Adiós master Stanilaw

Quería hacer una apología de Stanislaw Lem; iba a decirles que casi empecé a escribir porque me dio envidia lo que me había hecho sentir.

Les iba a contar cómo me agarró desprevenida en una lavandería pública uno de sus cuentos, cómo me sacó del rumbo. Por un momento viajé por el tiempo en una nave plateada. Esa fue la primera vez que pensé que los viajes en el tiempo no son más que una alegoría sobre nuestra imposibilidad de comunicarnos.

Volé en una nave que era mi cuerpecillo de tiernos 15 años. Pinche “ruso”, pensé. Será por ruso que sabe cosas de que yo no puedo comprender. Luego supe que no era ruso sino polaco y que no era por polaco que entendía mejor a los humanos que yo, sino por listo.

Ah que ponzoña de inteligencia tenía este señor.

Pues yo les iba a contar, pero el luto me invade. Ese luto privado que nadie podría comprender más que otro fan.

Adiós Señor Lem. Cumplió usted bien lo que le tocaba, creo. Vivió lo suficiente para ver su tierra convertida en un putero y lo hizo con dignidad. Cumplió master Lem. Conmigo, al menos.

2 thoughts on “Adiós master Stanilaw

  1. qué mal. encerrado todo el día en la facultad ni me había enterado. esa si es una muerte gacha. yo lo conocí por mi abuelo que en su heroíca colección de casa de las américas de cuba (si la memoria no me falla. el chiste es que era una colección y/o editorial cubana) tenía varios volumenes de lem. eso sí pone triste.

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