Política

Mi maestro de historia del cine dijo: “Se conoce el carácter de una persona cuando debes elegir entre dos cosas: una mala y otra pésima.”

Es rarísima su máxima, pero ocurre que hoy sirvió de ancla porque escogí a un político príista.

¿Quién es tu presidente de México preferido? Preguntó mi roomy de la oficina.

Traté de zafarme, pero al final me acorralaron. “Zedillo, chingá”, contesté. “Al menos”, dije, “su esposa tenía una enfermedad mental declarada pero él se quedó con ella; creo que todavía se gustaban, un presidente que cogía (¡y con su esposa pues!), no en balde cinco hijos. Además renunció a su pensión vitalicia de presidente.”

Si, bueno… también está el error de diciembre y los chistes de ‘no cash’ y las leyendas del bolerito y todo eso.

Ahora entiendo al maestro de cine: cuando no hay para dónde hacerse, como sucede en México, las elecciones de los habitantes son aún más interesantes.