Me besó me besó me besó me besó me besó

Quisiera mantener una pizca de dignidad aquí, pero la dignidad no va muy bien con nosotros los die-hard fans.

Ni modo, otra vez fuera calzones y así, sin malicia, quiero contar como se siente cerrar un ciclo, realizar un sueño y que te tiemble hasta la cola cuando ves a tu héroe de toda la vida.

Fui besada (besuqueada ilustra mejor lo que me hicieron) por el todavía hija-de-putamente-guapo-inteligente-dulce-astuto Mr. Neil Gaiman.

No sólo eso, además estuve a 30 centímetros (bueno, tal vez 50 o 60) de su conversación con Matt Groening. Ahh, se me olvidó también besé a Matt Groening.

Como dijo Gaiman un poquito antes: eso es lo bueno de ser yo. (Claro, él se refería a levantar el teléfono y preguntarle a Ray Bradbury si le importaba que usara una referencia suya, pero igual, se siente lindo poder decirlo aunque uno, mortal que es no tenga el celular de Ray Bradbury).

Dioooos.

Me tembló la voz, me dolió la panza, se me aceleró el corazón, el aliento, la imaginación.

Me trataron tan bien que me invitaron un vaso de agua o un refresco. Dije que no, por supuesto. No puedo creer lo ñoña que soy para aceptar cosas que me dan. No puedo creer lo tímida que soy, lo físicamente enferma que me puede resultar la verguenza de sólo ser yo y sentirme encuerada frente a gente lista.

En eso estaba pensando cuando el dueto ¨abrióse¨hacia miguelita y me invitaron con el cuerpo a platicar.

Baba de perico para ellos, cosa del backstage, entre actos, para ellos.

Puuuuf.

Para ellos. Yo sí que me estaba (pardon my french) meando.

Como en automático le dije a Groening sobre la familia mexicana, de cómo los Simpsons de pronto se le parecían y se rió mucho.

Es un hombre gordito, canoso, con sonrisa franca y ojos cabrones.

Risa y risa. No sé exáctamente qué chingados dije (o cómo lo dije), pero los hice reír a ambos.

Puf, puf, y más puf.

Mañana sigo contando. Ahora debo irme. Usted solo debe saber que hoy voy a dormir como un recién nacido, con un beso de Gaiman y otro de Groening en la mejilla izquierda.

Puf.

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Gallista

Hace poco estuve en San Antonio, Texas, donde se conserva un tipo de chicano parecido al de las películas de los 60, 70, 80 (Zoot suit, Luis Valdez anyone?). La trama social se compone de menos ghettos que la de Los Ángeles o la de Chicago;  ghettos, cómo decirlo, más localizables (es un pueblote, pues’n). También es un lugar menos violento, aunque persiste, como  lluviecita jodona, el racismo gringo.

(Enteramente distinto  al racismo mexicano, a mi parecer en eso nos los chingamos. Somos mucho más ojetes. Ya tendré tiempo para hablar de eso a mi regreso de la Comicon).

Ya lo sabemos: conversar con un chicano es conversar con un outsider. No los quieren en México, no los quieren en Texas ni en el resto de los Esteits.

Su espíritu es de mexicano güaraguero: llenan sus casas, sus cocinas, de tarugadas ‘por si acaso’, como ratones de fonda; se rigen por la ley del aquí y ahora; no ahorran ni se aguantan las ganas de tener casa chica, amante, otros hijos, otras vidas.

Lo extraño es que su cuerpo, escindido de lo otro, se rige bajo las republicanas/anglicanas leyes de Texas.  Ups.

Son criaturas extrañas, de verdad interesantes. No creo que se les haya hecho justicia aún en literatura o en cine. Corríjame usté si sabe de algo.
Segunda o tercera generación de inmigrados mexicanos, en su mayoría campesinos desesperados. Muchos ya ni hablan español. Tienen la manía de disculparse por su andar bilingüe, pocho, incomprensible de donde los oigan. Defienden a ultranza lo que consideran ‘mexicano’, aunque los que vivimos en otro México (que quién sabe si seamos más mexicanos que ellos) ya no consideramos propio.

“Los mexicanos no nos rajamos”, me dice el pintor Joe López.

¿No nos rajamos? ¿Disculpe Joe, hace cuánto que no va México?

Y me cuenta una historia de hace 15 años, cuando empezó a vender camisetas que decían PURO GALLO y la empresa de vinos Gallo Wines le puso la demanda de su vida.

‘Gallo’ era, para los vineros, una palabra italiana, marca registrada.

Je.

Así que ‘por merito y me lo enjaulan’ al Joe.

“Nomás que nos pusimos bien cabrones acá. Yo dije, yo vengo del barrio, a mi nadie me espanta y se me unieron y nos pusimos cabrones. Hold still, me dijeron y aguantamos y hasta salimos en el New York Times porque esos otros cabrones se culearon y droppearon la demanda.”

Ándele puto.

“Mientras andábamos en la lucha yo le decía a los partners que nosotros, como nuestros antepasados no éramos ni villistas ni zapatistas, nosotros éramos GALLISTAS. Los mexicanos no nos rajamos. Los gallistas no se rajan”.
Pinchi Joe, me partió el corazón.

Sé que es una historia mil veces contada, pero no creo que por eso menos interesante.

***

Es extraño. Uno pensaría que en E.U. hay ciudades más interesantes, más cosmopolitas como NY, Seattle, D.C., Boston… donde la tela para el blogueo es interminable. San Antonio, sin embargo, me resultó más dulce.

A lo mejor soy una romántica.

Más de San Antonio a mi regreso de San Diego. Ahora a hacer la maleta.

San Diego Comicon

Ok, esta vez hasta yo estoy en shock. Este trabajo entra definitivamente en las categorías “getting away with murder” y “no puedo creer que me paguen por hacer esto”.

Mañana parto (¿parto?) hacia un destino largamente esperado, lo confieso, nunca antes vistado. Cómo envidiaba a aquellos que se iban en bola en los 90, mis cuates pudientes o mejor dicho, mis cuates que trabajaban tooodo el año para asistir con cierta dignidad.

Dicen que este año va la friolera de 150 mil personas a esta convención, por mucho la más grande de todo el continente.

Créanlo, me lo merezco. ¿Alguna vez han intentado explicarle las dimensiones, la importancia, la riqueza, las posibilidades de una crónica de la San Diego Comicon a personas que nunca ha sostenido un cómic en sus manos?

Difícil, pero según puedo corroborar, realizable. Ujjuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.

Espero que mi vida pinte así por mucho tiempo. Esta chamba es a veces el cielo con patas.

***

Fontanarrosa murió y dolió mucho. Ayer tuve tiempo de hacer my own private mourning. Sólo tuve que ir a mi librero y volverme a reír cuando un rayo parte a Inodoro Pereyra o cuando la Eulogia le pega al Mendieta porque piensa que es un cojinillo parlante.

Hace como 15 años AAAAAYYY 15 años 15 años…fui a una protoconvención de cómics en el D.F. Yuri, el ex-novio al que le debo gran parte de mi geekiness, me llevó a ver a Fontanarrosa. Un poco a fuerza hice mi chamba de novia querendona y hasta me formé en la fila de los autógrafos.

Nos firmó un par de cuentitos. Yo no entendía ni pio de gaucho, por lo que  Inodoro Pereyra todavía no estaba en mi top. Cuando Fontanarrosa me dibujó un Mendieta con un globo de diálogo que decía Ira! salí un poco decepcionada (tarugo que es uno luego). Yo hubiera querido un Boogie, como el que siempre leíamos en el baño mis hermanos y yo, en la contratapa de la revista Proceso. Tardaría unos años en darme cuenta de que muchos hogares de izquierdas teníamos la misma costumbre: Mafalda era un pasquín materno para enseñarnos de undercover  el significado de impertinencia, nostalgia de la niñez y  militancia monera, mientras que Boogie nos daba instrucciones para reírnos de nuestras ganas de pegarle a las viejitas indefensas.

A qué ganas de pegarle a una viejita me dieron. Usté disculpe mi incorrección política.

Fontanarrosa murió la semana pasada muy muy muy joven. Todos estamos muy tristes.

Saludos mour-neros a Yuri y gracias, muchas gracias.

I’m running away with you…

Escribo un guión sobre el amor. Llevo aquí sentada unas cinco horas, escribiendo en silencio, mientras esta ciudad de lluvia regresa a sus orígenes y se convierte en un lago hediondo y se inunda de ilusiones ópticas en los charcos, efectos mágicos del aceite de motor.

En mi guión hay dos hombres que se aman y una mujer que ama a uno de esos dos hombres. De hecho está casado con él.

Los tres saben de la existencia del otro.

La cuestión es que escribir escenas de amor me hace sentir totalmente despojada de inteligencia. ¿Cómo se hace para retratar los juegos de cama sin acabar en la cogidita violenta que a nadie evoca nada? ¿Cómo escribe uno de algo que todos sabemos hacer por instinto, algo que sabemos que es verdad siempre, algo que es verdad aunque se trate de una asquerosa mentira?

No puedo. Es inútil.

Piensa Don Gato, piensa.
Entonces pido ayuda a mis dioses, particularme el de la música y tecleo “love” en mi iTunes. Aparece un extraño soundtrack aleatorio.

I’m running away with you, that’s all I ever do, that’s all we ever mean, I forgive you everything…

Pete Doherty empieza a llamar, la sirena me seduce, ¿qué otras canciones de amor tengo en mi iTunes?

Puf. Y yo que pensé que no existía aún un mejor título para mi guión. Lástima que no puedo changanearme Bizarre Love Triangle.

Un sonido que me regresa a la sensación primaria: ¿exactamente cómo se siente el cuerpo cuando el corazón está a punto de romperse por completo? If the walls in the room could talk, I wonder to myself would they lie…Please, do not let me go!

¿Cómo se mueven las tripas cuando te escapas con alguien por primera vez, cuando le miras el brillo de los ojos y sabes que te corresponde? All I’m saying, pretty baby, la la love ya…

o cuando ya sabes que te va a dejar? They say it fades if you let it, love was made to forget it, I carved your name through my eyelids, you pray for rain, I pray for blindness…If you still want me…

…sabiendo que por supuesto, you don’t want me anymore, obviously.

Puf.

Además de esas, con la palabra ‘love’ salió una enorme lista que incluía entre otras linduras:

Love will tear us apart, Joy Division
Tainted love, Soft cell
Wonderwall, Ryan Adams
No I in Threesome, Interpol
Don’t love you, Tv on the radio

De lo que infiero que hasta el iTunes sabe más que yo de eso que le llaman mal de amores.

Puf.

***

Estuve de viaje en un sitio sin interné.

Sorry la demora. Ya regresé. Besos.

Ah y perdón por sólo poner links de las letras de las canciones y no de las canciones en YouTube o algo. Sucede que tengo que regresar a mi guión.

Chistes sobre miguelita

Tuve un amigo que a veces me invitaba a reírme de nada. Nunca he visto nada parecido. El tipo escapaba de la oficina forzándose a reír hasta que el flujo de la carcajada aparecía más naturalmente. Jeje, je je je, jejejejeje…hasta que lograba reírse con verdaderas ganas (de lo estúpido que se veía tratando de reír).

Estar a su lado durante el difícil ejercicio era un poco perturbador, pero yo, tan proclive a la risa fácil, terminaba agradeciendo el momento estúpido y lo acompañaba con un par de carcajadas.

Liniers es un cartonista argentino que sabe reírse de nada. No voy diario a él, pero a veces lo extraño como se sólo se puede extrañar a alguien después de haber soñado con él.

Entre otras cosas lindas, Liniers también se ríe de mí. Aquí por ejemplo, mi sentir diario en la oficina:

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Como dijo por ahí un buen escritor de cuyo nombre prefiero no acordarme: la vida nunca termina por ser ni comedia, ni pieza ni tragedia…la vida sólo sabe diluirse. Este otro momento es de cuando mi vida se convierte en una amarga farsa:

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Aquí yo y mi gato mirando al horizonte. Es un poco desesperante saber cuánto no sabes.
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Esto de cuando salgo buscando ‘pelea’ intelectual

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***

Venía pensando que uno debería ser capaz de bloguear desde el coche.

El tráfico de la Ciudad de México es óptimo para el blogueo.

Ayer por ejemplo, de haber blogueado en el coche, habría escrito de los gorrioncitos grises que se posaron a mi lado. Macho y hembra en pleno cortejo. Coqueteaban, se rodeaban como ‘tirándose el perro’. De pronto ¡madres! el macho se deja de darle vueltas al asunto (y a la hembra) y se le monta…pum pum pum coge coge coge y se baja…pum pum pum coge coge coge y se baja otra vez. Entre pum y pum el macho se afilaba el pico con una ramita como quien afila un cuchillo en el suelo. Un gorrioncito nomás, pero se veía henchido de orgullo, seguro de que más gorrioncitos como él vivirían para contarla en el turbio y venenoso cielo capitalino.

Se me ocurre que los machos de todas las especies se parecen un poco a ese gorrioncito. El pum pum pum es un momento donde la hembras podemos atisbar su verdadera majestuosidad.

Por eso, creo, luego pasa que a algunos les da por pensar con el pito. Je.

La inefable

Cada dos o tres años conozco a un compañero de juegos. Una partida de ajedrez telefónica o un frontón de palabras hacen nuestras tardes deliciosas durante un tiempo y luego, irremediablemente aparece una mujer, eventualmente su novia, que se cansa de esperarnos fuera de la cancha y de plano detiene el partido imaginario porque ‘oh dios’, no vaya a ser que yo le quite los calzones o no sé qué pitos a su viejo (como si de haber querido no lo hubiera hecho hace tanto).

Nunca se le ocurre tomar una raqueta y meterse a jugar. Nooooo. Tampoco se le ocurre proponer otro juego donde quepamos los tres o de plano entender que el otro jugará con ella toooodas las noches y que esta es una onda ocasional y necesaria para ellos no se aburran.

*Sigh*. Esta es la tercera vez que me pasa.

Por supuesto, uno no puede enojarse con la escuincla, porque generalmente es eso, una escuincla, cuyo único interés en la vida es ser ‘la mujer de’, pertenecer a (o más bien ser dueña de) un vínculo (el romántico) que supone, se compone de un perro y un dueño.

Uff.

¿Con quién entonces?

Con el amigo. Con él hay que encabronarse.

Porque aunque uno no preste nalga también tiene su corazoncito, su dignidadcita y su ganitas de no ser blanco de peladeces inmerecidas.

Como aquí es el único lugar donde no miento (ah, y en la terapia, pero este es gratis) tengo que decir que yo he hecho muchas estupideces presa de los celos. Por fortuna, mi idiotez es temporal y acabo pidiendo perdón casi de rodillas por tener tan poca imaginación. Y es que hay que tener poca imaginación y estar muy desocupada para ponerle tanta atención a una amiga de tu viejo. Total, el día que quiera se irá con cualquiera (o sin cualquiera) y no hay NADA que puedas hacer.

Una vez me leyeron la carta astral. La mujer me dijo clarito: “por tu vida pasarán personas muy importantes por periodos limitados que después de un rato se irán sin remedio. Aprende de ellas y déjalas ir”.

Sé lo que están pensando: “¿Tuviste que pagar para que te dijeran eso?” Bueno, yo no pagué, me la regalaron, pero carta astral o no astral, eso ocurre en todas las vidas. Eventualmente, todos tendremos que aprender a dejar ir. Más vale que se haga sin amargue de por medio.
There you go. All yours.