La zoociedad de escritores

Pongan a 20 escritores a convivir durante dos años y conocerán el significado de la palabra “maledicencia”.

Es una delicia contemplar una guerra de egos, aunque siempre se disfruta más de lejitos. Se parece mucho a la trama de una novela del siglo XIX, donde se hiere con la pluma y sólo el tonto muere en el combate final.

Aprendí muchas cosas en el diplomado de Sogem, pero la que no voy a olvidar nunca es que la inteligencia y el talento son características menores. La integridad, esa sí que es difícil de alcanzar.

***

Rascón Banda, presidente de esta sociedad de escritores (y según las malas lenguas nuestro próximo Conaculto) cerró ayer nuestro diplomado. Su costumbre es despedir a cada generación con un discursillo sobadísimo sobre el poco reconocimento de los artistas en este país y lo valientes que somos por tratar de dedicarnos a esto. “Bienvenidos al mundo real”, decía, en una personificación cercana al Lawrence Fishbourne de la primera Matrix. Nosotros, los nóveles escritores/KeanuReeves abriámos los ojotes en señal de cuasirespeto, aunque la verdad yo me estaba jeteando.

Fue hasta que Rascón empezó a ‘vender su producto’ que paré oreja. Allí estaba, como una tocapuertas de Avón, señalando las bondades siniestras de ‘pertenecer’.

“Aquí los vamos a defender contra todo y contra todos. Así como defendimos al tipo que publicó un pseudo poema que contenía faltas al lábaro patrio. Debo decir que el poema era una idiotez de mal gusto y una porquería, pero nosotros defenderemos hasta la muerte su derecho a decir idioteces“.

A mi silla le salió una estaca cuando Rascón dijo esto. Quise levantarme para gritar que esa máxima voltaireana era justamente lo que nos tenía hundidos en esta esquizofrénica libertad de expresión, en el sin sentido mediático, en el balbuceo optimista de la izquierda desorientada y senil.

Ahora que lo pienso, Sogem también me enseñó a no creer ciegamente en nadie, ni siquiera en los clásicos.

3 thoughts on “La zoociedad de escritores

  1. para estulticia y mal gusto, btw, he allí la obra de rascón. pero más su discurso, en el que convergen dosis groseras de oportunismo y chabacanería.

    eso sí: no creo que se pueda poner en crisis las ideas de voltaire sacándolo de su contexto y pasándolo por el filtro de un “exégeta” tan cuestionable como vhrb. voltaire encarnó, en vida y en obra, una gozosa reivindicación del placer, de la libertad plena y del rigor crítico. vhrb tan sólo lo utiliza, como utiliza a tantos otros, para situarse al lado de las “víctimas” y apuntalar su carrera política. honda y caudalosa diferencia.

    por acá seguimos.

    salut.

  2. Querido Noé, tienes razón.

    No quise decir que debíamos quemar nuestros tomos de Voltaire, sino dudar del contexto en el que, como bien apuntas, lo usan algunos para apuntalar sus carreras políticas. En el post digo que “aprendí a no creer ciegamente en nadie, ni siquiera en los clásicos” y sigo pensando lo mismo. Cada vez estoy más cierta de que los clásicos no son sujetos de fé, sino fuente de preguntas, dudas y encarnizados cuestionamientos.

    Por otro lado, prometo leer una y otra vez su “Tratado sobre la tolerancia” y discutir exáctamente en qué contexto y para qué usó aquella legendaria frase, antes de seguir con esta rica discusión.

    Intuyo, sin embargo, que el bienamado Voltaire estaba lejos de defender la gratuidad de cualquier pelado para proferir sandeces.

  3. Hola, Ira. Vengo desde la bitácora de Bef y a partir del debate más reciente.

    Pensando en los comentaristas anónimos de aquel blog, se me ocurre esto: yo creo que Voltaire sabía (aunque nosotros lo olvidemos a veces) que el respeto por lo que digan los demás tiene como contraparte la responsabilidad personal de cada uno con lo que dice. Para empezar.

    Y también creo que, si vamos a quejarnos de las tonterías que flotan por todas partes, el énfasis no debería estar en el “pelado” que las dice: aunque tú no la hayas empleado sino para decir “tipo” o “sujeto”, la palabrita implica prejuicios que no deberían venir a cuento (por las implicaciones racistas y clasistas que tiene en nuestro pobre país), y muchas personas de noble cuna y caros títulos universitarios también dicen idioteces. Me dirás que la aclaración era innecesaria; mira el tablero de mensajes de Bef y verás que no lo es: que nuestra sociedad está muy polarizada y cada vez peor.

    Por contra, el énfasis debería estar (pienso) en las “sandeces” mismas. ¿Debe aceptarse que existe el derecho de decirlas? Sí. ¿Podemos criticarlas? También. ¿Podemos exigir responsabilidad a quien las diga? También. ¿Nuestra crítica deberá ser hecha igualmente de manera responsable? También.

    Un saludo desde otra bitácora

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