José José

Una vez platiqué con él. Era navidad pero del 93 y yo trabajaba en un organismo cultural del finado Departamento del Distrito Federal (como trabajar en Conaculta pero región cuatro, mucho menos nice). Mi jefe era un alcoholicazo al que constantemente tenía que estar esquivando. Güerita, ¿cuándo me las vas a prestar?, me decía, así, como si dijera pásame la sal. El licenciado (sic) llegaba a las 12 del día, se iba a comer a las 2 (a una cantina del rumbo, of course), regresaba a las 6:30 y se volvía a ir a las 8 pm.

Es decir, su chamba la hacía yo.

Cuando hubo que organizar el concierto de fin de año en el Zócalo, mi consigna fue conectar al príncipe de la canción y asegurarme de que nada le faltara en el camerino. No recuerdo cuántas, pero le conseguimos una gran cantidad de botellas de alcohol de importación con puritito presupuesto federal. Oh si señor y qué. Algunas botellas se las agenciaron mi jefe y el jefe de mi jefe. Tal como se agenciaban partidas enteras para financiar sus coches, sus pedas, sus “secretarias” aviadoras que no se presentaban a trabajar pero que cumplían con prestar nalguita de vez en cuando.

Igual nadie se enteraba. La minuta del presupuesto decía “verbena popular navideña: abarrotes”. Eran tiempos de Oscar Espinoza Villarreal, uno de los regentes más corruptos que ocuparon ese puesto jamás. Tiempos de altos funcionarios, nada de instituto de transparencia, tiempos del régimen priísta, el mismo que inventó el año de Hidalgo: chingue-su-madre-el-que-deje-algo.

(A veces me pregunto en qué hemos cambiado. En nada, creo. Como nuestro preciso no es pedote sino mandilón, en lugar de botellas compra toallas, pero al final es la misma gata).

Decía que el mero día, José José tuvo que estacionar su auto blindado en Bellas Artes y como cualquier hijo de vecino llegar caminando por la calle Madero. Se hacía paso contra la mar de gente al resguardo de unos 10 guardaespaldas bien gordos y medio chaparros que repartían codazos a diestra y siniestra, mientras lanzaba besos y se abrazaba él mismo, como abrazando a todos. Su nariz de borracho bonachón resplandecía debajo de unos ojillos tristes. El pobre venía medio empanizado por los huevazos de harina. “Es él, es él”, decían las señoras y agregaban lo usual “¿A poco? Yo pensé que era más alto”, “Qué señorón” ta tat a guirirgú.

A mí me tocaba recibirlo con una toalla (no sé para qué) y darle la bienvenida a un restaurante debajo de los arcos que se había habilitado como camerino. Cuando el barullo se apagó, José José me pidió que me echara una con él. Y yo, pues, me la eché. Como buen alcohólico, el cabrón era encantador. Por unos minutos fuimos cuates, José José y yo. Platicamos de todo y de nada, pero sobre todo nos reímos muchísimo. Yo lo hice reír, creo, porque estaba nerviosa y es cuando me sale el payaso. Para la segunda “copa” (el cantante hizo que me abrieran el cognac más caro de la caja) ya éramos cuates cuates; carnalitos como sólo se puede ser en la peda. Luego lo llamaron y cantó y mandó besitos a su madre –todavía vivía su madre–. Igual dedicó canciones a señoras con delantal lleno de masa de nixtamal que a Oscar Espinoza y a su prole de minifuncionarios importantes.

Yo me quedé detrás del escenario y de vez en cuando le acercaba una toalla que nunca usó.

Doce años más tarde, me entero que este 24 de diciembre, José José brindará con agua mineral. Hay algo en mí –algo enfermo y oscuro– que lo lamenta.

Salud, Mr. José, m’anque sea con Peñafiel.

6 thoughts on “José José

  1. Mucho de referente generacional tiene el Príncipe, así, con mayúsculas. Desde el tributo hecho por Café Tacvba el al, hasta la novela Nada que ver, de Jorge Dorantes, cuyo clímax ocurre cuando los protagonistas coinciden con José José en la fiesta de un penthouse en Las Vegas.

    Un personaje mítico, donde los haya, nuestro crooner mayor.

  2. Chingona la crónica, Ira. Eres imparable.

    ¡En el 93! Yo no empecé a organizar conciertos (mi primer trabajo “decente”) para la UNAM hasta el 95. En el 93 yo vendía cómics en el infame pericuapa.

    “Nuestro crooner mayor”: así es. A algunos les tocó Tom Waits… a nosotros, José José.

    Pido un aplauso.

  3. me invade, me corroe y me gana para sí LA ENVIDIA.

    qué no daría yo por unos minutos con Su Majestad, para expresarle mi gratitud por haberme formado sentimentalmente, para decirle que su vida es la de todos, que es el padre alcohólico, irresponsable y ausente que casi todo hogar mexicano ha tenido alguna vez. que es, en suma, un grosso, una leyenda, un referente.

    TODOS SOMOS PEPE PEPE.

    igual yo tengo el autógrafo del vampiro canadiense, una foto de carmen salinas en mi celular y gocé de la mirada fugaz y coqueta de rosario robles en plaza universidad. no cualquiera. envídienme y no se corten (?)

    salut.

  4. pd: y, por supuesto, tu post, más allá de la anécdota, es excelente. eso de conaculta región cuatro me mató.

    y altos agradecimientos por su visita y comentario en mi blog. halagado yo y correspondida usted.

    salut.

  5. I bow down to my friends, Bef, Ernesto, Noé. De hecho, lo escribí pensando en ustedes. No hay nada más lindo que compartir malteadas pasadas, with the right peopl, that is.
    Uf, el mood decembrino me ataca, pero tengo que decirles que ustedes son lo mejor de este blog.

    Y si, José José gobierna durísimo, como chingados no.

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