se abrazaba él mismo, como abrazando a todos. Su nariz de borracho bonachón resplandecía debajo de unos ojillos tristes. El pobre venía medio empanizado por los huevazos de harina. “Es él, es él”, decían las señoras y agregaban lo usual “¿A poco? Yo pensé que era más alto”, “Qué señorón” ta tat a guirirgú.

A mí me tocaba recibirlo con una toalla (no sé para qué) y darle la bienvenida a un restaurante debajo de los arcos que se había habilitado como camerino. Cuando el barullo se apagó, José José me pidió que me echara una con él. Y yo, pues, me la eché. Como buen alcohólico, el cabrón era encantador. Por unos minutos fuimos cuates, José José y yo. Platicamos de todo y de nada, pero sobre todo nos reímos muchísimo. Yo lo hice reír, creo, porque estaba nerviosa y es cuando me sale el payaso. Para la segunda “copa” (el cantante hizo que me abrieran el cognac más caro de la caja) ya éramos cuates cuates; carnalitos como sólo se puede ser en la peda. Luego lo llamaron y cantó y mandó besitos a su madre –todavía vivía su madre–. Igual dedicó canciones a señoras con delantal lleno de masa de nixtamal que a Oscar Espinoza y a su prole de minifuncionarios importantes.

Yo me quedé detrás del escenario y de vez en cuando le acercaba una toalla que nunca usó.

Doce años más tarde, me entero que este 24 de diciembre, José José brindará con agua mineral. Hay algo en mí –algo enfermo y oscuro– que lo lamenta.

Salud, Mr. José, m’anque sea con Peñafiel.

Ser libre

Me faltan terrenos por conquistar, pero hoy puedo decir que soy libre para decidir con quién me paso Navidad. Es increíble qué poco común es la gente sin compromisos para el 24 de diciembre.

¿Y tú, con quién vas a estar? La mitad de la noche con mi madre, la otra mitad con mi suegra; en casa de mis primos que se cagan; en casa de mi novio en donde les cago; vamos a cenar a un restaurante horrendo; vamos a pasarla de ultragüeva en lo de mis abuelos; tengo que viajar miles de kilómetros para ver a la tía Chana aunque sea este día porque nunca se nos da la gana y no vaya a cambiar el testamento; ni me digas-tengo-que-cocinar-para-35-personas…

O luego sale peor: la familia escoge el mero día para sacarse los trapos al sol, salir del clóset o mentarse la madre.

Dios, ¡qué ganas de hacerse la vida de cuadritos!

Lo mejor de mi condición de “desfamiliada” (y miren que aunque lo duden hay muchas cosas buenas) es que su servilleta se levanta el 24 de diciembre justo al medio día –no hago cena, no regalo nada y no voy al salón de belleza–, levanta el dedito en gesto de test para la dirección del viento y se pregunta: “Ira, ¿a dónde se te antoja ir hoy?”

La nochebuena es una linda noche de tragazón sin culpa, ¿por qué todo mundo tiene que estresarse tanto?

Rolas nuevas

Hace poco me aburrió mi música. Me pasa cuando me fastidia una misma sensación.
Entonces me puse a bajar canciones y resulta que ahora no las puedo dejar de oír porque se convirtieron en una sensación con nombre y apellido.
Canciones nuevas para extrañar amores viejos. Nomás eso me faltaba, carajo.

Aquí una porción navideña de mi obsesión:

Headlights look like diamonds /The Arcade Fire
Wake up /The Arcade Fire
Mahgeetah /My morning jacket
On fire / Spiritualized
The dark is rising /Mercury Rev
Please do not let me go / Ryan Adams
Nite and Fog / Mercury Rev
Goldigger / Kanye West
Love me like you /The Magic Numbers