Jijos

El que no lea este blog y sienta un poco de envidia es mi héroe.

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Por otro lado, ¿ya notaron que cambió de host? Se ve retebonito, pue´, en su guorlpre‘. El que no lleve tres años sintiendo envidia allí, bueno, pues no se la creo.

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Hace mucho que no escribo nada para este bar, pero siguen apareciendo grandes colaboraciones. Al asistir casi siempre conviene, como en la vida, ser bilingüe, though.

En el ya mencionado blog colectivo se habla de música. No de tooooda la música; existe una regla no escrita de mantener cierto estado de ánimo, cierto gusto compartido.

Por tanto, es comprensible que ciertas pociones mágicas no veremos humear por allá.

Ahora mismo preparo algo para publicar en ese sitio, pero antes me voy a dar el siguiente gustito:

LA LLORONA (canción popular)

Las rondas populares son al adolescente mexicano como la cúpula del silencio a Maxwell Smart. Tanto quieres encerrarte a oír nomás tus puros rezos que te acabas aprendiendo el ‘pajariiiillo pajarillo, pajariiiiiillo barranqueñooooo … qué bonitos ojos tienes lástima que tengan dueño‘.

Cuando se raya en la avanzada y confusa década de los treinta, algunas canciones regresan, a veces necesarias para entender la marea que ya se fue, o la que apenas viene.

Hace un par de meses baje de Limewire (a poco creen que me voy a meter al Mixup a comprarla) dos versiones de La Llorona para oír bien la letra.

La venía cantando mientras lavaba los trastes, y un peregrino pinche día se me ocurrió entenderle.

Particular chiste me hacía eso de:

Todos me dicen el negro llorona, negro pero cariñoso
Todos me dicen el negro llorona, negro pero cariñoso
Yo soy como el chile verde llorona, ¡picante pero sabroso!
Yo soy como el chile verde llorona, ¡picante pero sabroso!

Bajé la versión de Cuco Sánchez porque en el preview sonaba como mi recuerdo y me latió que la de Chavela Vargas podías servir de contrapunto. ¿Contrapunto? Ay jija de su. Nunca he sido fan de esa señora que a mi parecer ladra mucho y muerde poco, pero en esta canción se rifa algo, según entiendo, algo personal.

Chavela Vargas (o su productor) añade algunas estrofas que le otorgan un tono trágico a una canción que yo consideraba divertida:

No sé que tienen las flores, llorona, las flores del camposanto
que cuando las mueve el viento, llorona, parece que están llorando.

Lo que con Cuco Sánchez era una fiesta de día de muertos, el mexicanito bonachón, gandalla, cogelón, ‘enamorado’ como dirían las abuelas; el mexicanito que se vende en U.S.A., empacado y listo para reíse de la muerte, para Chavela Vargas era un canto a la desesperanza, el desgarre y las ganas de irse con el que se fue.

Ay de mi llorona, llorona, llévame al río
Tápame con tu rebozo, ay llorona, porque me muero de frío…

Ganas de irse con el que se fue, pues.

Otra cosa hacía jirones el sentido general de la canción:

Versión Cuco Sánchez:
Me quitarán de quererte llorona, pero de adorarte nunca.

Versión Chavela Vargas:
Me quitarán de quererte llorona, pero de olvidarte nunca.

Una palabra. No más.

El correo no deseado


Una vez cruzó por mi mente la idea de estudiar sociología. A los diez minutos me aburrió, pero en una vida paralela estoy segura de que mi nombre aparece en la solapa de un libro titulado:

“Apollo Olmstead, Cassandra Harper y Lan Reyes: un estudio cualitativo sobre los nombres propios en la bandeja de SPAM”.