A ver, un ejercicio

Ya hombe, este blog anda muy bajoneado, mejor nos quitamos la depresión post electoral, porque deprimidos no le servimos a nadie. A trabajar, que el mundo se va acabar.

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Estoy escribiendo una obra de teatro y quiero compartir con ustedes una escena (se supone que es la segunda pero quién sabe cuando la termine en qué lugar quedará).

Si alguien sabe de tiatro o aunque no sepa nada de tiatro (como su servilleta), porfa comenten si le creyeron a mis personajes o no.

Ándenle, no sean malos coméntenle.

Bueno, aquí va.

Olga está en la banca de un parque. Se acerca un niño de 10 años con un Gameboy en las manos.

Niño.- ¿Estás llorando?

Olga.- ¡Qué te importa, escuincle metiche!

Niño.- ¡Ash, que infantil!

Olga.- No estoy llorando.

Niño.- ¿Por qué lloras?

Olga.- ¡Qué parte de no estoy llorando no entiendes, chingado!

Olga hace una pausa y empieza a sollozar.

Olga.- ¡No sé!

Niño.- Ya, ya, no estés triste.

El niño saca un kleenex de la bolsa de su pantalón y se lo ofrece. Olga lo toma y se seca las lágrimas.

Olga.- (sollozando) Mira… primero eres… niño… y luego eres… niño, no me vas a entender.

Niño.- Voy perdiendo, ¿quieres ver?

El niño se sienta junto a ella, sigue jugando, le muestra el videojuego. Olga se interesa.

Olga.- (todavía un poco triste) Está padre tu cosa ésta.

Niño.- ¿Verdá?

Olga se seca las lágrimas y ríe un poco al verlo jugar.

Olga.- Ay chaparro, ¡qué malo eres!

Niño.- ¿Sí, verdá? Yo no quería un Gameboy, pero mi mamá me lo compró a fuerzas.

Olga.- (suspira) Así son.

Niño.- Me cae bien mi mamá, pero luego es medio no sé cómo.

Olga.- ¿Medio cabrona?

Niño.- Si, medio así.

Olga.- ¿Dónde vives?

Niño.- No te puedo decir. Hay mucha inseguridad en esta ciudad.

Olga.- Ok, no me digas.

Niño.- Vivo aquí enfrente.

Olga.- Yo también.

Niño.- Si, ya te había visto. Tú eres la del carro rojo con un ‘choquesazo’ en la puerta ¿no?

Olga.- Cabrón chamaco.

Niño.- ¿Y tú eres señora o chava?

Olga.- Señorachava.

Niño.- Ahh, pues no te ves como señora. Más bien pareces como niña, pero grande.

Olga.- ¿En serio?

Niño.- Si, mi mamá diría que eres bien infantil.

Olga.- Tu mamá es bien perceptiva. La mía también diría eso.

Niño.- ¿Y de qué se murió?

Olga.- Yo no dije que se había muerto.

Niño.- Bueno pero ¿de qué se murió?

Olga.- Le dio Ébola y se murió…

Niño.- ¿A poco, sí?

Olga.- No se murió de nada, nomás se murió. Como todos los que se mueren.

Niño.- Ahh.

Olga.- ¿Cuántos años tienes?

Niño.- Diez… ¿La que vive contigo es tu mamá o qué?

Olga.- ¿No quedamos que mi mamá se murió?

Niño.- Pero tú dijiste que no se había muerto.

Olga.- Niño me estás cayendo muy mal.

Niño.- ¿Es tu mamá?

Olga.- No.

Niño.- ¿Entonces es tu novia?

Olga.- ¡No seas tarado, escuincle, qué preguntas!

Niño.- Ah, es tu hermana.

Olga.- Siii, es mi hermana.

Niño.- ¿Es buena onda?

Olga.- Algo así. Era buena onda antes… y luego ya no.

Niño.- A lo mejor tú eres la mala onda.

Olga.- Yo no soy mala onda.

Niño.- Si eres.

Olga.- No soy.

Niño.- ¡Qué sí!

Olga.- Sigue perdiendo en tu Gameboy niño, no estés jodiendo.

Niño.- Eres mala onda, como las niñas.

Olga.- ¡Largo de aquí!

Niño.- Ya me voy.

Olga.- ¡Pues ya!

El niño se levanta de la banca pero se queda de pie frente a Olga.

Niño.- Pero ya no llores ¿ok?

Olga.- Si hombre, ya no lloro… Yaaaa, pues, ya no lloro ¿ok?, ya.

Niño.- ¿De veras?

Olga.- ¡Chécame los ojos, ándale! Están secos.

El niño le toca la cara a Olga. Una pausa.

Niño.- Si ya no lloras. Bueno, adiós.

El niño se levanta y se echa a caminar mirando su Gameboy.

Olga.- Gracias.

Niño.- De nada.

¡Albricias, albricias!


Mi adorado Bef ha ganado, como se merece, el premio “Memorial Cañadas” a la mejor primera novela policiaca presentada en la Semana Negra de Gijón, España, por Tiempo de alacranes.

Lo ganó por unanimidad, canijo.

Bef es una pistola (y lo sabe) por lo que preveo regresará borracho de guirnaldas, con su carita de “me da pena ser tan bueno” y una sonrisa indeleble.

Acá te esperamos para abrir la champaña.