Borré una entrada

Lo pensé mejor. Es la primera vez que borro algo de este blog.

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Toda una mañana evitando y mi soundtrack

A veces hay tanto que pensar que no hay tiempo para escribir; o no en el blog, acaso en otro lugar de menos confrontación.

Escribir es eso que uno hace para conocer (se). Y a veces, cuando hay tanto que pensar, es porque uno está evitando sentir.

Así que hoy nada, nada mío, excepto mi servicio de síntesis informativa:

la joven austriaca que salió a la vida después de ocho años de encierro. El tipo que la tenía guardada se descuidó, dicen que perdía interés conforme la chica iba entrando a la adultez. Es extraño que haya salido unos meses después de haber cumplido la mayoría de edad. Amarga metáfora ¿de la familia? ¿del amor?
Por otro lado, amarga realidad: no bien llegó al hospital, los tabloides ya le ofrecen 50 millones (de lo que sea, que para el caso es lo mismo) para contar sus dirty little details. Dirty little society we all live in.
Todos queremos saber, es lo peor.

-En el diario The Independent le hacen algunas preguntas a Noam Chomsky sobre la guerra, el sionismo y el papel de Estados Unidos en el orden mundial.
Son reveladoras sus respuestas; pero los cuestionamientos — gente común de todas partes del mundo– lo son mucho más. (Aquí están las que más me llamaron la atención, pero se lee completo acá):

Will Anarchism ever be taken seriously as a political philosophy? IAN DUNT

That’s up to us.

Bono called you “The Elvis of Academia”? What do you actually think of his music (Elvis, not Bono)? And how do you find the time to read so much? HICH, NOTTINGHAM

Afraid all I know about Elvis is what I hear from my grandchildren. On reading, you’re touching a sore point. It’s painful to be able to read so little of what I should.

To what extent does the language of the Piraha tribe (which has no subordinate clauses, numbers or descriptive words) invalidate your work on linguistics? KEVIN RODGERS

The reports are interesting, but do not bear on the work of mine (along with many others). No one has proposed that languages must have subordinate clauses, number words, etc. Many structures of our language (and presumably that of the Piraha) are rarely if ever used in ordinary speech because of extrinsic constraints.

Is it time to give up on liberal democracy? PAUL ROGERS, VIETNAM

Reminds me of a comment attributed to Gandhi, when asked what he thought of Western civilisation: “It might be a good idea”.

Where do you find the courage? CAROLE CRAIG, IRELAND

For people as lucky as we are, it takes no courage.

-Ésta última es devastadora.

-La nota en Reforma “Falla México a sus adolescentes: Unicef”. No voy a comentar el estilo estadístico, rollero e imprecatorio del Reforma, sólo pienso que si estamos fallándole a los adolescentes es porque todavía somos un pueblo de púberes. Sólo eso.

***
El teacher Guillermo Vega roló la encuesta y viene mucho al caso con el último post de Bef. Así que contesto el chan chan chan ‘soundtrack de mi vida’.
De antemano se entiende (bueno, yo lo entiendo) que los soundtrack cambian con el estado de ánimo, lo que uno está viendo en terapia y las personas a las que uno extraña en esa precisa rebanada de vida cuando te llega el cuestionario.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Les envidiaba sus discos de Los Pixies a los Priego y el de Los Pogues. Soy la última de una gran familia de melómanos, así que todos mis hermanos tuvieron discos fantásticos (los de Pink Floyd, los de los Beatles, los de Talking Heads, los de The Cure, incluso los viejos de Saturday Night Fever y Gloria Gaynor), en mint conditions que jamás me hubieran dejado tocar con mis cochambrosos deditos olfativos (my brother dixit)

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
El Final Cut de Pink Floyd, que me senté a escuchar con mi hermana en un lúgubre departamentito de Buenos Aires cuando cumplí 11 años.

¿Cuál es el disco que peores recuerdos te trae?
Un par de recopilaciones de tango que me prestó un imbécil al que por fortuna ya no veo. Por supuesto, tus discos, babosete, se quedan conmigo.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Mmm, vamos a ver, creo que uno de Silvio Rodríguez o uno de Mexicanto, aunque comprendo por qué me gustaban en aquella época.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
No lo perdí, casi lo regalé. El BBC sessions de David Bowie que uno de mis mejores amigos me pidió y yo sabía que nunca me iba a devolver. Ni modo, uno conoce a su gente. Ahora me da mucho gusto que él lo tenga.

¿Cuál es el disco o discos que adquiriste más recientemente?
La verdad bajo por internet muchos más de los que compro. Lo último que bajé fue uno de Calexico y otro de Tv on the radio.

¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Jajaja. ¿Quién hizo esta pregunta?

¿Cuál es el disco que más prefieres para hacer el amor?
Jajajajaajaja. De verdad, ¿quién hace estas preguntas? ¿Alguno de ustedes es tan nerd para decirle al objeto de deseo en cuestión: ” ‘perame, vamos a crear el mood, no te me vistas” ?

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Que toquen There’s a light that never goes out de los Smiths. O alguna con la que me lloren mucho para que en menos de un mes puedan olvidarme casi por completo.

Te vamos a extrañar, Plutón

Nos lo mandaron al diablo por mísero y errático.

A mí me caía bien Plutón. Era uno de esos planetas helados en los que imaginaba mis historias de ciencia ficción en la adolescencia. Estaba lejos y era casi una piedra fría; la humanidad de los personajes en un ambiente tan hostil salía más fácil. De más pequeña, en la primaria, pensaba que alguien había formulado una broma al ponerle ese nombre al último planeta.
¿Cómo Plutón? Parece un adjetivo. Me hacía gracia la palabra, pues.

La influencia de Plutón en astrología tiene que ver con las transformaciones. Sobre todo con la muerte:

“Plutón significa transformación. Es decir, la eliminación de lo no necesario para posibilitar un cambio fundamental (pasar de una forma a otra); la fuerza motivadora que busca y produce este cambio.

De todos los planetas, Plutón es quizá el más difícil de entender, lo que no debe sorprender, ya que el paso desde un planeta cercano a la tierra a otro más lejano siempre insinua una elevación de nivel; Plutón (junto con Neptuno) es el más lejano del centro del sistema solar. En un nivel humano, Plutón suele representar lo “esencial” de nuestra vida: o sea, ¿en qué tenemos que concentrarnos si queremos efectuar un verdadero “salto” desde un nivel a otro en la vida?

Así que ya no más transformaciones. Es casi un augurio: la segunda época victoriana del “aquí no pasa nada” ha comenzado para la humanidad.

Por otro lado, me cae un poco mal que los científicos hayan llegado a la conclusión de que sólo hay ocho planetas “clásicos”. Me recuerda peligrosamente al mamoncísimo ‘grupo de los ocho’.

Me recuerda que según la organización mundial que nos rige ahora, sólo hay ocho países de a devis, los demás somos naciones enanas, segundonas, de segundo uso.

Pensándolo bien, los científicos pueden irse al carajo: para mí Plutón seguirá siendo un hermoso helado planeta y Caronte su satélite.

Lupita

Lleva realizando el quehacer doméstico en mi casa unos 10 años. Tal vez más. Aunque sólo viene una vez a la semana, lo de “entrada por salida” ya le queda corto.

Tiene cinco hijos, dos de los cuales ya la hicieron abuela. Lupita tiene 42.

42 y ya es abuela de un bebé y un peque de tres. El último marido era un tablajero y creo que no existe, o existe para otra Lupita que no es la que viene a trabajar acá.

Nuestra Guadalupe educó, sola –qué más– a todos sus hijos. Un chamaco le salió bien movido y entró al Conalep a estudiar auxiliar de contador. El otro es ayudante de mairo en una construcción. Otros dos nunca vienen pero todos trabajan y le ayudan a su madre, que en honor a la verdad es bastante mal hecha pero no falta y se pone unas chingas que ya quisiera uno de nosotros en el gimnasio.

Su hijo más chico, Giovanni, está en la secundaria y quiere ser cantante.

Cuando lo conocimos era un mocoso que no alcanzaba ni el primer nivel del librero. Rompía las cosas, jugaba con mis juguetes (por supuesto que tengo juguetes, qué se creen que soy, ¿un adulto?) y una que otra vez lo sorprendí hojeando mis cómics.

Nunca le dije nada, pero le daba pena y dejó de hacerlo.

Hoy la Lupilla estaba muy platicadora.

Me dijo que le había prohibido a Giovanni inscribirse en La Academia o Cantar por un sueño o alguna mamarrachada de concurso televisivo.

“Siempre ha querido cantar”, me dijo, “pero allí no lo voy a dejar entrar”.

Recordé al mocosito, llenando de caramelo las páginas de mis cómics, cantando a todo lo que daba.

Lo conozco de toda su vida y nunca me había dado cuenta, se la pasa tarareando, silbando o de plano desentonando a grito pelón sin ningún pudor. Además, se nota a leguas que es el preferido de su madre. Es el único que la hace pegar carcajadas.

(Ése el delicioso puesto que nos toca jugar a los más jóvenes de la familia, muéranse de envidia).

Qué buena aspiración, caray. No acaba de sorprenderme. Cantar. Estudiar música. Su mamá hace el aseo, su hermano es cargador de bultos, el otro es ayudante de albañil. Él quiere cantar y aprender a tocar un instrumento.

Y qué dolor si no lo logra.

Ya les contaré.

Resulté perico

Yo no sabía nada de mi familia. Nada nada.

Somos una de esas con muchos secretos y muchos papeles extraviados. Los que podían contar ya no tienen cuerpo para hacerlo y los que quedan no hablan conmigo. O mejor, yo no hablo con ellos.

Pero fui a ver a mi primo preferido –mi único primo, vaya, el que flipaba por los Talking Heads que me dejó ver The Wall en cassette Beta cuando consiguió la primera copia pirata– y él me lo contó todo.

Ahora resulta que mi madre era poblana. Joder, ya sé de dónde saqué lo animal maldito.

Miento, sí sabía algo. Sabía que mi abuela era profesora comunista. No comunitaria. Comunista. Cantaba “La internacional” y todo.

Yo nunca he oído “La Internacional” en grabación. Sólo en boca de mi mamá y mis tías. Y nunca la terminaban de cantar porque se ponían muy sensibles.

Así que somos medio poblanas, medio comunistas, medio profesoras, medio transportistas (mis bisabuelos tenían una recua de ¡40! mulas, lo que equivale, en una ciudad de paso a la capital vía Veracruz, tener unos 10 tráilers ai ‘tacionaos).

También tengo un bisabuelo que firmó la Constitución (la primera) y otro (neta, pueden checarlo) que firmó la Carta de Independencia.

Me consuela no tener antepasados de derecha. No sé por qué, pero me consuela.

Pero tampoco tuve antepasados que anduvieran sumándose a movimientos sin pies ni cabeza.

Yo trataré de seguir la bonita tradición.

La luz

Seguido me pasan cosas extrañas. Soy extraña, igual que todo el mundo.

Buscaba el título para mi obra de teatro al tiempo que escuchaba a The Arcade Fire y ese gran álbum, “The Funeral”. Después de tanto tocarlo en mi iTunes, el Funeral y yo nos seguimos secreteando a gusto.

Tenía que encontrar un título y pensé “al menos uno provisional”; busqué en ese álbum que habla de la muerte recóndita, dulce, épica, saboreada. De la muerte en una maqueta, de morir en alguien para vivir siempre.

Se me hacía tarde y sin pensarlo me changanée el título de Un anne sans lumiere, una rolita donde la voz de Regine es casi un bálsamo.

Es un buen título para una obra aplastantemente maternal, femenina, todo lo que no puedo ser en público, pensé.

Escribí “Un año sin luz”; puse el texto en negritas, en eso tocaron el timbre.

-“Señito, ¿ya pagó su recibo?
-“Ay, dios, señor, eeeh, creo que noo”.
-“Híjole señito, pues se la vamos a cortar.
-“Espéreme, espéreme, espéreme”.

Corrí a salvar mi obra de teatro del olvido. Ctrl+G, Ctrl+G,Ctrl+G.

-“Ahora sí, ya la puede cortar”
-“Muy bien, señito, a ver si pasa a pagar mañana”.

Un año sin luz.

Caray, a ver qué otro día se me ocurre invocar cosas con mis obras.

Llamadas de emergencia

Ayer, después de casi cinco años, se dieron a conocer las llamadas al servicio de emergencia 911; ocurridas durante los primeros minutos de lo que hoy se conoce como fenómeno mediático, el “nueve once”(9/11).

La tirada, oops, la caída de las torres gemelas en Nueva York.

Aquí la síntesis y transcripción de una de ellas, reportada por el diario The Guardian:

Listen to me, ma’am,” the operator told a panicky Melissa Doi during a 20-minute phone call. “You’re not dying. You’re in a bad situation, ma’am.”

“I’m going to die, aren’t I?” she asked. “Please God, it’s so hot. I’m burning up.” But the operator encouraged Doi to keep her composure. “Ma’am, just stay calm for me, OK?” she asked.

A portion of Doi’s end of the conversation was played for jurors in April at the trial of Zacarias Moussaoui – the only person convicted in the United States for 9/11.

The conversation ended with the operator trying vainly to speak with Doi, a financial manager for IQ Financial Systems: “Not dead, not dead,” the operator said, to no response. The phone line cut out. Doi and others inside the tower would never make it out. “Oh, my lord,” said the operator, whose words to Doi were previously not made public.

Escuchar el pánico de una persona a punto de morir debe ser impactante, pero esa cuestión me parece menor.

Más raro sería enterarse por qué diablos los gringos no dejan de creen en sus instituciones jamás, ni siquiera cuando una laja de concreto se les viene encima y las flamas lenguetean por debajo de la puerta.

La Srita. Doi estuvo 20 MINUTOS hablando con una total desconocida con la esperanza de regresar de la tierra de los muertos, en donde ya sabía que se encontraba.

20 MINUTOS en los que no colgó para llamar a su novio o a su familia. 20 minutos pensando que su todopoderoso servicio de emergencias regido por el Estado la salvaría del indefectible infierno.

¿Algún mexicano habrá intentado otro número que no fuera el de su sacrosanta madre? Lo dudo muchísimo.

Estrella distante

Así se llama la novela de Roberto Bolaño que compré ayer y que devoré en una noche.
Muchos talleres literarios, regresar al pasado, enfrentar la adultez poética y política. Ash Bolaño, me volviste a dar.

Me pareció importante comunicar lo que me dijo Bolaño anoche:

“Entonces se hacía llamar Alberto Ruiz-Tagle y a veces iba al taller de poesía de Juan Stein, en Concepción, la llamada capital del Sur. No puedo decir que lo conociera bien. Lo veía una vez a la semana, dos veces cuando iba al taller. No hablaba demasiado. Yo sí. La mayoría de los que íbamos hablábamos mucho: no sólo de poesía, sino de política, de viajes (que por entonces ninguno imaginaba que iban a ser lo que después fueron), de pintura, de arquitectura, de fotografía, de revolución y lucha armada; la lucha armada que nos iba a traer una nueva vida y una nueva época, pero que para la mayoría de nosotros era como un sueño o, más apropiadamente, como la llave que nos abriría la puerta de los sueños, los únicos por los cuales merecía la pena vivir.
Y aunque vagamente sabíamos que los sueños a menudo se convierten en pesadillas, eso no nos importaba…”

Roberto Bolaño, 1996, Ed. Anagrama (quién más).

Momentazos

Recordaba grandes momentos de películas. Aquí los primeros cinco que se me vienen a la cabeza:

1. Heat, Michael Mann, 1995. El instante en que Robert DeNiro se vuelve personaje de pieza y decide vengarse de Waingro en lugar de retirarse con su mujer y su fortuna. Se trata del minuto reconocible por todos en que vas manejando hacia la felicidad (la que sólo existe como utopía) y, en contra de toda lógica, decides dar vuelta en “u”.
Ya lo decían mis maestros de teatro: carácter es destino. La tragedia del personaje de DeNiro es, como la de todos nosotros, ser nosotros mismos.
Es la tragedia de Edipo, la de Cole (Bruce Willis) en Twelve Monkeys, la de Dream en el Sandman. La de tantos más.

2.Keiner Liebt mich (Nadie me quiere), Doris Dörrie, 1994. Cuando Fanny Fink y Orfeo de Altamar bailan casi encuerados para celebrar el cumpleaños número 30 de Fanny. El disfraz de Orfeo es fantástico; usa su piel negra como camuflaje natural y se pinta un esqueleto fosforecente. Toda la película es una paradoja. Orfeo espera la muerte pero no le importa, está muy ocupado viviendo. Mientras tanto, su amiga Fanny asiste a clases de “muerte consciente” y construye su ataúd. No se da cuenta que con treinta años, nunca estará más viva. Al contrario, está obsesionada con el matrimonio, pero no encontrará pareja hasta que se permita ser feliz en soledad.

Fanny: I’m turning thirty this year. And you know the saying, a woman over thirty is more likely to get hit by an A bomb than find a man.

Fanny: I wouldn’t fall in love with me if I were you.

3.The Warriors, Walter Hill, 1979. Cuando van en el Metro. A la mayoría le gustan las escenas de madrazos, a mí también. Pero este momento es como ver, en cámara lenta, los ojos de quien te va a dar un beso (o un madrazo, for that matter). Nada más emocionante que la anticipación prolongada.

4. The Life Aquatic with Steve Zissou, Wes Anderson, 2004. Tiene varios, es una maravilla moreliana esta peli, pero hay dos que me conmueven muchísimo: los animalillos fosforecentes que caminan de noche por la playa y la aparición del tiburón jaguar. Toda la película es un tributo tragicómico al gran Jacques Cousteau. Para muchos de mi generación, Cousteau es todavía una voz extrañamente melancólica que sale cuando observamos el mar. Doblada al español con todo y mal acento francés parece decirnos:

“Los glllarciagues se tiñen de azzzul, todo perggmance en calgma, este añou tampoucou podrgemos enconggtrargg lo que buscábbamosss “

Si se conoce de la muerte del hijo de Cousteau, el momento más agridulce de la peli es éste:

Steve Zissou: Esteban was eaten!
Klaus Daimler: Is he dead?
Steve Zissou:Esteban was eaten! Check the scanning monitor before it dives too deep!
Klaus Daimler:He was bitten?
Steve Zissou:Eaten!
Klaus Daimler:[shocked] He was swallowed whole?
Steve Zissou:No! *Chewed*!

5.The Shining, Stanley Kubrick, 1980. Jack Torrance busca a su mujer. “Honey, I’m hooome”. Su efectividad reside en traer lo cotidiano a cuenta. En el fondo todos sabemos que la familia es el horror primigenio.