Regalo 4. Para Ernesto con quien me sumergí (parte 2)

En eso, “El Jefe de Jefes”, de los Tigers empezó a sonar.

“Soy el Jefe de Jefes señores,
me respetan a todos niveles,
y mi nombre y mi fotografia,
nunca van a mirar en papeles,
porque a mi el periodista me quiere,
y si no mi amistad se la pierde.

Era una fiesta de Djs pero estos eran otros Djs y a mí empezó a parecerme que no estaba en una fiesta, sino en vórtex, una abertura en el agujero de Alicia donde yo empezaba a entender de qué se trataba tener la edad que tenía.

(En serio).

El Chucky, con todo y sus tenis de patineto y su estupendo lavadero en la panza –que yo no podía explicarme con todas las palomitas y alcohol que nos metíamos–, me sacó a bailar.

A jijo, dije.

!Véngase mi reina! Y me dio vueltas como si mi cuerpecito fuera de trapo, me dio vueltas con la risa que sólo podía provocarme el gran Chuck, hasta que se encontró a la chava con la que quería coger (ya dijimos la edad que teníamos) así que ahí en el centro de la fiesta me quedé con todos pero con nadie, porque ya dijimos, ellos eran los amigos del hermano.

En eso, el hermano se me acercó y repitió lo de las Martens y yo, que moría de miedo, dije alguna idiotez que no me acuerdo, pero sirvió para que nos quedáramos platicando un par de minutos.

Rarísimo estar allí con Ernesto.

Si no mal recuerdo fue en eso cuando ambos reparamos en la geografía de la casa. Nos encontrábamos en un recinto clasemediero del sur de la ciudad, por allá por Cerro del Agua; una privada o algo así, si el Alzheimer me lo permite.

La cosa es que la privada tenía una alberca en medio y nosotros nos encontrábamos en una terraza-salón-de-fiestas desde la que se podían tomar las escaleras hacia el siguiente piso, donde estaba el agua prometida. La civilización quiso que esos arquitectos pensaran “mira qué lindo, ¿por qué no ponemos un par de ventanales para que los de esta terraza puedan ver lo que hacen en la piscina?” y ahí estábamos nosotros, en el lugar donde todo se permite, (esto es, casa ajena) hablando de botas (o de música, tal vez) y por primera vez semi conscientes de que un momento así no se repetiría jamás.

Nunca íbamos a ser más jóvenes ni más hermosos ni a traer las mismas botas ni el mismo número de chelas encima. O no juntos, esto es. Tampoco íbamos a estar mucho tiempo frente a un ventanal que diera a una piscina en medio de la noche mientras sonaban los Tigres del Norte.

Así que Ernesto y yo nos tomamos de la mano, pusimos la primera bota en el cancel de la ventana y cerramos los ojos… no sé quién le dio el último jalón a quién para dar el salto; lo último que recuerdo es la mata larga de Ernesto volando frente a mí y luego los minutos sordos…

El agua estaba helada y la altura desde la que nos echamos nos hizo, al menos a mí, tocar el fondo de la piscina. Esto no habría sido ningún problema si yo no hubiera traído, qué sé yo, al menos 3 caguamas encima y por supuesto, mis botas. El ya mencionado casquillo, que representaba una característica inigualable a la hora de los madrazos en el slam (soy pequeña y solía metereme al mero pit, así que necesitaba un arma), era más que una desventaja dentro del agua.

Tardé un tiempo que para mis pulmones parecieron horas en ‘nadar’, con esos casquillotes más grandes que yo, de regreso a la superficie. Salí tosiendo, temblando, asustada de esos talvezes que uno se pregunta cuando acaba de brotar de cierto peligro medido: ¿y si no hubiera podido?

También salí completamente extasiada.

A eso llamé durante buena parte de mi vida, un momento de felicidad en estado puro.

(Luego leí The Killing Joke y la zambullida en un río de deshechos químicos para salir quién sabe cómo tuvo una importancia extraordinaria en mi vida, pero esa es otra historia).

Lo que decía del paso del tiempo y lo de la sopa de verduras en la mano en lugar de una chela cobra sentido aquí. No me siento vieja, no importa si a otros les parece lo contrario. Lo que ya no estoy tan segura es si volvería a aventarme de un piso, a través de una ventana, borrachísima, a una piscina que no conozco, en casa ajena y ataviada de casquillos en la punta de las botas (y ahora que recuerdo, yo usaba minifalda con esas botas, tampoco sé si volvería a ‘cometer’ esa combinación).

Si lo puedo contar, es porque, felizmente, ese tiempo ya pasó. Me tomó sólo unos segundos sumergirme en esa agua helada y fantástica que algunos llaman postadolescencia desaforada y década y media decidir que salía de allí.

Hubo un rato, tres años para ser exactos, en que sentí claramente cómo las botas me estaban asfixiando.

Y luego, apenas hace un año, decidí regresar a la superficie, secarme y ponerme a ser.

Ese día Ernesto dejó de ser ‘el hermano’ de nadie, para ser sólo Ernesto, el que me tomó de la mano para sumergirnos (a quien nunca dejaré de agradecerle el gesto). La gran cosa es que, con su fuerza, Ernesto nadó un poco más rápido que yo y ahora es un tipo con una mente privilegiada, admirado por muchos. Qué fortuna habernos sumergido juntos.

(Aunque siempre, aún antes de que tuviera un blog y un doctorado y traducciones y poemas y tantas cosas lindas, siempre fue admirado por mí).

***

Aquí un epílogo:

Somos estupendos los mexicanos. No sé si esta historia terminaría igual en otra parte del mundo. Lo único que se nos ocurrió después de tremendo chapuzón, 4 o 5 de la mañana, post peda, un frío de perros, mojados y escurriendo hasta la cola, fue irnos a comer, why not, unos tacos de bisté bien picosos allá en el Copacabana de la hermana República de Villa Coapa.

¡Qué tacos!

6 thoughts on “Regalo 4. Para Ernesto con quien me sumergí (parte 2)

  1. Pingback: The Piscine of Memory « ,Never Neutral,

  2. Hola, yo no espero un regalo de tu parte, solo con los recuerdos que tengo de tantas y tantas pedas me conformo, te recuerdo algunas, casa de paty la rata ex de el rata chelas y comida hasta quedar tirado en el suelo o en la cama y vomitar todo, playa del carmen con julio o july q.e.p.d. nadando en una alberca en la noche en puros calzones ja ja ja nunca lo podre olvidar solo espero que el proximo 30 de mayo me vuelvas a invitar a tocar en tu cumple sin importar los pedos que pueda tener con tu cuñis, pondria todas las rolas que estan en tu mente o que ya te olvidaste del que tambien era cuate del chuck y del ernesto? que tengas un año bien chido y no dejes de estar en contacto aunque dante tu novio se enoje just a perfect day!!!!!!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s