Get your shit together

El miedo a decirlo todo terminó por taparme el hociquillo un par de semanas.

Uno es capaz de encuerarse,   pero tampoco se pone debajo de una lámpara de cirugía. (No es uno tarugo).

Apenas, (disculpe usted la demora es que me engolosiné). apenas en dos semanas me recibirá con los brazos en flor de loto, el mundo de los adultos. Adiós, otra vez, adolescencia (¿infancia?).

En el adiós hice, dizque por pura coincidencia, un reportaje sobre el Punk, un viaje a Chicago y otro al fondo del clóset. Tiré mil madres. Me compré un sellito de Alicia en el país de las maravillas con el que marco todos mis libros ahora.  

Hola pues a los que ya viven instalados en la disciplina y el retraso del placer inmediato.

Hola a los que se aplanan las nachas para lograr algo.

 Ya tengo menos miedo.

*** 

Estoy en Tijuana. La primera vez que vine la consideré una ciudad de la vida galante, pero ya es mi cuata. Hoy me dio un beso y como seis abrazos.

Vine a comer (oh sí, también me pagan por comer en restaurantes gourmet. Please forgive me) y también vine a platicar con escritores. Dos reportajes fantásticos para una ciudad fantástica.

Omar Pimienta, Lorena Mancilla, Mayra LunaH. Yépez (quien no pudo llegar, ni modo), Pablo Sáinz, Juan Carlos Reyna, Rafa Saavedra.

Les tomamos una foto “Vanityfairesca” enfrente de la bola  del CECUT.

Fui fan de todos. Mientras posaban quería darles besos, decirles que escribir es una chamba dura y que merecen de vez en cuando ser tratados como celebridades. Quería dejarlos en paz, apurarlos a leer más, a escribir más. Anden anden váyanse que los espera la compu. Hagamos de este país uno menos aburrido. Trabajemos tanto que nuestros vecinos se sientan seducidos (los de la colonia, no pensé en gringos). Que empiecen a leer y nosotros a seguir escribiendo.

Utópica amanecí. 

Además son re-cálidos. Abrazan de a devis los tijuanos.  

Me apena un poco pensar qué hubiera pasado con un ejercicio similar  en el D.F.

Caray, ¿por qué somos tan clasistas? Nos importa demasiado el status, dónde trabaja, cuánto gana, de quién es amigo el otro. Nomás no podemos ser cuates sin namedroppear.

No sé si todos estos escritores trascenderán en el tiempo. Como caballos de una carrera desbocada, algunos se romperán las patas. Otros apostarán por el segundo lugar.

Así nos pasará a todos, defeños, regios, tijuanos.

Lo que hoy pensé, frente a esa bola enorme (que por dentro es una pantalla Imax) es que lo difícil no es ser un tipo culto, ni siquiera ser un tipo inteligente; lo difícil es ser buena persona.

Al final es más nutritivo, pues.

Gracias TJ.

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El apellido

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Chicago me recibió nevado. Blanco. Blanqui. blanqui. Hacía frío pero dejó de importarme en menos de diez minutos.

Entendí que un viaje a los 15 ocurre en lo físico. Es que uno apenas está aprendiendo a usar el cuerpo.

(Hace ya tanto… veo mis manos, como quien se graba a sí mismo en película Super 8. Veo mis pies con zapatos inadecuados. La cocina de mi prima Laura. El vagón de tren abandonado en que nos subimos a tomar chela. Recuerdo el vértigo. Nunca fui avezada en lo físico).

Ahora los viajes me ocurren como piezas sueltas. Son accidentes, intermitencias, excepciones. Me interrumpen como interrumpe el sonido de un avión en la Jardín Balbuena.

No quiero decir que no me guste. Hasta Buñuel usó un avión para interrumpirse.

Quiero decir que interrumpir es tan interesante como continuar.

Se me ocurre que:

La interrupción es masculina.

La continuidad es femenina.

Masculino es enseñar tu pasaporte, poner tu dedo índice y tu cara de no-quiero-quedarme-en-tu-país-ni-que-estuvieran-tan-buenos-hijo-de-puta a la hora de cruzar la aduana.

Femenino es caminar con una sonrisa por el aeropuerto, jalando tu maleta lentamente mientras esperas al familiar que no has visto en 20 años.

Fue chistoso: nos vimos pero no nos reconocimos. Supongo que la sangre se tarda en llamar.

Así que di tres vueltas y cuando ya empezaba a desesperarme vi un hombre que me miraba las tetas.

¡Irita! Me abrazó.

-No te reconocí, hasta que revisé de qué tamaño tenías ‘el apellido’. Jaja.

(Nomás imagínense a todas mis tías tetonas juntas)

Chequé que tuviera un lunar verde en la mejilla derecha. Un lunar que según cuentan las fábulas, se lo hizo una de sus hermanas al encajarle una pluma fuente.

-¡Primo! Ehhhhhh, cuánto tiempo, eee, si, si, ya estoy grande ¿erdá? si caray, ya no soy una niña, mm, si, je, hola, je, mm, ¿qué decir? Chale. ¿Qué decir en estos casos primo?

-Pues no sé, prima. Podríamos empezar por ‘mucho gusto’ soy el hijo de tu tía.

-Si, eso.

-Y luego me puedes empezar a contar los chismes familiares. ¿Supiste que tu sobrina se casa…con tu sobrino?

Lunar o no lunar, pensé, éste seguro es de mi familia.

The Windy City

corriganfortunately.jpgPos me voy a Chicago. Estaré allí hasta el domingo.

La primera vez que fui a esa ciudad era una niña que pensaba que era una mujer. Tenía la edad en que todo me parecía viejo y sebo. Mis papás propusieron una fiesta, pero a mí lo de ponerme vestiditos y andar en carroza nunca me gustó. Corrijo: me gustaba, pero ya tenía edad para hacerme la ruda.

Claro, tampoco me dejaron hacer exactamente lo que quería en mi fantasía rudísima (irme sola a NY je je), pero me fui por carretera con mi mamá y mis tíos del DF a Chicago. Uf.

Cinco días en carretera.

Tome su road trip quinceañera.

Algún día tengo que escribir ese guión.

No se parecerá a Little Miss Sunshine porque yo nunca tuve un abuelito cool. Mis tíos se fueron peleando todo el camino. Sin lugar a dudas, ahí fue donde aprendí a abstraer mis pensamientos, aún mientras me hablaban.

Por eso luego mi novio dice que doy ‘el sydbarretazo’. A la mitad de una frase me quedo mirando al vacío (o al lleno, como se quiera ver) dentro de mí.

¡Sígue contando!

Ahhh, si, perdón.

Mmmh. Ahh, si, perdón, Chicago. Bueno, de ahí eran Al Capone, John Wayne Gacy, Los Smashing Pompies, David Mamet, Michael Mann, Ray Bradbury y el festival Lollapalooza. Allí está situada la mayor parte de Jimmy Corrigan, the smartest kid on earth.

De ahí es Mr. Philip K. Dick, el autor de ya todos saben qué clásicos. De él compré un libro de cuentos en Portland que estaba en la lista de los más deseados para leer con calma. Ahhh cinco horas de avión, “The preserving machine” ahí te voy.

En todo caso y resumiendo el sydbarretazo con el que empecé: me gusta que el pasado no me deje en paz.

Este será un road trip to my adolescence. Ya veremos qué puedo contar de regreso.

Enséñame a pecar

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(FOTO de Dante para ilustrar la ubicuidad. Nada que ver con este post, pero no tenía algo con qué ilustrarlo y ¿a poco no le quedó chispa?)

***
El FICCO 2007 se quedó cortísimo.

Películas que nunca llegaron, invitados jetones, problemas técnicos (producto de la flagrante desorganización), énfasis en tarugadas.

La manchadez de Cinemex Antara fue mayúscula. Algunas películas estelares se mostraban en las Salas Platino, con un sablazo de 96 pesos. ¿De qué hablan sucios? ¿100 varos por una peli? ¿Pues cuánto le van a dar al director? El cinéfilo promedio también iba a pagar estacionamiento, palomas, el capuchino de la novia y otros enseres. Hijos del diablo constrictor.

Y qué decir de la bella locación. Lo intenté, lo intenté. Intenté no sacar mi rencor social, pero acabé en un altercado con un estúpido escuincle fresa que se metió en la fila. No tengo nada contra la Ibero, quiero decir, nada contra el edificio. Los ladrillos (ni los jesuitas, en el mejor de los casos) tienen la culpa. Algunos maestros, tampoco tienen la culpa. La estupidez de algunos ‘pudientes’ no es más que un síntoma pustular de cómo esta sociedad surdefeña se cae a pedazos. Tenemos lepra carajo. Hasta que no nos corten una mano vamos a aprender.

Para ser fieles al sentido común, debo decir que hubo cosas rescatables del Ficco. Una película silente del cineasta canadiense Guy Maddin narrada por Geraldine Chaplin (a quién hi-ho, fue un lujo entrevistar). De no ser porque casi le rompen los tímpanos a la pobre. Los master technicians del Teatro de la Ciudad hicieron la broma de prendernos aquellos indispensables micrófonos ya empezada la función y en las orejas.

Por ahí vi a la Paula Astorga. Ups. No me saludó. Ojalá ya no se acuerde de cuando la felicité por su embarazo. “Ya lo tuve”, me contestó con cara de Frankenstein. Ups. “Bueno, pero hace poco ¿no?” “Si, hace cuatro meses”. Ups. Ups. Ups.

Que metida de pata chingao.

En fin. Que valga este chiste para hacerle sabe a la gente del Ficco que siento mucho lo que le dije a Paula Astorga, pero ella debería sentir más hacerle esto al público mexicano.

Así se van deteriorando las cosas. Así se juega en este país al ‘compromiso’, así se hizo el PRI, el PAN y el PRD. De puras buenas intenciones perdidas en el tiempo. La corrupción mis queridos cineastas wannabes, dueños de periódicos, reporteros, administradores culturales, no empieza, como Fox les hizo creer, por la mordida en el semáforo. Empieza con un ‘qué tanto es tantito’ y justificando la desorganización. Por ahí me dijeron (un reportero, nada menos): ” Oooo, pus es que todo quieres, es México, no Cannes”.

Apuesta tus pompis que quiero todo. Y lo quiero ahora. Pus qué.

El FICCO fue un festival insuperable los tres primeros años, el que se merecía esta ciudad con todo respeto y amor por tantos hambrientos de cultura, pero si no nos quejamos, el que sigue será un verdadero timo.

***

no-quiero-dormir-solo.jpg

Otra gran gran gran peli, gracias Paula Astorga, (ahora que me perdone la vida) o a quien la haya traído, del realizador taiwanés Tsai Ming Liang “No quiero dormir solo”. Si un día la cachan, dejen cualquier cosa, incluso a la novia, para ir a verla.

***

Chtsssale. Se murió Pompin Iglesias. No me lo diga, no me lo diga, no me lo diga.

***

Ah y no sé si lo había dicho antes, pero ahí les va de nuevo: la terapia gobierna. Con la que se sienta detrás del diván soy casi tan sincera como con los lectores del Taza. Y eso ya es decir.