Dicho lo cual…

Yo paso a regresar.

Hoy que le daba al ‘step’ undosundoundos regresé a mí.

Ese tibio chorro en sordina que me hace escribir empezó a dar borbotones.

Me puse detrás de la más nerd de la clase de aerobics, una mujer que, lo juro, llega bañada y maquillada a clase de siete. Cuarentona de cuerpazo. Flaquita si se la ve sin deseo; con nalgas objetivamente redondas y cara de viejo dolor.

A veces, cuando la hacemos de hermanas franCoen, mi sisterna y yo, la imaginamos medio encuerada en un table dance. Suda igual que suda en la clase, pero aquél sudor de sus noches tiene dueño y comprador. Tampoco es que sea puta. Soft porn, no más. No es feliz pero tampoco le falta dinero. Tiene un hermano borracho al que ya no le abre la puerta, aunque sigue dedicándole algunos padresnuestros y chingatumadremarías.

Otras veces yo sola, como triste francoPrimusLevis le invento finales suicidas. Hoy es la capillita de un industrial de Monterrey que la viene a ver los últimos días de cada mes. Mañana será la hija de una madre golpeadora a quien el pinche Alzheimer salvó de la vergüenza. Pasado mañana será, no sé, la novia inconfesable de mi jefe.

Uy el chorro tibio.