Aquí hay lugar para ti

SSssss. Cómo me gustan los hombres chingado.

No sólo son lindísimos pa echárselos al plato. Hablo de otra cosa. Hablo de una especie de timidez inherente que me vuelve loca.

La tiene mi novio, la tiene mi Jack (mi sobrino), la tenía mi papá.

Está presente en el más pintado, en el más ‘desenvuelto’ (pinchi palabra fea); a ese que le arrastran los colmillos y que siempre tiene un chiste para salvar el momento. También ese tipo de hombre se traba cuando tiene un gesto de innecesaria galantería hacia una mujer.

Ayer llegó un fotógrafo a la oficina con el que realicé un viaje en octubre. Nos caemos bien (supongo que es mutuo) pero no nos pasamos 5-días-8-horas-diarias juntos por motu propio, íbamos de trabajo y seguramente él pensó lo mismo que yo: ojalá algún día pueda regresar con mi novio(a) y darle un besito simplón justo en este lugar.

Lo que pasa es que cuando se viaja con alguien hay que aguantarle sus malos ratos, sus olores, sus cambios de horario, sus hambres, sus momentos de silencio.

Y luego sales del auto y se te olvida que es trabajo y entonces sale el sol por detrás de unos olivos (o whatever) y gritas: ¡Mira tú, ahí está dios!

El otro se ríe y dice, “si, ahí está dios, salió a saludarnos” y tú le haces una broma, como si no fueran de trabajo y le propones invitar a dios al coche porque, pues sólo son dos y el auto es grande y dios cabe perfecto en el asiento trasero, así que los dos empiezan a jugar y le hacen proposiciones indecorosas a dios y le dicen que “nuestro road trip está buenísimo, que todavía nos falta visitar las Cuevas de Altamira y ps, si no tienes nada mejor que hacer, pus vente dios, maneja con nosotros que acá está bien bonito”.

En eso, el furor religioso empieza a pasar y otra vez van de trabajo y todo fueron un par de risas y ya.

Pero sucede que dios te toma la palabra y se va con ustedes.

(Se baja, por supuesto, en una gasolinera más adelante porque lo matan de güeva, pero se sube al coche)

On a summer day, you can hear her call

But in a funny way she reminds you of the fall

Así que tú piensas que ese lugar (donde además se te ocurrió el cuento del güey que se rompe la pata) no tuvo tanta importancia, pero regresas y te das cuenta, por la forma callada y tímida con la que tu cuate el fotógrafo abre ese archivo que dice “regarlar a Ira” y lo dropea en tu compu, que sí, que efectivamente ahí estuvo dios un ratito y les regaló el sol que salía detrás de los olivos y un cuento que todavía no puedes sentarte a escribir de un güey que se rompía la pata y…una fotografía estupenda que no sabes si puedes reproducir aquí.

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