Los feisbuks

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(Corbata de 8 bits tomada de Boingboing.net)

En esta editorial de élite, la gente lleva un mes que se comunica vía Facebook.

No está mal, tampoco es como si tuvieran cosas muy interesantes que decirse. Cuando mucho es preguntar qué antro está bueno, dónde te compraste esa chamarra, ya viste que este güey disfruta su fama impunemente, hagámosle la malhora

Mi generación ¿disfruta? de una variedad sorprendente de relaciones:

-Los carnales del blog: coblogueros, blogstars y uno que otro que todavía conoció en lo que ahora llamo “El desierto de lo real”. Puedes pensar que el blog con 30 comentarios es el más popular, pero esto no es necesariamente cierto. En la red hay harto voyeur. 25 comentarios pueden llegarle más fácilmente a una chava cuyo discurso esté claramente sellado con el ligue o a un ‘extra’ (esa gente que blande su conozco-gente-famosa-y-puedo-ayudarte-a-trepar).

-los contactos del Hi5: amigos de amigos, compañeros de la prepa, gente que no haz visto en 10 años y no tienes la menor intención de ver. En realidad sólo lo conservas para ver ‘en qué anda’ esa ex novia que te sigue gustando y cuya foto vieja es síntoma de tu propia vejez.

-los ‘vampiros’ en el Facebook: mucho güey ¡con ondiiiita gooey! En esta etapa aún experimental entre el alto pedorraje capitalino, todavía hay mucho exxcritor, mucho güero, mucho artista. En un par de meses el Facebook pasará de moda y la Condesa virtual encontrará un mejor time-waster. (Y si, ya tuve que abrir el mío porque el bombardeo estaba cabrón).

-los fans del MySpace: básico si eres creattiiivo goeey. Músico, pintor, cineasta, diseñador, fotógrafo, locutor, periodista, escritor. Si no tienes un buen fan base en el Maiespeis no rifas.

-los compañeros de banca del Messenger: lo que una vez sirvió para comunicarse con tus familiares en el exilio, hoy funciona para hacer la cita de “a qui hora comemos gooeey?” con el tipo que se sienta justo a tu lado. También nos relacionamos en un intercambio medio idiota de “holas como estáses” sin sustancia con personas a quienes no dedicaríamos ni 10 minutos por teléfono.

-los amigos telefónicos: con los que “putaa, a ver cuándo te dejas ver” es un eufemismo para decir “te guardo cierto cariño pero tengo cientocincuenta cosas mejores que hacer que oír tus tarugadas, incluyendo rascarme mis partes, así que ahí cuando me case igual hasta te invito”.

Y estas son nuestras relaciones sencillas.

Difícil hablar de la que tienes con tu pareja, con tu mamá, con tu terapeuta, con tu gato, con tus cds, con tus libros, con tus escritores favoritos o con aquellos a los que extrañas y quieres pero también te joden y ya no puedes volver a ver.

***

No quería hablar de lo que hace con nosotros la tecnología. Me acompleja la idea de que me oiga algún ‘dueño’ del cyberpunk, a saber, Naeif Yehya y sus carnales.

(Lo bueno es que Yehya, a pesar de los sueños húmedos que todavía albergo de mi postadolescencia oscura, no lee El Taza. Yehya entraría en mis relaciones imposibles de explicar, por ejemplo.)

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