Veinte

El flamenco y el son jarocho vienen del mismo animal.

Nomás eso.

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Hostal

No ví la película, me la contaron.

Aquí en Madrid todo es un poco lúgubre, particularmente los hostales. El tipo de la recepción me abrió la puerta de un privado, en un quinto piso y me llamó al mostrador. Muy amable. Demasiado.

Pensó largo rato qué habitación me tocaría. Norman Bates anyone? Luego llenó una hoja bond recortada que tenía códigos incomprensibles, números pares y nones en columnas con un órden que no pude descifrar.

Levantaba la cara para verme sin aguantarme la mirada. Daba dos parpadeos y seguía buscando un número apropiado. Al fin apuntó su pluma Bic hacia el 507 y junto a él dibujó un circulo con una ‘V’ invertida que hizo aparecer una pequeña ‘persona’ en la columna derecha. Rellenó el circulito de forma exasperante, como se rellena una forma para Hacienda o un examen para el que no estudiamos.

Vi más circulos como personas, algunas tachadas con rojo.

Sacaba un poco la lengua mientras repasaba sus trazos, aunque no del tipo ‘saco la lengua como muñequito de Quino’, sino como pelonete de manicomio en un película de Milos Forman.

Cuando por fin me dio la llave, estuve a punto de salir corriendo.

Tengo que dejar de ir al cine tan seguido.