Fraude

No quiero perder la costumbre de hacerlo todo personal.

Se puede filosofar muy bonito sobre “el ser y sus foquitos” para zafarse de ese humillante recuerdo: todos los días te levantas con chinguiñas, mocos, resfrío, baba, caca, pretensiones políticas y sueños pachecos.

(No tengo nada contra la filosofía y su formalidad, pero le encuentro mucho más sentido si dedicas tu vida a entera a formular máximas (o te llamas Sören o Immanuel o Juan) que cuando te llamas Roberto o William y nomás jodes con tus encíclicas vacías).

Así que el fraude me está pasando a mí y estoy muy encabronada.

No debería estarlo. Debería ser la más fría y decir, “claro, ya sabíamos que esto iba a ocurrir”. Pero mis amigos se sorprenden por teléfono y me preguntan “¿y si comprobamos que fue fraude, qué vamos a hacer?”. No podemos comprobar que fue fraude. Y con lo agachones que somos como clase media, no vamos a hacer absolutamente nada.

Agachones como escritores, como periodistas, como artistas. En una semana, o en septiembre si se impugnan los resultados, vamos a regresar a pastar de nuestro sueño clasemediero: camionetita en un garage de puertas automáticas (o un Mini que pa’l caso es lo mismo), un hermoso labrador finolis que me quiera mucho, una mujercita limpia, delgadita, que no me haga quedar mal frente a mis cuates por su ignorancia, o un hombrecito no muy naco workaholic que me cumpla mis gustitos.

Lo peor es que yo tampoco creo en las instituciones. No creo en el voto, no creo en el Peje y mucho menos en el otro pelón.

Yo, como Lennon, dejé de creer en los Beatles desde hace más de 15 años.

No creo en intelectuales como Elenita P. que se refiere al pueblo de México como “gente tan buena”, no creo en el IFE que se espera hasta las 11 de la noche para avisar que se tomarán tres días para inventar un resultado; no creo en el rey chiquito (AMLO) que dice respetar las instituciones pero que dicta un pacto entre todas las facciones, es decir, se pone a gobernar antes de que nosotros lo llamemos presidente.

No creo en FECAL que cierra el eje 8 a modo de boda de pueblo para pronunciarse ganador con la sonrisa de aquel que “ya chingó”.

Sin afán de rasgarnos las vestiduras, les recuerdo, el fraude –hayan votado por quien hayan votado– está dentro de sus casas.

6 thoughts on “Fraude

  1. ira, una vez más te llevas mis aplausos. has plasmado perfectamente todo lo que traigo en la cabeza desde hace un par de días.

  2. Ernesto P.
    Gran cosa esa de habernos visto recientemente, debiéramos hacerlo más seguido. A ver cómo salimos de esta rota sensación los de siempre, los “sad and fucked”.

    Edgar, ohh, me sonrojas. Gracias por darte tus vueltas.

    Ernesto S.
    Una lástima sentirnos así. No quiero repetirme, pero siento que vamos al revés carajo. Un saludo, casi nos conocemos en la fiesta de tu tocayo, pero te fuiste tempra.

  3. vaya, ya me habian dicho que tenía que leer tu blog. ¿Quién más defenderá mi derecho, si no lo hago yo misma? Y, ¿Quién se unirá a defender el derecho propio al mismo tiempo que yo?
    Sólo queda esperar y contagiar.

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