Regalo 3. Para Jube, el que me vió cumplir años

30 de mayo de cualquier año.

Salta salta salta salta salta.

Tocan el timbre, un tipo, digamos un amigo o un gorrón (en estos casos da igual) pasa por la puerta. Traje chelas que me voy a tomar yo, pero quesque te traje a ti, aaaahhh, muchas gracias hombre, pues pásale para acá que la fiesta está re buena, hay muchas viejas y mucho güey (¿acabo de decir eso yo? Qué mal me ha hecho este mundo) pero bueno, no sólo hay viejas, o sea, mujeres lindas, solteras y con ‘sentimientos’ (que quede claro que me llena de culpa ser un machito con enaguas) y hombrecitos formales, casaderos, blagh, también hay buena música, por ejemplo ahorita están sonando los Flaming Lips y aquí en mi casa todo mundo puede hacer lo que le de la gana mientras no implique agujas, suicidios u homicidios porque 1. me dan miedo las agujas, 2. no se me olvida Trainspotting y aunque me encante Perfect Day con Lou Reed, pos no se me antoja ponerte en un taxi medio muerto y 3. la única razón por la que no me casaría por el civil es porque no tengo costumbre, como tantos otros, de invitar jueces a mi sala.

Así que bienvenido a mi fiesta que la pases bien y fíjate que te estoy diciendo ‘que la pases’ porque la neta a mí, nomás no me hicieron para eso de ser hostess así que si se te caen los hielos, se te derrama la caguama o te peleas con el novio: resuélvelo y déjame brincar en paz.

Brinca brinca brinca.

Creo que el punk me empezó a gustar justamente por eso. La tiranía del ritmo en las piernas y el movimiento de caderas vale para pura madre. Salta salta salta y ya estás dentro de la canción. Solo, acompañado, sobrio o hasta el queque.

Tengo esta manía de invitar gente a verme saltar.

Tengo esta manía de quedarme sola con una canción y una chela mientras 47 personas pululan por mi casa y me hablan. ¿De qué hablan? Qué raras son las pláticas de fiesta. Abrazos repentinos, sudorosos besos y miradas intensas que sólo pueden querer decir “un día pensé en ti pero ya no más y ya puedo venir a tu fiesta y darte abrazos repentinos”.

Entonces el habla es un pretexto para verte de cerca o para tomarte de la mano. Nadie espera realmente ser escuchado en una fiesta.

A las fiestas se va a estar solo.

Los treintademayos aprovecho que mi casa es muy grande y muy vacía para acompañarme de canciones y de chelas…por eso invito a 47 personas…para ver si quieren estar solos junto a mí.

(Además, Jube, siempre agradezco sus regalos, por pequeños que sean).

Advertisements

Regalo 2. Para Gabriel el que no me conoce

Marzo 2019.

Gabriel, ¿te acuerdas cuando no nos conocíamos?

Un día puse una lista de regalos en mi blog, hace ya años de eso, cuando todavía se usaba tener blog y dedicarle horas a comunicarse con extraños en la red y lanzar pinchis botellas al mar. Éramos ilusos, pensábamos que alguien, en algún lugar sería feliz con nuestras ocurrencias, pensábamos que nuestras reseñas de cine podrían modificar la forma de ver una película, que nuestras melancolías contadas en posts iban a hacer que alguien se sintiera menos solo.

Porque los dos pensábamos lo mismo pero nunca se nos ocurrió comentarlo, ni siquiera en aquella fiesta donde por fin te vi la cara y pensé, ‘pucha cuanto tiempo conociéndote sin hacerlo’ y que tu me viste y pensaste (sin querer, como se piensa todo) ‘pucha, pensé que era más alta, más bonita, menos torpe para hablar’.

Es raro todo en lo que coincidimos los blogueros de aquella generación.  Ahora ya a nadie se le ocurriría pensar en un blog libre, mucho menos gratuito. ¡La mera idea! Nos fíabamos del miasma de la red, pensamos que nunca nos agarrarían y hacíamos cosas tan simples, tan ingenuas y provocadoras como hablar de todo y sin pena.  Luego tú escribiste ese post que le tiraba, de refilón a ese cura hijoeputa que se había echado a no sé cuantos chamacos y no sé cuántas periodistas y que ya estaba postulándose como gobernador y entonces valió madres.

Ay Gabriel. Te dije que te quedaras en la crítica de películas, pero como yo no era ni tan bonita ni tan alta ni tan lúcida, bueno. No me hiciste caso.

Gabriel, vine a verte aquí al bote y te traje esta carta. Es curioso, pero hoy me acordé que estamos en el año de Blade Runner. ¿Te acuerdas que dijimos que iríamos a Los Ángeles en 2019? Todavía no sé si yo pueda ir. Me muero de ganas por sentarme frente al Million Dollar Hotel y cruzar la calle para ver en qué acabó el Bradbury Building. Dicen que ahora es el edificio de Internal Affairs del LAPD. Lo que son las cosas.

Espero que salgas pronto.

Tu cinéfila y muy conocida Ira.

Regalo 1. Para mi hermana Kita

Nunca he tenido un cuerpo espectacular pero albañiles, periodiqueros, trappers y anexas (y algunos fotógrafos, thank god) parecen opinar distinto.¡Tengo un pegue en la calle! Ahora ando bastante más destapada; es más, ahora he hecho del escote uno de esos sanos rituales de autocomplacencia.

Pero esto es febrero de 1993. Para taparme los complejos delanteros uso chamarrotas, blusones. Mucha falda larga y mucho pantalón pre-cargo (el cargo llegaría a México unos años más tarde). Es una de esas veces que bajé de peso. Seguramente estoy feliz o muuuy ocupada o las dos.

Tengo un trabajo de recepcionista del que luego me correrían porque (y cito) “estás sobre capacitada para el trabajo. Necesitamos a alguien que tenga menos aspiraciones”. Bueeee. Ahora hasta cuenta como un highlight curricular, pero en ese tiempo, que me corrieran me dejó con una mano adelante y otra atrás.

En fin. Tengo ese trabajo de recepcionista y traigo unos pantalones pre-cargo y he bajado de peso y no tengo para comprarme calzones, así que los viejos (muuuuuuuy viejos) están llenos de graciosos hoyuelos por donde se me sale la castidad y lo que es peor: tienen un resorte que vio tiempos mejores. Es decir, un resorte que aprieta para afuera…(Hombres, mirarse los calcetines…¿ya? Así mero)

Tengo ese trabajo y camino por la calle de Tlaxcala, cuando la Roma era todavía para oficinistas de medio pelo y no para exiliados mexicanos de la Condesa argentina, y camino por Tlaxcala cuando en la Roma no hay ni un alma y pienso “estos pinchis calzones se me vienen cayendo” y pienso “pinches calzones, que mal timing, tengo que cruzar la calle” y pienso “no hay ni un alma y aquí hay un arbolito y como que no quiere la cosa ya traigo las orejas de los chones en las rodillas y pucha, mejor ni me hubiera puesto”, así que volteo para todos lados y archi segura de que es la calle de Tlaxcala y no hay ni un alma meto los antebrazos enteros por dentro del pantalón hasta llegar a las rodillas y como no tengo las manos libres estoy a punto de caerme aunque por fin con un dedito siento la orejita del calzón y empiezo a dar saltitos para subirmelos y hacer una especie de nudo para que no se me caigan mientras cruzo la calle y allí estoy yo peléandome a muerte con mis antebrazos dentro de la pretina del pantalón, las orejas de los calzones, haciendo equilibrio, dando saltitos cuando…

“DÉJALOS QUE SE CAIGAN, MI REINA”.

Me grita un cabrón que ha visto todo el numerito desde su escondite en el asiento de una pick-up a medio metro de mi.

“O QUÉ, TE AYUDO?”

Ay imbécil, dije. Y seguí caminando con media orejita de calzón en la mano izquierda y mi bolsa en la otra.

Después se lo conté a mi hermana y se murió de risa. Me encanta hacer reír a mi hermana.

Por otro lado, este fue el día en que yo me dejé de pelear con lo que me gritaban en la calle y empecé a agradecerlo. Que me dicen ‘mamacita’, ‘nalgotas’, ‘preeesta’ (O ‘güera no te cierres la chamarra, si a leguas se ve que tienes unas chichotas’, por ejemplo), casi siempre respondo con una sonrisa.

Creo que es una gran cosa que digan cosas por la calle. Creo que es un forma limitada pero inofensiva de sublimar el pinche mundo hostil e hipersexuado en el que vivimos.

Y luego gritan verdaderos poemas. (Mi favorito es aquél clásico de “en esa cola si me formo”, pero en gustos se rompen géneros.

En fin.

All my Love, sis.

Regalos

Se da la moda de que los blogueros regalen algo en Navidad. Como siempre, vi burro y se me antojó burro.

En realidad se trata de un regalo para ud. que me hará feliz a mí, pero ¿no son así tooodas las mujeres con las que ha andado ud.? ¡Somos legión!

Con opción a tres modalidades (a riesgo de parecer megalómana o exhibicionista aunque algo haya de cierto en ambos apelativos) este es mi regalo:

-Si usted me conoce, recuérdeme un evento con en el que se acuerde de mí (o de nosotros) y yo mesma le haré un post inspiradísimo al respecto. Quién sabe, tal vez hasta un cuentecito. Aproveche ud. su comentario para deleitarnos a todos con su versión particular del mismo asunto. Verá que los visitantes de este blog leen con más entusiasmo  los comentarios que los posts.

-Si usted me conoce y quiere hacerme una pregunta indiscreta pero siempre temió que yo le arrancara la cabeza de una mordida, ahora es cuando.
-Si usted no me conoce, pos nomás póngase de morbosito, pregunte y le respondo con la verdá.

Todas las respuestas serán posts bonitos con foto ilustrativa, links y todo.  Es decir, aquí mismo recoge usté su gift.
Nomás quedan unos cuantos días para proponer su regalo, luego ‘se viene’ la Navidá y pa qué queremos.

Facebook vs. Blogger

Mi hermana me tira una oveja.
Rafa pide que me conteste una pregunta, siempre cerca del Noise.
Andrei no tiene sus tres palabras, pero ya las va a poner. En realidad tiene más de tres, pero le gusta decir que no.
El Felipe tira netas y novias.
Raquel pregunta si falso o verdadero.
Mauricio quiere que le diga una verdad en su face.
Betty me manda un tatuaje.
Rebeka pregunta por qué.
Hugo manda chelas.
Guillermo me guiña un ojo.
Kevin me llama bonita.
Rose me enseña fotos de la boda.
Alberto me invita a terminar su historia.
Noé insiste en que el teatro es una buena causa.
Erick me quiere mordisquear de vampirito.
Pablo quiere jugar piedra papel y tijera.
Alguien, uno que no conozco pero que me dio no sé qué negarle la autorización, vuelve a arreglar las letras de mi refrigerador virtual.

El Facebook me tiene muy entretenida.

…mientras tanto, el blog espera que le diga cosas y yo le digo, pero como ahora empiezo a hablar en Superpokes no me entiende.


El jueves fui a la presentación del libro Vilamatas Portátil en la Casa Refugio Pico de Orizaba.
Por tonta quizás o por ingenua, pienso que se trató de un asunto de vida o muerte: hablar de literatura. La presentación de un libro solía ser todo un evento y ahora, la mayoría de las veces, es una reunión valorativa: quién es quién y de qué lado masca la iguana.

Pero este, por alguna razón, parecía distinto. Aunque Christopher Domínguez hizo lo suyo cuando empezó su comentario con: “Yo fui la primera persona que leyó a Vila-Matas o al menos la primera que le hizo una crítica en México y adivino que en Latinoamérica”, lo que siguió fue una charla que se alejó de la ‘personalidad’ del escritor y habló, por fin, del libro. Cosa rara en este tipo de presentaciones, huelga decir.

Allí estaba Juan Villoro con su sonrisa del Colegio Alemán. Habló dos segundos conmigo. Le pude decir que lo admiro. Me hizo feliz.

Andrei y yo volvimos a dejar(nos) claro que el blog era un género único y difícil de domar.
Decíamos que aquél que abra un blog en 2008 tendrá muchos problemas para darle una posición y que aquél que lo mantenga limpito, interesante por una decada (con la condición de haberlo empezado hace por lo menos dos años) se convertirá en una especie de héroe. Hagan sus apuestas.

(Aquél a quien no lo haya atrapado antes un hijo, un matrimonio, un divorcio, una novela, un largometraje, un Alzheimer o el puritito síndrome del adulto contemporáneo).

Yo me imaginé un futuro cercano en el que hubiera un gran crítico de blogs, tipo Christopher de la republiquita de las letras mexicanas, pero del blogspot.

No puedo creer lo nerd que soy.

Ayer me encontré a Juan Carlos Reyna en el Tower Records. Lo saludé con mucho cariño, aunque sólo lo he visto una vez, 45 minutos.

Después de ver lo que sentí al ver a Rafa Saavedra y a chelear con Omar Pimienta empiezo a pensar Tijuana put a spell on me. No vayan allá o una parte del alma se les quedará en la línea irremediablemente.

Pinchi Tijuana. Me caes a toda madre.

Una huella

Nunca fumo mota. Me da sueño. Además no creo que una mente tan pacheca como la mía necesite ayuda.
Ejemplo:
Estaba escribiendo un texto para la nueva revista que estrenaremos en el equipo de viajes de esta editorial y como tengo una flojera inmensa, sólo se me ocurrió escribir de cómo siento.
Revelé un secreto para la hoja de Word y pensé dejarlo ahí hasta terminar el artículo, como un pequeño amuleto, pero de inmediato lo borré.
Ahora tengo una hoja en blanco que alguna vez contó un secreto. Me pregunto si las hojas de Word, como las viejas hojas bond a las que podías repasar con un lápiz, tienen memoria.
Si es así, mi secreto saldrá publicado (aunque invisible) en enero.
Ups.