De uno en uno caray

Cuando recién comencé a escribir en este blog comenté sobre un encuentro fortuito que había tenido con el hijo menor del escritor Salvador Elizondo. El post se llamaba algo así como “Los Elizondos” y sacaba ponzoña por lo que me parecía un junior típico desperdiciando un apellido.

Gracias a las fantásticas personas que conocí durante los últimos doce meses, mi opinión sobre el escritor ha cambiado. Releí algunos de sus cuentos y ahora caigo: Farabeuf es una obra de tal inteligencia que no pude comprender a la primera. La boba, as usual, era yo.

Eso no quiere decir que considero al junior un mejor pintor (era a lo que se dedicaba cuando lo conocí, quién sabe ahora en que ande), ni que festeje su blandir de talento mediocre a la sombra de un apellido de ese tamaño. Lo que no puedo evitar imaginarme es lo extraña que le parecerá de ahora en adelante su vida sin su padre.

A México se le acaba de morir una mente prodigiosa, un escritor culto (como ya casi no hay, ahora levantas una piedra y todos son re originales) y el papá de un tipo muy conflictuado por su calvicie juvenil, lleno de inseguridades como cualquier ser humano y con el que alguna vez tomé un par de chelas.

Que tenga usted el sueño de los justos Sr. Elizondo.

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