El pinche público

Si no lo digo reviento: el público mexicano apesta.

No apesta más que el gringo, por ejemplo, que en las películas de acción de plano aplaude con cada muerto, ni apesta más que el francés mamila para quien la alegría de vivir se ha terminado: durante mi recorrido en El Prado a un niño francés de cinco años se le pedía ‘reflexionar en silencio’ sobre lo que quería decir el cuadro y luego, saliendo, ‘discutirlo con el padre’.

No mamen. Qué lanón en psicoanálisis del pobre escuincle.

Ok, todos apestamos. Pero el mexicano, puta… me hiere.

Nada pior que asistir a una película en el FICCO. ¿Quién puta madres les dijo que para demostrar inteligencia había que reír como en la feria?

Ahí está por ejemplo, el idiota que tocó la batería en sus piernas todo el concierto de los Tiger Lillies o el pendejo en The Police que, en plena “Every little thing she does is magic” se le acercó a su cuate, le dio una palmadita en el hombro y le dijo: “Y cuéntame carnal, ¿cómo has estado?

Aaaagh.

Ahora voy a hablar de algo que no conozco y no he escuchado con detenimiento, pero justo creo que tiene valor porque aún no me seduce: Amy Winehouse.

Muy buena voz, muy buen marketing de la ‘neomala’-neoscura-neopunk-neowasted. Pero no es para tanto, creo. Ahora resulta que es la nueva no sé qué.

Supongamos que efectivamente, es el nuevo pan caído de cielo. ¿Es necesario hincarse de esa forma ante nadie? Chaaaaale.

Es chamba del artista ser encantador de serpientes.

Es chamba del público detenerse a disfrutar sin tomarse todo tan en serio.

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Aquí hay lugar para ti

SSssss. Cómo me gustan los hombres chingado.

No sólo son lindísimos pa echárselos al plato. Hablo de otra cosa. Hablo de una especie de timidez inherente que me vuelve loca.

La tiene mi novio, la tiene mi Jack (mi sobrino), la tenía mi papá.

Está presente en el más pintado, en el más ‘desenvuelto’ (pinchi palabra fea); a ese que le arrastran los colmillos y que siempre tiene un chiste para salvar el momento. También ese tipo de hombre se traba cuando tiene un gesto de innecesaria galantería hacia una mujer.

Ayer llegó un fotógrafo a la oficina con el que realicé un viaje en octubre. Nos caemos bien (supongo que es mutuo) pero no nos pasamos 5-días-8-horas-diarias juntos por motu propio, íbamos de trabajo y seguramente él pensó lo mismo que yo: ojalá algún día pueda regresar con mi novio(a) y darle un besito simplón justo en este lugar.

Lo que pasa es que cuando se viaja con alguien hay que aguantarle sus malos ratos, sus olores, sus cambios de horario, sus hambres, sus momentos de silencio.

Y luego sales del auto y se te olvida que es trabajo y entonces sale el sol por detrás de unos olivos (o whatever) y gritas: ¡Mira tú, ahí está dios!

El otro se ríe y dice, “si, ahí está dios, salió a saludarnos” y tú le haces una broma, como si no fueran de trabajo y le propones invitar a dios al coche porque, pues sólo son dos y el auto es grande y dios cabe perfecto en el asiento trasero, así que los dos empiezan a jugar y le hacen proposiciones indecorosas a dios y le dicen que “nuestro road trip está buenísimo, que todavía nos falta visitar las Cuevas de Altamira y ps, si no tienes nada mejor que hacer, pus vente dios, maneja con nosotros que acá está bien bonito”.

En eso, el furor religioso empieza a pasar y otra vez van de trabajo y todo fueron un par de risas y ya.

Pero sucede que dios te toma la palabra y se va con ustedes.

(Se baja, por supuesto, en una gasolinera más adelante porque lo matan de güeva, pero se sube al coche)

On a summer day, you can hear her call

But in a funny way she reminds you of the fall

Así que tú piensas que ese lugar (donde además se te ocurrió el cuento del güey que se rompe la pata) no tuvo tanta importancia, pero regresas y te das cuenta, por la forma callada y tímida con la que tu cuate el fotógrafo abre ese archivo que dice “regarlar a Ira” y lo dropea en tu compu, que sí, que efectivamente ahí estuvo dios un ratito y les regaló el sol que salía detrás de los olivos y un cuento que todavía no puedes sentarte a escribir de un güey que se rompía la pata y…una fotografía estupenda que no sabes si puedes reproducir aquí.

En un mundoooo

Ya sé que es fusil de un promo de radio, pero a veces me gustaría que mis artículos periodísticos fueran como tráiler de película de acción.

Empezarían algo así: “En un muuuundooooo en el que todo olíiiiaa a peligroooooo, surgeeeeeee… el road trip por la Costa Braaaavvaaa / Verán a Dalí caminar junto a Lorca por una de las tramas más enchalecadas de la historia del periodisssmoooooooo mexicanooooo”.

Cuando pueda me mando a hacer un sticker para el auto que diga: “Preferiría estar haciendo películas, pero esto es para todo lo que me alcanza”.

Más de uno me tocaría el claxon en señal de empatía.

(Ah, por si alguien pasa por algún Sangrons –qué passé estamos los que le decimos ‘Sangrons’ al Sangrons–lea usted, si encuentra paciencia suficiente, los artículos de portada de enero y febrero de la revista Travel + Leisure, son  de your servilliete).

Quiero un golem

Extraño ser poeta. Ahora que mandaron una convocatoria para bloggers-poetas se me metió una basurita en el ánimo.

Cuando tenía 15 años escribía poesía horrible que me hacía sentir la muy mala, la muy subversiva. Como que tenía en mis manos un secreto o un golem de tierra diminuto que jugaba solo conmigo.

Entonces leo que hay eclipse de luna. Los periódicos madrileños explican que será visible desde América (también) y me dan ganas de ser poeta-blogger, poeta mala malísima, para lanzar mi golem hasta mi casa y estar allí y ver la luna con la gente que quiero.

Estar en mi casa un segundo, ver cosas con ellos y luego regresar a este café internet aquí en el barrio de Chueca, donde puedo extrañar mi casa a gusto.

***

Pues claro que me importa. He notado que mi blog se empieza a volver aburridísimo.

Y aquí en Chueca me acabo de dar cuenta por qué: estoy dejando entrar esa oficina en mi imaginación. Chueca es el barrio gay de Madrid y algo tienen los gays (dolor enterradito debajo de todo ese oropel barato) que me conmueve profundamente.

El paralelismo entre el baile espontáneo de los veracruzanos en Tlacotalpan y los cantaores de esquina en la frontera de Chueca y Lavapiés me devolvió algo que había querido poner a dormir.

*** 

O quizás haya sido Goya, el dios Goya y este perrito que se hunde en la arena indefenso. O que no está indefenso, pero que mira hacia el cielo (un eclipse de luna o a su amo que pa’l caso es lo mismo) como sabiendo que va a morir y que está solo y que no hay ni habrá nunca nadie en ese cuadro.

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Hostal

No ví la película, me la contaron.

Aquí en Madrid todo es un poco lúgubre, particularmente los hostales. El tipo de la recepción me abrió la puerta de un privado, en un quinto piso y me llamó al mostrador. Muy amable. Demasiado.

Pensó largo rato qué habitación me tocaría. Norman Bates anyone? Luego llenó una hoja bond recortada que tenía códigos incomprensibles, números pares y nones en columnas con un órden que no pude descifrar.

Levantaba la cara para verme sin aguantarme la mirada. Daba dos parpadeos y seguía buscando un número apropiado. Al fin apuntó su pluma Bic hacia el 507 y junto a él dibujó un circulo con una ‘V’ invertida que hizo aparecer una pequeña ‘persona’ en la columna derecha. Rellenó el circulito de forma exasperante, como se rellena una forma para Hacienda o un examen para el que no estudiamos.

Vi más circulos como personas, algunas tachadas con rojo.

Sacaba un poco la lengua mientras repasaba sus trazos, aunque no del tipo ‘saco la lengua como muñequito de Quino’, sino como pelonete de manicomio en un película de Milos Forman.

Cuando por fin me dio la llave, estuve a punto de salir corriendo.

Tengo que dejar de ir al cine tan seguido.

Celebrating (pochito post) *tres toros tres*

A veces me gusta ser yo. Me gustan mis cuates. I like them, pues, de que me caen bien, no de que me gustan-me-excitan, aunque igual uno que otro quien sabe… Una se reconoce cuerpo, cómo madres no.

(No me gustan todos todo el tiempo, vamos. También conozco gente a la que adoro pero que tiene una postura -política- ante la vida que me parece irreflexiva y simplona…¿No les caga darse cuenta que tienen un amigo tan conservador que ni siquiera se percata de ello? ¿Qué pedo con la conversión a buenas conciencias que nos ha dado últimamente? ¿A qué horas los 30 y something nos pegaron de a gacho? Y lo digo por tres amigos, no sólo por el que están pensando.)

***

1.

Decía que mis amigos me caen re bien porque hacen cosas super ultra hi fi plus con tres monedas y una cuerda.

Por ejemplo este, que de unas pinchis fotitos que yo postié en la semana (que realmente ni estaban tan chics) él encontró algo bellísimo:

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Se llama Ernesto y ya tiene una recámara con dos cajones para calcetines y calzones en mi blog/corazón. Tienen que seguir su bló, porque trae varias de estas joyitas gráficas, aunque inspiradas en otras imágenes. Dice que las ‘roba’, pero creo que las re-crea.

Ay si, tú. Muy pinchi semiótica.  

(Bueno, me tiene conmovida, qué quieren.)

***

2.

Otro de mis cuates se llama Benjamín Torres Towers y con él tengo historias viejas y privadas. TOP SECRET.

Otro día las cuento, hoy no puedo porque me encuentro ‘trabajando’ en una sala de prensa en Madrid, España (cubriendo la feria de arte ARCO ¿no les dije?). No me da tiempo.

La neta iba a decir ‘la madre patria’ pero me re-caga la gente que usa este término para referirse a España. ¿Madre de quién? ¡No mamen!

La onda es que jooooo, como dicen estos vatos, el Benja la hizo bien y es uno de los pocos artistas mexicanos que este año se pudieron colar en ARCO.

Es la neta el pinche chaparro. Buen artista, pero además re listillo para eso de la conceptualización de sus obras.

Total, que cuando yo anduve con Benjamín (no que no les contabas güey) hace 10 años, el chaparrillo apenas empezaba. Era un artista ‘en ciernes’. Es decir, tenía grandes problemas de credibilidad, sobre todo donde el artista suele tener grandes problemas de credibilidad: en su propia casa.

A su papá, por ejemplo, le parecía que estaba usando su cuarto para producir, y cito chale, cómo me caga la gente que dice “y cito”: “basura incomprensible”. Un día le dijo que nunca iba a poder vivir de eso y que lo que hacía ni siquiera podía considerarse arte. “¿Por qué no pintas un cuadro, como la gente normal?”, le espetó.

Total (ahora si, total) que yo aguantaba vara con mi chaparrito, no porque yo fuera la gran visionaria y supiera nada de arte, sino porque pensaba que esa basura incomprensible era lo único que lo hacía realmente feliz. Me acuerdo que le dije: “Tú síguele, chingá. Igual somos teachers pobres el resto de nuestras vidas, pero ¿estás dispuesto a no volver a pensar en arte, estás dispuesto a convertirte en espectador?” Nel.

Yo tampoco, le dije.

Me caga ser extra de mi propia vida.

Así que aquí estamos (10 años después de que Benjamín se negó a pintar un óleo o una acuarela, ‘como la  gente decente’ ) juntos en Madrid por azares del pinchurriento destino que a veces se porta lindo conmigo.

Juntos haciendo lo que teníamos que hacer: mandar al diablo a quienes les pareciera incomprensible.

Acá algunas fotos de su obra (que luego comentaré con más calmilla):

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3. 

Yet another one I like very much-a es el Témoris. Es un periodista fantástico, de esos que todavía creen en el oficio (no como yo, que me caga el periodismo m’anque viva de’l).

Este travelling journalist llegó hace unos meses de un viaje de dos largos años por el continente más pobre del mundo (me cagan los eufemismos).

En una de esas ni la cuenta: casi se nos muere de una infección de hígado en Tanzania. In the middle of fucking nowhere, pa que nos hacemos mensos. 

Algo tiene que hacer todavía acá, porque después de estar internado unas semanas en el middle of lo que les digo, regresó.

Ahora tiene un blog personal, con mucho texto y muchas fotos de sus viajes. Se llama temorisblog en wordpress, ahí ta.

Tlacotalpan

Nunca había ido. Es bien bonito el pueblo, pues’n.

La bamba callejera de 15 minutos con jaraneros de 15 a 80 años estuvo bien. Todo es espontáneo, nadie en Tlacotalpan está jodiendo con que ‘deberíamos respetar nuestras tradiciones’. Más bien las viven y ya.
Les da orgullo zapatear, les da orgullo lanzar décimas.

(José Emilio Pacheco debe estar muy contento por el fenómeno de poesía viva en esa parte de Veracruz. En su ensayo Ovidio en el iPod, demuestra por qué a él se le admira de forma cotidiana, sin grandes altares. Se le admira como se admira a un tío fantástico, no al padre omnipresente y amenazador. Se le admira porque nunca se ha declarado muerto en vida).

En fin. Aquí algunas fotos de mi reciente estancia en Tlaco, un pueblo excepcional (y excepcionalmente borracho, como yo) a orillas del Papaloapan.

Los perros callejeros, mi nueva obsesión:
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La barra del “Lobo Hombo, bar ambulante”.
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El joven hippie, un día después de su lobohombada.
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La muchacha de la jarana mágica zapateando.
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Quiobo

Tengo pegada la palabra quihubo, pero creo que suena mejor quiobo. Más guarra.
Igual me caga porque un colombiano que conozco siempre saluda así y me caga el colombiano.

Quihubo es más chilanguita, pero más, no sé, ‘pidiendo perdón’.

Queobo es de plano para la peda, para cuando llega el güey ese que hace años que no ves a la mesa.

Queeoobo, debí haberle dicho a Monsiváis ese día que salí a beber con Andrei. Fue una noche de puros encuentros.

Primero el buen Monsi en la Casa Refugio, me veía con cara de ‘esta me quiere pedir autógrafo, yo mejor me escondo’ o igual, en mi pinchi veleidad pensé que me veía con cara de ‘esta pinchi vieja me ha entrevistado, casi se me hinca cuando fue a mi casa y ahora ni me saluda. Chuma pues’.

Antes de Monsiváis, mientras esperaba al Atreyu, se me ocurrió pasar debajo del edificio de la revista Picnic. Gerardo Montiel Klint, otra indie-celebrity de la Ciudad, salió a mi paso. Queubasss. Me encantó tu libro, a mí el tuyo. Ah bueno. (Éste me confunde). Y el colmo de la mala suerte: yo traía puesto el mismo pinche saquito color fucccsia que no me pude quitar (parece mentira, pero depués de tanto viaje todavía se me cuatrapean las patas al hacer la maleta) cuando fui con los Klint a Tijuana.
Hasta salgo en una de las fotos publicadas en la revista, allá, en el fondo, con el saquito fiusha.

El Klint me comió viva. Me agarra de las mangas y me dice, ‘y este saquito, ¿es nuevo?’

Luego, con todo y saquito el Andrei, que se veía re bien, me dijo que me veía re bien con el saquito.

Quihobo.

***

Nomás faltó, para que la eterna noche fuera perfecta, que a su servilleta no se le pasaran las Montejo y no acabara espetando a Don Hector de Mauleón, cultísima figura ciudadana de la República de las Letras, director del suplemento cultural del Uni, en el que por cierto, siempre he querido colaborar.

Pinches Montejo sueltalenguas.

Que si yo soy aquél, que si el Uni es una porquería, que si tu cuento en el libro Todo sobre mi madre, ¿cuál cuento? ¡Claro que sabía cuál cuento! Casi me hace chillar el cabrón, pero con las Montejo se me hizo que era mejor fingir que no lo conocía.

Quioobo ¿malacopeando otra vez?