Healing Pixies

Tuve dos días espeluznantes. Cuarenta y ocho horas sumergida en un mar de aprehensión y desesperanza. Le platiqué el meollo a una amiga gachupa en el coche. Me veía con sus ojos pequeñitos, verdes, como de animal nocturno. Balbuceaba cosas como “Joder, chiquilla, que mal rollito” y otras españoladas como “Tronca ¡no me digas!”.
Luego la españoleta tuvo que irse y fue cuando escuché el ‘clang‘. Aaaacabáramos, diría mi papá.

Pensé en la locación. Un gran veinte en mi vida acababa de caerme frente al metro General Anaya. Pinche estación fea, siquiera me hubiera caído en la de metro Chabacano, allí filmaron la única película de Schwarzenegger que me gusta. Al lado de las fritangas, la línea de peseros y taxis, cerré un ciclo que duró exactamente tres años. Allí mero.

Fue como deshacerme de las pesas en los pies y subir por fin a la superficie. Jalé aire con todas mis fuerzas.

Casi por instinto busqué el Doolittle y el toca cds se lo chupó. Los oligofrénicos gritos de Frank Black fueron mi canción de cuna, mi tonada de redención, la esperanza, mi anita la huerfanita …seguro que hay sol, mañana.

Cántame Francis, cántame…

Don’t know about you, but I am un chien Andalusia
wanna grow up to be
be a Debaser

Me tomé mi tiempo en el camino de regreso a casa. El segundo piso del periférico a la altura de Altavista, sus sombras verdes, esta ciudad camuflada de reino luminoso, con encuadres felinos (de Fellini). El hombre que vende cerillos me esperaba como siempre, en la misma esquina sin reconocerme. La casa de unos que fueron mis amigos y ya no lo son. El coche estacionado en la puerta.

Me convertí en Crackity Jones… He got friends like Paco Pico Pieeedra La muñeca.

Quise hablar con otro carnal que un día se cambió de ciudad y me dedicó Wave of Mutilation. Busqué el celular para llamarlo, pero me sentí más tranquila de no saber de él. No necesito saber nada más que seguimos siendo amigos.

Cuando pasé el SevenEleven me asaltó el fervor católico; la idea de dios que tantos años de mal entendida izquierda no han logrado arrancar. El fervor solito empezó a cantar:

If man is five, and the devil is six, then god is seven.

No existe otra forma de expresión humana más sanadora que la música.

¡Vivan los Pixies, chingado!

2 thoughts on “Healing Pixies

  1. curiosamente al empezar a leer tu post comenzó a sonar “monkey gone to heaven” en el iTunes. y al final me doy cuenta que la última cita es de esa rola, precisamente!!!
    vivan los pixies, chingao!!!!

  2. Como no, mi Ira querida! La música es un buen antídoto contra esta vida aburrida y antiheróica.
    Un par de discos de Bowie, los Flaming Lips o Pixies, pueden hacer la diferencia entre irse o quedarse por un poco más de lo que sea que nos esté esperando a la vuelta de la esquina o al final de la canción.
    Beso, y un acorde menor (que son los más ponedores)
    Salú,
    M

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