Pase la voz, el que termine primero le ayuda a su compañero

Gran nota de El País, calentando la fría mañana:

Olviden manifestaciones, plantes, huelgas y bloqueos varios. Para reclamar la paz mundial es mejor disfrutar. Es lo que han pensado los impulsores de Global Orgasm, que pretenden cambiar “el campo de energía de la Tierra aportando una oleada de energía humana lo más grande posible”. ¿Cómo? Poniendo de acuerdo a muchas personas para que tengan un orgasmo de forma simultánea y canalizando toda la energía en defensa de la paz mundial. Muchos ya se están apuntando. “Yo pondré mi granito de arena en este buena causa” afirma J. Moya. “Además es viernes”.

http://www.globalorgasm.org/

¿3 grados? Yo digo que menos

Hoy escribo desde (((ay no chinguen, qué pinche frío))) la oficina.

Tengo que dar gracias a una persona que no conozco llamada Lillian que dejó un comentario requete amable.

Dijo que yo la hacía reír.

Soy re mamerta, vieras, Lillian, una mugre consentida cuando me encelo, (vieras qué fácil me encelo) Por si fuera poco me deprimo fácilmente, le echo la culpa al frío y en últimas fechas me he vuelto una vil chilletas: lloro en todas las películas.
Aunque claro, las ganas de joder parroquianos (vienen del mismito lugar que mis lágrimas ) no se me quitan.

Hoy me vuelvo a dar cuenta de que cargo esta humanidad de forma malsana, medio aplastante, medio lujuriosa. Probablemente no queda opción menos ridícula que ponerla a disposición de la gente que cae en el blog.

Gracias por caer de vez en cuando a todos.

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Cumpleaños 25 de la mujer junto mío y su gran noche (según oigo en sus very loud phone conversations) la pasará lamentándose de que está “viejísima”, al lado de su madre en un concierto ¡de Paul Anka!

Me pregunto si uno nace así, mal dispuesto para la felicidad.

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¿Alguien sigue pensando que el frío es mental? Señores, es oficial, allá en mi pueblo mis gatos duermen abrazados y bajo las cobijas. Mental, my ass.

Que la originalidad no sé qué


En uno de esos mails que recibo se afirma que la originalidad no es decir cosas nuevas sino decirlas como si nadie las hubiera dicho antes.

Voy a intentarlo con el concierto de Morrisey de ayer en el Palacio de los Deportes.

Así que ahora sí traías ganas, loca de mi corazón.
Acabaste de cantar Panic y ya comíamos como periquitos australianos educados. De tu mano, cabrón, comíamos de tu mano.
Tuve un par de fans al lado que lloraron tantas veces como yo.
No acabo de entender por qué en el Auditorio, hace cinco o seis años, (quién lleva cuenta del tiempo) estabas tan ausente.
Ayer no. Ayer estabas frente a todos. Con tus anglomodos, con tu aterciopelada voz, tu panza, tus cuatro cambios de camisa de seda.
Esa cara tuya, cada vez más vieja, más entrañable, más lejos del James Dean y más cerca del tío Morrisey. Supongo que ahora que ya empiezas a envejecer te das cuenta de lo que significan tus canciones. Uno escribe y tarda años para entenderlo, eso lo sabemos.
Por supuesto que queríamos reírnos de tus chistes, pero naciste inadecuado, qué le vamos a hacer. Inadecuado te escribiste aquella de Everyday is like Sunday, un día de esos que te sentiste como cuando yo me quería morir. Alguien, un amigo temporal quizá, se tomó ese té grasiento contigo y te salvó la vida. Como a mí me la salvó Rodrigo cuando me enseñó esa canción.

Antes de que empezara el concierto, pasó frente a mí una amiga de la infancia, que representaba todo lo que alguna vez quise tener: cuerpo de modelo, una mamá cool y cultura gourmet.
Ella no me vió. Pasó frente a mí, con una bolsa horrible y el cabello güero hecho un trapo; un par de abultamientos, como colchones bimbo en la parte superior de las nalgas, como mamá gringa que alguna vez fue princesa del baile.
Y yo acababa de decirle a la amiga con la que iba que nunca me he sentido más bonita.
Cuando tenía 15 me sentía fuera del mundo.
A los 20 me sentía vieja.
A los 26 me quería morir.
A los 29 ni me acuerdo de ese año, estaba muy dopada.
Este es mi mejor momento. Lo sé. Como dicen en las películas cursis: “quedate quieta, quiero verte un instante. Nunca serás más bella, nunca más joven”. Así, sólo que ya sabes que no me refiero a ser bella de a deveras, sino a sentirme bella. A sentirme joven.
Y tú, pinche Morrisey, me recuerdas cuánto me tardé en llegar hasta aquí. Tus ojos arrugados prevén mi futuro, ya no tan lejano.
No tocaste There’s a light, mugroso.
Entiendo que no querías hundir más el cuchillo, ni modo.

Total, que te voy a extrañar. Yo y los de al lado y los del otro lado, el mamón del Rulo de 105.7, que según alcancé a oír, también se despertó de buenas (raro) nomás porque sabía que te iba a entrevistar. Suertudo gordo, se lo merecía después de tantos años de ser fan. Esa es la verdad.

Si hombre, tu Voz es triste (“We’re so depressing, see?”) pero igual, el mundo es un chiquero, Life’s a Pig Sty, ni qué hacerle y mejor que un día lo que vivimos en México nos podamos despertar y decir que vale la pena la jornada laboral porque voy a ver, of all people, al gay más guapo del mundo.

(ACÁ EL PLAYLIST, COMO HIZO FAVOR EL GORDIRULO EN SU MYSPACE):

1. Panic
2. First Of The Gang To Die
3. In The Future When All’s Well
4. You Have Killed Me
5. Disappointed.
6. Ganglord (°Good Song°)
— Moz: “That Song Was Called: ‘Get Your Fat Ass Back In The Ghetto’,
and ‘Mexico City, You Are Too Hot'” —
7. William It Was Really Nothing
8. Everyday Is Like Sunday (!)
9. Dear God Please Help Me
— Introduced musicians —
10. Girlfriend In a Coma
— He said something about her friend Christie was ill–
11. Let Me Kiss You
12. Change My Plea To Guilty
— He started singin’ “In Mexico… LALALA” but then played another song 😦 —
13. How Soon Is Now!!
— Moz: “MEXICO, MEXICO … MORRISSEY, MORRISSEY” —
14. I Just Want To See The Boy Happy
— Moz: “We Are Depressing, Very, Very Depressing” —
15. I Will See You In Far Off Places
16. Life Is A Pigsty
17. Please, Please, Please Let Me Get What I Want
— Moz: “Hasta Luego, Vaya Con Dios” —
18. The National Front Disco
— ENCORE —
19. Irish Blood, English Heart

Rectifico

Primero me parecía excelente. El sabor de boca después de chutarme las dos horas de “garritas Santaolalla” era dulce, aunque detrás dormía la condescendencia.

Babel tiene momentos estupendos, hay que decirlo: el autor es cada vez más avezado en esconder las costuras de su siempre tripartita historia. El director le saca un par de lágrimas a Cate Blanchett, que ya quisiera su mamá.
La historia de los niños con el rifle es de lo más entrañable y el chiste del “monstruo peludo” me encanta porque mi pudor victoriano no me permitiría hacerlo jamás.

Lo malo es que ayer fui con Benjamín al cine y me tiró el teatrito.

No había caído que estaba defendiendo Babel por las mismas razones que todos la atacan: una especie de trasnochado nacionalismo.
Soy de güeva, chingá!

Es casi peor que ser feminista por nacer mujer.

En mi pasaporte dice MEXICANA, pero difiero. Yo soy de mi casa, de mis muertos, de mis amores. No de mi país. Vayan al diablo. No vuelvo a defender algo por nostalgia patriotera. Esta fue la última vez.

A saber, Babel tiene al menos cinco grandes cosas que ninguna persona nacida en esta sociedad se cree:

-¿Quién se compra que una mujer que lleva 16 años de ilegal se aviente a cruzar la frontera con un par de güeritos sin permiso, sin papeles, sin un plan preestablecido, como toda una principiante?
-¿Quién se cree que las sirvientas mexicanas, que hasta en la ciudad forman verdaderas redes de apoyo, le nieguen una tarde a esta mujer, quien además se dirige a la BODA de su hijo?
-¿Quién se cree que una gringa, después de viajar miles de kilómetros en un viaje carísimo al desierto, a la mitad de un delicioso cous cous con pollo le formule la solemne pregunta a su marido de ¿oh, por dios, qué hacemos aquí?
-¿Quién se cree que esta japonesa con esas piernas y esa iniciativa no consiga alguien que se la eche?
-¿Quién se cree que la vida (en tres películas) no tiene ni un momento divertido?

Rectifico, antes de que se me culpe de doble cara: Babel me gustó, pero Arriaga, como todo buen rico culto, tiene serios problemas con la solemnidad.

Los que escribimos guión, observémoslo de cerca.

Joven ilustre

Como si tuviera 13:

Me emociono cuando apagan las luces en un concierto.
Me totaliza un buen orgasmo. Nada importa después de eso.
Me avergüenza aceptar un premio. El otro día me subí a un podio y me trabé. Sólo pude decir “gracias” a micrófono, con el mismo tono de voz que Mia Wallace dice “Vincent Vega”.
Me enojo con mis amigos. Los adultos de a devis, dicen, no se enojan porque pierden. A mí todavía me vale madres perder.
Gasto en un concierto el precio de un buen par de zapatos.
Trago trago trago, dieta dieta dieta
Me compro juguetes en los viajes. En San Antonio encontré un diorama de Drácula de Edward Gorey carísimo que mis compañeros periodistas observaron con recelo. ¿Para qué quieres eso? ¿Tienes hijos? … y yo con mi vocecilla disculpona: no, psss, es para mí, je, je.
Nadie me volvió a mirar con mucho respeto después de eso.

Convivencia

Con lo de la aprobación de las Ley de Sociedades en Convivencia se me antoja replantear el asunto de los derechos.

La ley debería decir, según yo, algo así:

Señor, señora, señorita, aprenda a dejar ir. Usted no tiene, tendrá, de hecho nunca tuvo
-aunque hubiere sido vuestra ingenua fantasía-, derecho sobre el otro. Si quiere dar está padre, pero recibir, eso es algo sobre lo que usted no tiene injerencia alguna.

En cuanto a su protección legal, váyale ahorrando y póngase a chambear. En cualquier chico rato se desdicen los legisladores.
+++

En San Antonio vimos a un par de chavas besuqueándose. La que iba conmigo, una compañera de trabajo hizo un comentario que me dejó helada:

-“Están muy escuinclas para tomar una decisión tan grande”.
-¿Decisión? ¿Cuál decisión? ¿A los cuántos años decidiste tú que te gustaban los hombres?
-Muy pequeña, ni me acuerdo, pero es diferente.
-A jijo, ¿cómo es diferente?
-Pues no sé, pero te juro que es diferente. Esas niñas todavía no lo saben, se van a arrepentir.

Terminé la charla lo antes posible, porque según la compañera, lo hombres sí tenían razones “hormonales” para “decidir” ser gays. Las mujeres no.
Ajá. Ok.

Hablo de una mujer de 37 años, actividad profesional redituable y divertida, ningún complejo o deformidad aparente. A primera vista no era alguien que comprara esquemas sociales predeterminados. Simpática, muy accesible.

Me dio un poco de pena. A esa edad y con la fantasía de que uno es capaz de decir su objeto de deseo. Chale.

Pensé que tal vez era responsabilidad de nuestro pobre sistema educativo. En la secundaria o en la prepa habría que encargar lecturas de Strindberg.

En el ruedo

Las historias se empiezan a contar solas.

Me explico:
Una vez trabajé en una “punto com”. Allí tuve un puesto de reportera de finanzas que daba para comprar gasolina y esas cosas.

Los compañeros, el jefe, el dueño del dinero… todos sabíamos que un portal de finanzas fracasaría en este país.

Aún así, entrábamos en el traje de lunático para realizar nuestro trabajo con empeño, como si alguien lo leyera. Yo reporteaba como si un señor de cara larga y bigote tomara mis consejos muy a pecho.

Lo hicimos así durante un año y dos meses, hasta bien entrado el 2000.

Una que otra vez nos escribía una sardinilla perdida en nuestras redes: que si allí regalábamos o vendíamos seguros de vida, que si éramos banco, que si nos interesaba un lalala.

A las fuentes periodísticas, mi jefe me mandaba siempre con la consigna de preguntar:

-“¿Usté que es tan listo, porque ya llegó a ser presidente del banco de méxico y todo, cuál, señor, cuál cree que sea el futuro de las llamadas punto com?”

Obtuve mil respuestas, pero la única que resultó cierta fue esa de no sé quién:

– “Sólo sobrevivirán aquellas que tengan un pie en el mundo real”.

Ja.
Nunca se me ocurrió tomarlo literal, por supuesto.

Luego me enteré de los blogs y eso, y un día me puse muy triste porque habían metido a un amigo a la cárcel y decidí quejarme “al aire”: abrí un blog.

Aún no sé si sobrevive porque tengo un pie en el mundo real o por qué chanchos.

¿Sobrevive porque hay tantas cosas que no puedo publicar en las revistas donde trabajo? ¿Porque soy periodista? ¿Por que soy real?

¿O sobrevive porque hay una fuerza vital en esto de lanzar gritos al aire y que ustedes (sea lo que signifique “ustedes”) escuchan con cierta melancolía, como si escucharan los gritos de un muerto o de un loquito, pero sobre todo escuchan con gran morbo? ¿Sobrevivirá cuando se les termine ese morbo?

Todo esto para decir que aquellas historias con un pie en la realidad se empiezan a contar solas, que ya no puedo dejar de escribirlas.

Espero sobrevivan para que un día los invite a verlas fuera de este blog.

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Estoy haciendo un reportaje que se llamará “las 25 razones para volverse a enamorar de la Cd. de México”. Se veía más fácil.

La ciudad se parece más a un viejo amante al que casi todas las noches le apesta el hocico.

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El auto es un gran lugar para saber si uno podría estar mucho tiempo con una persona. En la carretera como en la enfermedad, se conoce a los amigos (y a los amores).

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Otra vez es noviembre. Por segundo año puse ofrenda. Mi casa huele a nardo y azúcar, cada vez menos a muerto viejo.

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EP: ¿Por qué no se actualiza tu blog en Safari ni en Mozilla? Te extraño cochino.

RP: Felicidades carnal del alma por el cuernavacazo! (I know you won’t read this. Even better).

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En el avión a San Antonio (ahora mi trabajo, ah qué pinche envidia me doy, es viajar y escribir de ello) leía a Margaret Atwood. Iba por cierto, renegando de ese horrendo sitio que puede ser Texas.
Fue inconsciente. Tomé del estante a la canadiense por pensar que sería lo más alejado posible a mi sanantoniano destino.
Era un libro de conferencias de Atwood sobre la canadiensidad, sobre la nacionalidad en la literatura.
Cuando llegué allí me tuve que tragar un poco mis negros pensamientos sobre aquél sitio: el McNay Museum y el San Antonio Museum of Art son dos secretos muy bien guardados y, aún más importante, como que no quiere la cosa, pasamos por un sitio de conferencias en el que ni más ni menos estaba programada, para el día siguiente, doña Margaret Atwood.

La literatura y sus no-coincidencias, esa sería mi conferencia magisterial, de poderla escoger.