Ser libre

Me faltan terrenos por conquistar, pero hoy puedo decir que soy libre para decidir con quién me paso Navidad. Es increíble qué poco común es la gente sin compromisos para el 24 de diciembre.

¿Y tú, con quién vas a estar? La mitad de la noche con mi madre, la otra mitad con mi suegra; en casa de mis primos que se cagan; en casa de mi novio en donde les cago; vamos a cenar a un restaurante horrendo; vamos a pasarla de ultragüeva en lo de mis abuelos; tengo que viajar miles de kilómetros para ver a la tía Chana aunque sea este día porque nunca se nos da la gana y no vaya a cambiar el testamento; ni me digas-tengo-que-cocinar-para-35-personas…

O luego sale peor: la familia escoge el mero día para sacarse los trapos al sol, salir del clóset o mentarse la madre.

Dios, ¡qué ganas de hacerse la vida de cuadritos!

Lo mejor de mi condición de “desfamiliada” (y miren que aunque lo duden hay muchas cosas buenas) es que su servilleta se levanta el 24 de diciembre justo al medio día –no hago cena, no regalo nada y no voy al salón de belleza–, levanta el dedito en gesto de test para la dirección del viento y se pregunta: “Ira, ¿a dónde se te antoja ir hoy?”

La nochebuena es una linda noche de tragazón sin culpa, ¿por qué todo mundo tiene que estresarse tanto?

4 thoughts on “Ser libre

  1. Es una de los ofrecimientos más hermosos que me han hecho este año. Lograste que mi corazón temblara como un flan.
    Me encantaría visitar la casa Priego aunque sea un rato y beberme un trago con ustedes. Seguro nos vemos allá pues. No me quedo a cenar, ¿pero que tal un brindis, te late?

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