Hablar o no hablar

Tuve una velada fantástica con un hombre que admiro muchísimo. Me había prometido no darle bola al asunto “Edgar se cae” porque si hay una definición de la palabra ‘despropósito’ es precisamente este popular video, pero no pude evitar sacarlo a plática. Por fin escuché una opinión inteligente a ese respecto y quisiera seguir aquí la reflexión.

Los que se ríen con “Edgar se cae” parecen no darse cuenta de que están en tiempo de elecciones, por ejemplo. Son como George W. Bush: al fin llegaron a la cima del mundo y no hacen más que viciar el aire con estupideces.

Digo que están en la cima del mundo porque aceptémoslo, los que pusieron de moda el videíto no son los amigos de Edgar que viven en una colonia popular de Monterrey, esos ni siquiera tienen internet.

A los que les encanta el video son a aquellos sobrevaluados ‘creativos’ que deforman la ciudad con sus super ideas en una campaña publicitaria de Mc Cann Erickson. Les gusta a los que deciden qué artículo va o no va en una revista, en un periódico, a los que deciden qué rola está buena y la programan en una de las dos ¡dos! estaciones que todavía programan rock en esta ciudad.

Les gusta a los que están suficientemente colocados como para mirar con desprecio burlón al abismo, a los que creen que el abismo nunca los va a mirar de regreso.

Ríe la clase media, los que alguna vez fueron universitarios, los blandengues que no reconocen que tienen el poder en sus manos y se dedican a mearse en los pantalones.

Otro ejemplo de estos tipos (algunos amigos míos) admirando las ropas del emperador.

No es un discurso moralino. Cada que puedo me río de la desgracia del otro, pero al menos me doy cuenta de que estoy encuerada.

Mientras que se mueran los mineros, que se meta a la contienda un asesino, que nos enjareten intereses de usura en las tarjetas de crédito como nos enjaretan leyes, impuestos y programas de televisión. Que sigan repartiéndose los premiecitos literarios entre cuates. Que sigan programando a Panda. Que nuestro mejor periodista sea un payaso. Que todos los periódicos se parezcan a Reforma. Que en el Excelsior sea columnista político un ex locutor subnormal con aires de cineasta que no es capaz de escribir una línea coherente (Olallo Rubio).

Mientras ustedes se ríen dos o tres veces más de que Edgar se cae, que a este país se lo lleve la chingada.

4 thoughts on “Hablar o no hablar

  1. Me encantas cuando estás encabronada porque te salen lucideces que ya me hubieran gustado para un domingo.

    Besos.

    G.

  2. Nuevamente, te aplaudo. Coincido plenamente. Y yo, que casi vivo en línea, no he visto el mentado videíto. (Por supuesto, me contaron de él, con opiniones muy parecidas a las tuyas).

  3. Hola Guillermo y Ernesto.
    Lo malo de este post fue que dos personas que NO habían visto el mentado video perdieron algunos minutos de su vida en bajarlo para entender de qué diablos hablaba yo.
    Me sentí un poco culpable.
    Son los riesgos que se corren por hablar. Ni modo.
    Como bien sabe Ernesto, “to speak is never neutral”.
    Besos.

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