Welcome to Budapest

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No sé cómo, pero llegué. Si alguien me pregunta cuántas horas, puf, algo así como 14. Cuéntenlen del D.F. a Ámsterdam + 2 horas en el aeropuerto + 1:30 de Ámsterdam a Budapest y 20 mins del aeropuerto al Hotel Inter-Continental, a orillas del Danubio.

En realidad se sintieron como 2 días. No sólo es el cansancio físico del famoso jet lag, sino la sensación de que se ha llegado a otro planeta. Llegué en sábado por la noche y el malecón junto al enorme Danubio de mis libros de geografía de la primaria era una gran fiesta. Había muchos botecitos de Smirnoff tirados en la calle y hombres ladrando, meando su territorio. Son re gritones los húngaros. Las chavas lindas, pero rarísimas. No se puede decir que sólo haya güeras ni blancas ni de ningún tipo. Como en México, no hay una cara reconocible, clavada, a menos que hayas vivido ahí por mucho tiempo. 

Lo que si pasa es que, sobre todo los hombres, parecen salidos de un centro de rehabilitación. O beben mucho o los inviernos están super cabrones. (Probablemente ambos). Por un momento, saliendo del metro sentí que estaba en una tierra de puros Kurt Vonneguts, con sus chinos mal cortados formando un casco marciano en su cabeza y esa sonrisa de “yo sé algo que tú no sabes ni sabrás nunca”.

A diferencia de otros europeos, los húngaros te ven a los ojos, sonríen, se besan en la calle, bailan al ritmo de la música gitana, aunque mantienen cierta melancolía en los ojos. No están tratando de agradar a nadie, pero seguido se ofrecen a ayudarte. Son adorables, te enamoran de inmediato con su actitud seminfantil. 

El único problema para el visitante es su idioma. El inglés como que los asusta. Es preferible hablarles en español y que ellos contesten en Magyar. Así se entiende todo más rápido.

Son espontáneos y cabrones. Por alguna razón me siento como en casa: nada funciona muy bien, pero si te pueden chingar, bueno, no pierden oportunidad.

Hoy tuve mi bautizo: me agarraron los policías del metro. No fue mi culpa. Fui a seis SEIS máquinas para comprar boletos y dos de ellas se tragaron mi dinero sin regresarme ni un pinche boleto, ni un besito, ni una explicación.

Cuando por fin encontré una taquilla (es domingo y todo está cerrado) compré varios boletos, previsora yo. Ni madres, pensé, a mí no me agarran los polis esos de las películas comunistas.

En eso estaba, con mis boletitos en la mano bien contenta cuando una señora muy amable me preguntó en Magyar (húngaro) puro a dónde iba. Cuando le señalé en el mapa prácticamente me jaló con ella para indicarme el camino. Seguro dijo algo así como “vente, burra, yo voy para allá” Durante el largo viaje por las escaleras eléctricas me hablaba y me hablaba y yo me reía de nervios porque no entendía ni madres y pensaba “igual esta es una línea cerrada y la señora hungarita me va a noquear allá abajo…bueno, no traigo mucho de valor, sólo que me jode que me quiten el iPod…” Y la hungarita, con nalgas como de payasito, 55 años, seguía como tarabilla, hablando en este idioma que nadie entiende, con acentos que les nacen a las palabras como hierbas silvestres.

Llegamos abajo y la hungarita me jala…Ups, ahí está el poli del metro. Tenía los dientes podridos y en el brazo una banda igualita a la de las pelis. Junto a él una mujer policía con cara de dóberman güero. Puf. A la hungarita le dio mucha pena, me vio a los ojos con carita de “ay seño, lo siento, pinchis polis húngaros, se la van a chingar, je, je” y se fue.

La mexicanita que esto escribe, con todo y sus boletitos anaranjados recién comprados, se la peló. “Punch the ticket, punche the ticketa”, me decía la poli. “Yes, yes, I puncha the ticketa, pero no hay donde putas poncharla!”, dije yo. “No puncha tha ticketa, you pay 5 thousand” “No no, pero espérese, yo no sabía, I didn´t know you hungarian mamón!” “You pay, you pay or I calla the police”. Puta madre. No, pus ni para dónde moverse. I pay the ticketa, pinchi magyar, I paya the 5000. Pfttt. 

Se me olvidó sacarle la lengua, pero ahora de regreso lo hago, ya que haya punchado mi ticketa.  

Tuve que pagar 5000 florints (acá les caga si les das euros y cuando te los aceptan en la calle pierdes en el tipo de cambio) que aún no sé cuánto es, chingado, porque ni siquiera entiendo el tipo de cambio… aay dios.

Bueno, al menos nunca voy a olvidar que hay que “ponchar” el pinche boleto y que los bautizos de urbanidad acá cuestan 5 mil florints. 

Más de lo mismo, al rato o mañana, cuando los magyares me lo permitan.

2 thoughts on “Welcome to Budapest

  1. Pppfff me vi perfecto, por lo mismo i don’t puncha the ticketa, y si.. los polis tienen una cara de perros doberman que no pueden con ella te ladran y te ladran en su idioma, y te ven como si fueras un pollo rostizado listo para comer, el inglés ni mencionarlo, pero si no ¡¿cómo?! son REojetes y parece que lo gozan (yo lo gozaría, jeje) y eso de pagar no más no se me dió, a mi me multaron pero tenía que pagarlo en el banco el lunes porque me agarraron en sábado en la noche, así que se la pelaron o mas bien ya estoy registrada como una de las mas buscadas por no pagar. Que envidia que estes frente al Danubio, te lo cambio por mi computadora.

    Besos y abrazos mecsicanos

  2. No manches, se va uno unos días y tú ya le diste la vuelta al mundo. Qué chido. Super chamba esa, inche Ira. Que ya te manden a Londres, chingá!

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