Regalo 5. Para Andrei, un gran copiloto

Primero tuve un Golf. Siempre quise coger en el asiento delantero pero nunca se pudo. No sé si era exceso de diseño en un deportivo rojo del año 91 o falta de un novio intrépido.

(Muchos hombres que conozco sufren del síndrome de la ‘noviecita’: salir del escenario-cama con la mujer que consideran probable madre de sus hijos les supone un issue).

Luego vino el Tsuru. Uf. Ese auto pudo haberme chantajeado. Yo nada más pedía ‘por favor, que los coches no hablen nunca’.
Allí sí ocurrió lo que deseaba en el Golf, con creces.

El cochecito japonés me vio despedirme de un güero entrañable con el que duré 5 años y de otro chino no tan entrañable con el que duré 3.

Por el modo en que se bajaron de mi coche supe que nunca más los volvería a ver.

En el 2001 vino el Pointer sin dirección hidráulica que saqué de la agencia para presentarme a una notaría. Mi amigo Paulo, el primer copiloto de ese Pointer, no podía subirse sin recordar cuando le había quitado los plásticos.

En la notaría estábamos todos, incluyendo el que después sería mi alcohólico favorito por un tiempo. Íbamos a registrar el nombre de una asociación de guionistas, El Garfio, una organización a la que ya no pertenezco y ahora hasta premios da.

Luego me inscribí en Sogem y mi Pointer todavía no tenía un patinón de mosca cuando una despechada celosa compañera de banca le puso un rayón con saña.

Hija del mal.

Tenía razón en enojarse: efectivamente me estaba besuqueando con quien ella quería casarse.

Hija del mal.

Un día nos hicieron una fiesta de bienvenida los de la generación anterior. Desde que vi entrar a Andrei (parece choro de película de Hanna Montana, pero a veces la vida no es más que una película de Hanna Montana) supe que íbamos a ser amigos.

Vaya usté a saber.

Andrei es la única persona que nunca se asusta cuando freno. Tiene esa extraña disposición a morir ríendo.

Siempre se sopla mis traumas mientras doy vueltas prohibidas, me paso los altos, rebaso en la mitad de la noche. (Yo me soplo los suyos casi siempre en la puerta de su casa, en doble fila)

Aún no lo veo este año, pero cuando regrese de su natal Oaxaca nos iremos de fiesta y Andrei se volverá a subir de copiloto risueño a mi coche. Esta vez, se llevará una sorpresa: el panel de control es de otro color, el tablero no está roto de un puñetazo, las vestiduras no tienen hoyos de cigarro y la dirección gira como hecha de mantequilla.

Espero que no me juzgue una ‘ñora’ completa por el tamaño de la cajuela.

No lo pude evitar.

One thought on “Regalo 5. Para Andrei, un gran copiloto

  1. Ah caracho, no me había dado cuenta que eras mala frenando. Lo de la cajuela, igual que el amplio asiento trasero, depende de la utilidad que le des. Ya ahorita me acordé de una vez que nos dieron un golpe en una entrada de churubusco. Ese día aprendí un par de cosas.

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